APORTACIONES HISTÓRICAS, FESTIVIDAD DE LOS SANTOS MÁRTIRES Y SAN PABLO EN TRUJILLO

En el siglo XVI adquirió importancia en Trujillo el culto a los Santos Mártires San Hermógenes y San Donato. En una de las capillas laterales del muro de la epístola se encuentra la capilla de los Santos Mártires, San Hermógenes y San Donato[1].  Encontramos referencias a ellos en la obra la España Sagrada del padre Enrique Flórez, el cual específica literalmente “que son santos atribuidos a Trujillo. En el año 1431 empezó a ser ciudad por concesión del rey don Juan el segundo; y queriendo también honrar la el autor de los falsos cronicones, que no la había dado nada en los primeros escritos, resarció bien la omisión en el último, donde la concedió veinte y cuatro mártires de un golpe, pues el adversario 307 de Julián Pérez dijo que San Hermógenes, Donato y otros veintidós mártires fueron naturales de Trogilio (Trujillo) y que allí empezaron a padecer, consumando luego su martirio en Mérida”[2].

El obispado de Plasencia (al que pertenece Trujillo) celebró a estos santos como propios, señalando el día 12 diciembre en que se leen sus nombres en el Martirologio[3], según consta por un edicto firmado por el Obispo de Plasencia don Diego de Arce el 12 junio 1651. Previamente, encontramos referencias a la capilla de los santos mártires en la iglesia de San Martín, en el testamento de Mencía Gil fechado el 23 enero de 1566, en el cual específica que se la entierre en la capilla de los Santos Mártires y que asista a su entierro la Cofradía de los Santos Mártires de la cual es hermana.

Existen otros Martiriológicos que indican que estos santos mártires pudieran haber muerto en Mérida, mientras que otros los excluyen de Mérida, siendo el más antiguo de ellos el Georminiano Epternaccense[4].

Hemos de insistir que los mártires San Hermógenes y San Donato, no fueron trujillanos, ni siquiera españoles, ni fueron martirizados en Mérida ni en Trujillo, a pesar de ello recibieron culto y gran devoción entre los ciudadanos de Trujillo.

También, la festividad a San Pablo, nos remite a la conquista definitiva de Trujillo en el año 1233. El gran avance cristiano en el proceso reconquistador extremeño tuvo lugar en el siglo XIII a partir de las Navas de Tolosa (1212). La concordia entre castellanos y leoneses ayudo para que Alfonso IX conquistara Alcántara  en 1217 y Cáceres en 1229. La Orden de Santiago esperaba que se la cediesen considerando que había sido su origen pero esto no formaba parte de decisiones regias. Al año siguiente continuo el avance se conquista Montánchez, Badajoz y Mérida y se le entregó la primera de estas villas.

La conquista definitiva se dio en tiempos de Fernando III el 25 de enero de 1233, y en ella participaron las Órdenes militares de Alcántara, Santiago, el Temple y el obispo de Plasencia, Don Domingo. Por tanto, tuvo lugar el día de la festividad de San Pablo[5]. Los cristianos construyeron una ermita en su honor en el Patio-Albacar del Castillo. A pesar de haber sido construida la ermita al finalizar la reconquista y restaurada en el siglo XVI, las primeras referencias documentales las encontramos en el siglo XVII, concretamente en el año 1608, cuando se llevan a cabo nuevas reformas arquitectónicas en la misma, encargadas por Jerónimo de Loaisa[6], obras de reparación que estaban finalizadas en 1618, según consta en un documento de la “Comisión de Fiestas de San Pablo[7].

Junto a las Ordenes Militares que participaron en la reconquista, también destacaron caballeros de tres linajes que en siglos posteriores, van a protagonizar la historia local trujillana: son los Altamiranos, los Bejaranos y Añasco. Entre ellos destaco de forma singular Fernán Ruiz de Altamirano que logro abrir una de las puertas de la ciudad y facilitar la entrada de las tropas cristianas al recinto amurallado y así poder tomar la fortaleza. Según nos cuenta la tradición desde el siglo XVI esta puerta se llamó en conmemoración de este  acontecimiento: Puerta del Triunfo. En ella se colocaron los escudos de los tres linajes, junto a una hornacina, donde se coloco una imagen de la Virgen de la Victoria. Según una venerable leyenda, el día de la conquista se produjo un milagro después de la invocación a la Virgen para que les socorriera en esta batalla, apareció un resplandor en la muralla y contemplaron una visión celestial, poco después Fernán Ruiz abrió la puerta que les facilito la entrada.

La leyenda motivo el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre un muro, en medio de dos torreones, y la creación en el siglo XVI de una capilla en la fortaleza en el acceso principal en la parte que mira a la población.

Una vez conquistada Trujillo los ejércitos cristianos corren hasta llegar a los márgenes del Guadiana. En 1234, conquistaron Santa Cruz, Medellín y en febrero de 1235, Magacela.

En el Castillo, en el patio denominado de San Pablo o Albacar, se ubicó una ermita en memoria del Santo Apóstol Pablo, por haberse producido el  día de su conversión, el 25 enero, la reconquista definitiva de Trujillo arrebatado a los árabes por los cristianos.

En conmemoración de la toma de Granada, los Reyes Católicos ordenaron que se reconstruyera la Puerta del Triunfo de Trujillo y se pusiera sobre el muro exterior del arco su escudo de armas. En la hornacina existía una imagen de la Virgen, que las tropas que reconquistaron la villa en 1232, habían situado en este bello pórtico de poniente.

A este lugar, después de la misa mayor, que se celebraba en la cercana iglesia parroquial el día de Nuestra Señora de Agosto, y en la conmemoración de la toma de Trujillo, en el día de la festividad de San Pablo, el Concejo y el Clero se trasladaba en solemne procesión al Arco del Triunfo, donde se cantaba una Salve con su antífona y oración. Por la tarde se celebraban los festejos populares de cañas y toros, en la plazuela de Santa María, y posteriormente, se trasladaron a la actual Plaza Mayor.

El primer testimonio documental que recogemos de estos festejos taurinos lo encontramos en el acta de la sesión celebrada por el Ayuntamiento, el día 5 de agosto de 1499, en dicho año los ciudadanos piden que manden dar los toros para el día de Santa María. El Concejo toma el acuerdo de no aceptar esta propuesta. Pero, el hecho de encontrarnos con datos sobre festejos populares en estas fechas finales del Medioevo, no quiere decir que no hubieran existido anteriormente pues la tradición y la historia atestiguan que las que las fiestas religiosas de la Virgen de la Victoria y las corridas de toros están íntimamente ligadas a través de los siglos.

Las fiestas más extraordinarias fueron las celebradas en 1519 con motivo de haber sido elegido Carlos I, el 28 de junio de dicho año, Emperador de Alemania.

En 1531, se construye la capilla del Castillo y en ella se coloca la nueva imagen de la Virgen. Ya se hace referencias en los documentos municipales a celebrar la fiesta de Santa María de la Victoria. Los cultos consistieron en vísperas solemnes, misa diaconada con Sermón en la parroquia de Santa María la Mayor, procesión a la ermita del Castillo con el Concejo, llevando el pendón y una imagen de la Virgen. Esta procesión se celebraba por la tarde a causa del calor, motivo por el que los juegos de cañas se celebraban otro día.

 



[1] Tres censos que gravan a una tenería y tahona de Trujillo. El primero a favor de Alonso Galán y el segundo a los herederos de Juan Escobar y el tercero a la Cofradía de los Santos Mártires Hermógenes y Donato. 4 folios. Archivo Municipal de Trujillo, 2-1-339-1. año 1702.

 

[2] FLOREZ, E: La España Sagrada, tomo XIII, p. 120, Madrid, 1756.

[3] Tomo III, pág. 460.

[4] “Idus Decembris. In Spanis Civitate Emérita natalis Eulaliae, et in alio loco Ermogenis, Donatis et aliorum XXII”. TENA FERNANDEZ, J, op. Cit, p. 316.  Lo mismo testifica el Martiriologio Blumnao que expresa: “Hermógenis, Donati et aliorum XII”. Y, también el Richenoviense: “Et in alio loco Ermoginis, Donati, etc…”.

[5] Según consta en los Anales Toledanos I-II, datan entre 1219-1250. Nos interesan los Anales II, que llegan hasta 1250 y parecen estar redactados por un mudéjar. Los Anales Toledanos I y II fueron publicados por primera vez por Francisco de Berganza en Antigüedades de España en 1721; en 1767 el historiador y teólogo Enrique Flórez reunió los tres Anales en el tomo XXIII de la España Sagrada, publicada en 1747.

[6] Leg. 1-4-2. Archivo Municipal de Trujillo.

[7] “Que los caballeros del mes fagan prevenir la feista del Señor San Pablo para que se celebre en su iglesia que se ha reedificado desde este año en adelante y echen el sermón a quien le a de predicar”. Leg. 1-6-10. Archivo Municipal de Trujillo.

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI EN TRUJILLO. SU HISTORIA

 

La festividad del Corpus tiene su origen en el año 1230, en las visiones de la monja cisterciense Juliana de Monte Cornelión, priora del monasterio de San Martín de Lieja. En ellas se le manifestó la voluntad divina de que se observara una fiesta del Santísimo Sacramento. En 1261 el Papa Urbano IV será testigo de un milagro que confirmaba estas visiones, conocido como misa de Bolsena, en que brotó sangre de la Hostia consagrada[1]. Esto sirvió para que en el año 1264 publicara una bula que instituía esta fiesta. El Papa Clemente V en el Congreso de Viena del año 1311 hará esta fiesta obligatoria para todos los católicos y será Juan XXII quien confiera su forma definitiva al añadirle uno de sus elementos primordiales, prescribiendo para todas las parroquias procesiones especiales en las que se paseara la Sagrada Forma por las calles a fin de que todos los hombres pudiesen contemplarla y adorarla[1].

El punto final de la evolución deberá fijarse en el Concilio de Trento de 1551 donde adquirió el sentido de manifestación triunfal de la Verdad contra la Herejía. Durante el Concilio de Trento, derivados de las normas del mismo, se dio máxima importancia a las celebraciones de las fiestas eucarísticas, tanto a nivel profano (fiestas públicas, autos sacramentales, etc.) como a nivel religioso (solemnidades de cultos y riquezas de actos litúrgicos). Manuel Trens : “Esta nueva fiesta litúrgica no nació con nombre propio y definitivo. Urbano IV no le da denominación propia. Empezó a hablarse de un festum de hoc excellentissimo Sacramento. Se la llama Sacramentum, festivitas, dies Sacramenti o simplemente Eucharistía Christi, mientras franceses y alemanes vertieron en su lengua el nombre de esta fiesta, en España se ha mantenido su denominación latina de Corpus Christis” [2].

Entre las décadas finales del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, la fiesta del Corpus Christi en Trujillo, era un auténtico espectáculo barroco, fomentado por el culto Eucarístico que se impone desde Trento, y con singularidad en España. La cercanía y relaciones de nuestra Diócesis placentina con la sede del Primado, (Toledo) determinó también en nuestra tierra el desarrollo esplendoroso de la fiesta del Corpus.  Durante este tiempo entre el XVI y el XVII, se levantaron arcos triunfales, altares con los bufetes (o escritorios) en los que se hacía parada con el Santísimo, se cubrían los balcones de adamascadas colgaduras, se extendía la juncia y otras hierbas olorosas por las calles, y en la plaza se representaban autos sacramentales, al paso de la procesión, tomando asiento el clero y la corporación civil para contemplar la comedia. Todo esto, costeado por el cabildo municipal, y no siempre, ya que estos gastos suntuarios dependieron de la situación económica de las arcas municipales, y de los dispendios de particulares tal y como queda constancia en los documentos municipales.

En Trujillo durante estos siglos la fiesta del Corpus alcanzó gran importancia, de tal forma que será un punto obligado de referencia en el atrio de la parroquia de Santa María (durante la Baja Edad Media), trasladándose el foco de atracción al atrio de la parroquia de San Martín, enclavado en al actual Plaza Mayor, por la importancia que este centro urbano iba alcanzando ya en los albores del renacimiento, cobrando especial interés durante el barroco[3]. Autoridades eclesiásticas, gremios y cofradías se encargaban de los preparativos de los festejos que daban comienzo el Jueves del Corpus y duraba la octava. Los maitines y las horas canónicas precedían a la misa, celebraba la cual se sacaba en procesión la Custodia. Para la procesión se contrataban danzantes y músicos que eran apreciados por los vecinos y gentes llegadas de las diversas poblaciones comarcanas. Instalado el Sacramento en un tablado bajo dosel, y levantado el escenario para los cómicos, se iniciaban las representaciones de autos y comedias.

Aquí el Ayuntamiento se encargaba de la preparación de la fiesta, contando con la ayuda de los oficios gremiales -que vivían en barrios que recibían el nombre del oficio que practicaban-, músicos y ministriles del Concejo que participaban en la Procesión. Se contrataba al organista que pulsaría desde 1542 los órganos encargados a Juan Ordóñez de León. Los autos sacramentales, las farsas y las danzas se bailaban en el atrio de la parroquia citada, en un tablado levantado a tal efecto, y contratadas previamente por la ciudad. Había una gran variedad de danzas y así estaban las Mitológicas, como la Danza de París; Históricas, como la Destrucción del rey Rodrigo; Bíblicas, como la de Noé cuando salió del Arca; Marianas, como la danza de la Asunción de Nuestra Señora; Hagiográficas, como la Danza de San Gregorio, etc. La importancia de estas danzas de bailes ha quedado reflejada en el folklore extremeño que conserva una serie de ellas que podrían ser las Danzas de Negros en Montehermoso y Danza de Gitanos o de las Italianas, en Garganta la Olla. El sentido de todo este despliegue escenográfico, así como los cambios externos que pueden apreciarse en las calles de todas las localidades que celebran la festividad del Corpus, supondría ocultar todo aquello que pueda recordar la vida cotidiana. La Iglesia, con su presencia en el exterior, sacraliza a la ciudad, convirtiéndola en un templo. Una capa paralitúrgica parece envolver a esta ciudad mundana y laica.

Las “Moralidades” de la Edad Media quizá sean las que ofrezcan más semejanza con los autos, debemos de tener en cuenta que estas “Moralidades” medievales solo intentaban enseñar normas de conducta y tampoco tuvieron gran desarrollo en España. La fuente de autos hay que buscarla en la obra religiosa de Juan de Encina, y sus aportaciones se pueden encontrar en las sugestiones de una significación simbólica, su insistencia en que había una significación dramática que transcendiera los detalles de la acción y su introducción en el drama de un elemento lírico musical en forma de villancico. Alrededor del año 1520 Hernán López de Yanguas en su Farsa Sacramental orienta ya hacia la Eucaristía la forma dramática que Encina y sus seguidores habían aplicado al tema de la Navidad. Muchos más son los pasos seguidos hasta lograr cristalizar, de manera definitiva y como hoy lo conocemos, el Auto Sacramental, su gestación es lenta y en ella hay una serie de factores diversos y variados, situaciones concretas y determinadas, y todo ello dio como resultado la formación de los Autos en honor del Sacramento. En la definición del Auto hay tres aspectos fundamentales, primero el ser una representación dramática, segundo su carácter alegórico y en último lugar al tema a tratar, el Misterio Eucarístico.

Curiosa e interesante es la distinción que Calderón hace entre el asunto y el argumento de los autos. Por lo que respecta al asunto, este debe ser de manera invariable la Eucaristía, el argumento con su parte puede cambiar, puede utilizarse de manera que siempre sirva para apoyar el asunto. Existía así un escenario alargado adosado a un muro y en los extremos carros con los medios y elementos propios de la escenografía, formándose dos núcleos laterales ricamente adornados y un espacio central destinado al desenvolvimiento de los actores. Notamos pues cómo junto al elemento religioso aparece la representación y fiesta profana que acompañaba y completaba la solemnidad del día del Corpus Christi. El misterio eucarístico, a partir de la enseñanza de Trento, se rodea en Trujillo  en el interior de los templos, de complicadas maquinarias, que contribuyen a enriquecer su carácter espectacular en medio de cánticos y músicas saliendo al espacio exterior rodeándose también de ingeniosos mecanismos. Los recursos utilizados entonces que hoy nos puede parecer ingenuos lograban los efectos que se proponían consiguiendo del espectador su participación a través de los distintos estados y sentimientos que estos mecanismos producían. Se utilizaban recursos escenográficos como poleas y tornos, trampas que hacían desaparecer de las escenas a los actores súbitamente, y una serie de elementos sorprendentes que causaban la admiración de todos. El auto Sacramental puede definirse como representación dramática en un acto o jornada, de carácter alegórico y referente al misterio de la Eucaristía que tenía lugar en el día de la festividad del Corpus. Los orígenes o procedentes del auto sacramental han producido un serie de variadas opiniones, pues frente a los que encuentran cierta dependencia entre este y la representaciones medievales, existen otros que la niegan y por el contrario encuentran su relación y dependencia con la liturgia del Corpus.  En definitiva podemos concluir y definir el auto sacramental como la pieza teatral con música que usa de la alegoría como forma de aludir a la Eucaristía, defendiendo los dogmas católicos por los que se considera al pan y al vino de la misa como verdadera Sangre y Cuerpo de Cristo tal y como en los Evangelios sinópticos se nos atestigua.

No obstante, antes de ese gran auge en las manos de Calderón, algunos literatos españoles de primera fila como es el caso de Lope de vega o de Tirso de Molina, cultivaron este género y lo prepararon para la llegada de Calderón de la Barca.
Según constatamos por los numerosos documentos existentes en el Archivo Municipal de Trujillo, en la Plaza, en el atrio de la parroquia de San Martín de la ciudad se celebraron Autos Sacramentales, coincidiendo con la festividad del Corpus y en los días de su Octava, en el reinado de Felipe IV (1621-1665), utilizando los dos manuscritos de Pedro Calderón de la Barca, bien conservados, que se encuentran en la sacristía de la iglesia de San Martín de Trujillo. El primer manuscrito consta de diez autos sacramentales, en cuyo lomo se halla escrito el contenido del mismo: “Autos de Calderón”, ocupando 339 folios. El segundo manuscrito consta de nueve autos sacramentales, con 332 folios, a los que debemos sumar uno dedicado al índice y cuatro hojas de guarda. Los manuscritos del primer tomo incluyen: Psiquis y Cupido, la Segunda Esposa, el segundo David, Psiquis y Cupido, Llamados y Escogidos, No ay mas fortuna que Dios, el Cubo de la Almudena, la torre de Babilonia, la Lepra de Constantino, el Arca de Dios cautiva. El segundo tomo comprende La apostasía, la gentilidad, la idolatría, la sinagoga, el judaísmo, la envidia, la fe, cupido, el aluedrío, el mundo y músicos[8].

Fray Gabriel Téllez, verdadero nombre de Tirso de Molina ha pasado a la historia de la literatura española por sus obras dramáticas, empieza a tener problemas con otros clérigos que comienzan a calificar su obra de inmoral. Tanto es así que terminará sin poder publicar nada, si bien se supone que existe un importante número de piezas compuestas posteriormente paro que nunca han salido a la luz.  Por lo que respecta a sus Autos Sacramentales, dado el carácter teológico de los mismos. Curiosamente, dos de  los autos sacramentales que escribió: “El Colmenero divino” y “Nuestra Señora del Rosario o La Madrina del Cielo”, según consta en el Libro de Visitas de 1627 de la parroquia de San Martín de Trujillo, cuando el visitador general del obispo don Francisco de Mendoza y Rivera alaba los actos celebrados en Trujillo con motivo del Corpus. Precisamente, entre los años 1626 y 1629 estuvo Tirso de Molino como Comendador en el convento de la merced de Trujillo.

Para realizar la representación, se utilizaban en el atrio de la parroquia de San Martín de Trujillo unos tablados fijos y carros móviles propiedad del ayuntamiento, que se preparaban y adornaban en medio de un gran secreto y misterio. En la puesta de escena de manera alegórica, este misterio intervenían una serie de recursos plásticos, encaminados a atraer la atención del espectador y hace más comprensible lo representado. A la fuerza y eficacia de la imagen viva que hacían la representación en los tablados y carros, se unían una serie de factores diversos donde el sentido de la vista participaba de manera importante, pues junto a los decorados carros, se utilizaban efectos lumínicos hábilmente manejados, artificios, a veces complicados y tramoyas que componían un lenguaje fácil y a la vez de sorpresa. Junto a esto, había que añadir el elemento musical que también contribuiría a crear un especial ambiente en estas representaciones dramáticas. De esta manera, notamos como a la fuerza de la palabra, se unían los sentidos oído y vista para conseguir una mejor captación del misterio, y llegar más fácilmente al sentido del pueblo, así mediante la suma de todos estos recursos prácticos que producían sentimientos diversos, de admiración, miedo, alabanza, etc, se conseguía una enseñanza dogmática. Sigue leyendo

LA PLAZA DE TOROS DE TRUJILLO

 

La afición a los toros forma parte de la historia de Trujillo. Su Plaza Mayor ha sido testigo de algunos de estos espectáculos, como el celebrado en el año 1648 en la llegada del rey Felipe III la ciudad.

Era el Ayuntamiento el que ateniéndose a un riguroso protocolo, se encargaba de organizar la construcción y subasta de tablados y colocación de alguaciles en lugares estratégicos. Los asientos eran por derecho propio, por cédula real o por haber abonado su localidad –como diríamos ahora- en los cuartos suelos y entresuelos. Pero también había algunos que presenciaban la fiesta desde ventanales y balcones de sus casas y palacios que rodean la Plaza.

Con estos antecedentes es lógico que Trujillo tuviera una Plaza de Toros fija. Existen documentos que acreditan que existió una plaza de toros en la antigüedad, lindera a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad. La Cofradía de la Piedad era la propietaria de dicha plaza, estaba en el área que hoy ocupa la actual Plaza de Toros. El día 19 de marzo del año 1809 los franceses entraron en Trujillo y destrozaron la ermita y su plaza de toros. En el año 1819, aún ejercía la Cofradía de la Piedad el derecho dominical sobre la mencionada plaza, porque, como digo de la peste colérica, se intentó poner en ella un Lazareto y a este fin el Ayuntamiento solicitó autorización del Alcalde de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad para ello.

En el año 1846 se formó una sociedad para reedificar la Plaza de Toros de Trujillo, según reza su pequeño libro de acuerdos que se conserva en el Archivo Municipal. Los dos primeros acuerdos del acta primera, fecha 18 agosto, dicen literalmente:

1º.- Se nombra una Comisión compuesta por el señor Marqués de la Conquista, don Vicente Hernández, don Santiago Martínez, don Hermenegildo Moreno por el carácter doble de depositario de los fondos de esta sociedad.

2º.- El objeto de esta Comisión era averiguar a quién pertenece en propiedad la plaza que se trata de reedificar”.

Diez días después, la Comisión se dirigía al Ayuntamiento en solicitud de compraventa de esta ruinosa fábrica. El Concejo comisionó al regidor don Pedro Pedraza y al síndico don Guillermo Martínez para averiguar la propiedad de aquellas ruinas y si se podían vender sin perjuicio de tercero. Estos señores informaban, el 3 octubre del mismo año 1846, que no había perjuicio de tercero en la venta con tal de que se ponga la condición de que los compradores no sean dueños de la cosa vendida en el ínterin que la plaza de toros no se haga.

La Sociedad de Vecinos abrió una suscripción de acciones, valorando la unidad en mil reales, que sumase el capital necesario para su proyecto. El mayor accionista fue don Jacinto Orellana, Marqués de la Conquista,

Conforme a este acuerdo, se formalizó el expediente de venta. La Sociedad de Vecinos abrió una suscripción de acciones, valorando la unidad en mil reales, que sumase el capital necesario para su proyecto. Se conservan las listas nominales de vecinos con expresión de calles en que habitaban y acciones suscritas. El mayor accionista fue don Jacinto Orellana, Marqués de la Conquista, que suscribió cincuenta acciones. Los suscriptores gozaban de ciertos privilegios.

El 14 de septiembre del año 1847, el Ayuntamiento vendía el terreno y materiales aprovechables de las ruinas mencionadas a la sociedad de vecinos en precio de quinientos reales. De la construcción de la nueva Plaza de Toros se hizo cargo el arquitecto don Calixto de la Muela, siendo el valor de las obras 236.000 reales. Este precio fue la inicial, pues su totalidad ascendió al millón de reales.

El diámetro del anillo mide 35 m, siendo por consiguiente su superficie de 962 m². La extensión de los corrales 362 m²; ocupan palcos, gradas y demás, 3338 m², que en total forman 4660 m²; tiene esta plaza transporta centrada, dos toriles divididos en tres compartimentos, que comunican con los corrales. Por el Poniente linda con casa de corral que fue de don Miguel Luengo y que hoy posee doña Petra Delgado Álvarez

Andando el tiempo, el dueño absoluto en forma legal de esta Plaza de Toros fue el mayor accionista, el Marqués de la Conquista. Según deducimos de los documentos consultados no se cubrió el número de acciones suficientes para la obra, haciéndose cargo de ella don Jacinto Orellana, quien al morir el día 27 de julio del año 1899, la lega en herencia a quienes la vendieron el 14 septiembre de 1902, al Ayuntamiento de la Ciudad, por escritura pública otorgada ante don Manuel Eladio Ferrer y Pérez, en precio de 22.500 pesetas pagaderas en tres plazos de 7500 pesetas cada uno. Los vendedores de la plaza fueron don Antonio Orellana Pérez-Aloe, por su propio derecho; doña María Pérez-Aloe, representada por don José Gil calzaba. Y, don Jacinto Orellana Avecia, don Carlos, don Jacinto, don Diego y doña Jacinta Cabrera Orellana, representados por don Agustín Solís Fernández, John Agustín y doña Lucía Orellana Pérez-Aloe, por don Vicente Álvarez Mateos.

A partir de esa fecha hay constancia de diversos espectáculos celebrados como digo de las ferias y fiestas del mes de junio. En el año 1909, a partir del 8 mayo comienzan apareciendo noticias en la prensa sobre las corridas de toros que se celebrarán unto ese día el Noticiero Extremeño dice: “Ha sido cedida la plaza de toros a don Miguel Vázquez, quien se propone dar en la feria de junio dos corridas con toros de Olea y y del señor Conde de Trespalacios, y en la que actuarán de matadores Vicente Pastor y Gaona. El Ayuntamiento las subvenciona con 6000 pesetas”.

Al día siguiente aparecen estas noticias que por su relación con la Plaza de Toros se transcriben: “El resultado de la tienta de reses bravas de la ganadería del señor Conde de Trespalacios no pudo ser más satisfactorio, pues algunos de los becerros recibieron 17 puyazos, quedando el ejido para simiente el que atiende por el nombre de “Calvito” y que es un precioso ejemplar de la raza astada. Acudió numeroso público de Trujillo y arrabales. Efecto del largo camino hubo tres automóviles, ocho coches, cuatro carros y veinticinco caballos, pues el tentadero dista tres leguas”.

El Noticiero Extremeño del día 20 mayo 1909 publica: “Feria de Trujillo – en los días 3,4 y 5 junio tendrá lugar la feria y fiestas siguientes: Tracas y fuegos artificiales, sesiones cinematográficas al aire libre, teatro, circo de gallos, juegos de agua, conciertos y dianas a cargo de la brillante banda de música del regimiento de infantería de Castilla, de guarnición en Badajoz y otros espectáculos- dos magníficas corridas en los días tres y 4 junio, lidiándose en cada tarde seis escogidos toros de las acreditadas ganaderías de los señores don Eduardo Olea y conde de Trespalacios con las cuadrillas de los afamados matadores de toros Vicente Pastor y Rodolfo Gaona. Una comisión formada por el primer teniente de alcalde don Luis Pérez Aloe, don José Montalvo y don Juan C. de la Peña, dirigirá todo lo relativo a estas fiestas de toros”.

 

LA BASÍLICA VISIGODA DE TRUJILLO (PUERTA DE CORIA)

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo.

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo. Es indudable que la basílica estaba en plena necrópolis. Además, entre los años 1985 y 1986 se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas por el Departamento de Historia Antigua dirigidas por el Doctor  Sánchez Abal y en las que participaron José Antonio Redondo, José A. Ramos y Julio Esteban.

Fue excavada parcialmente encontrándose un edificio que conserva a ras del terreno su cabecera, orientada prácticamente al noroeste, y la unión con los muros del aula y arranque es de las naves laterales que, junto el resto se encuentra enterrado o perdido, sin otros testimonios estructurales que permitan interpretarlo como un conjunto monástico, sino más bien parece que se trata de una pequeña iglesia para asistencia cultural del arrabal.
Dispone de una cabecera de 3,08 m de diámetro con 2,5 m en el eje, con planta de herradura cuyo desarrollo curvo se manifiesta también al exterior. El ábside está construido con sida desde callados para mejor ajuste, la mayoría colocados a tizón y casos de pizarra; su fábrica conserva visibles hasta cuatro hiladas que suman una altura en torno a 1,83 m y 80 cm de grosor. No quedan restos de la ventana, nivel el lúcido del paramento.
El arranque izquierdo de la cabecera presenta un esculpido que tal vez sirviera para acoplar un cartel que separarse este espacio del aula. Si nos atenemos a los sillares que flanquean la cabecera, adosados al muro testero de mampostería se puede construir una planta basílica, con una nave central de 3 m de ancho y las laterales de 2,05. Las arquerías que separaban estos ámbitos y van sustentadas con pilares de sillares. La mampostería de granito ligada con tierra y cal, reutilizar una pieza de origen romano como por ejemplo sillares moldurados.
El ábside en herradura y las tégulas que formaban al menos una de las tumbas dentro de la basílica nos fechan el yacimiento en el siglo VII después de Cristo.
La presencia de un gran sillar en el muro de fachada norte, tal vez indique la existencia de un acceso lateral, adicción al de los pies de la nave, dato que no podemos asegurar por la pérdida del extremo oeste del edificio, donde la roca granítica se encuentra más somera. La excavación de la nave central sacó a la luz una sepultura con las paredes de mampostería, hay tegulas de escaso grosor utilizadas en la fábrica, semejante a las documentadas en algunos edificios de Mérida en la fase del emirato. Probablemente nos encontramos ante un edificio que atendía al culto de un arrabal poblado por mozárabe y asistido por esta Iglesia de la que debió perderse su memoria anterior a la conquista de los cristianos pues no se explica que no fuera rehabilitada después.

APORTACIONES HISTÓRICO-ARTÍSTICAS. LA SEMANA SANTA DE TRUJILLO

La celebración de la Semana Santa en Trujillo viene de tiempo inmemorial. Podemos partir de la primera mitad del siglo VII, el recuerdo y la contemplación de los Misterios de la Pasión en la basílica visigoda de Trujillo, tras muros de la Puerta romana de Coria. La reconquista definitiva de Trujillo se produce el 25 de enero del año 1232. La defensa de la villa le volvió a ser otorgada a las Ordenes Militares.

La Hermandad más antigua existente en Trujillo, del tipo de las militares era la de los caballeros de la Orden Truxillense, en la que aparecen reguladas reuniones anuales para adorar a Dios y rendir culto al patrón San Andrés, estableciendo prescripciones religiosas, de paz y de caridad. Hemos de mencionar en la Baja Edad Media los Vía Crucis que, traídos a Occidente por los franciscanos que se instalan en el convento de la Luz en Trujillo, en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus, de Alejandro VI (25 de julio de 1499), era la liturgia importada de Jerusalén.

Es secular la devoción del Vía Crucis, que primeramente contemplaba solo siete estaciones, hasta que el franciscano Leonardo de Porto Mauricio las elevó a catorce, en la forma que, poco más o menos, meditamos ahora.

Los “oficios”, íntimamente ligados a la vida municipal trujillana, renacen el día en que los Concejos arraigan en el suelo español. Por el Fuero conocemos que una de las atribuciones primitivas del Concejo era la política de la industria y el comercio, lo que prueba que los menestrales y mercaderes formaban los “oficios”, ya constituidos y que se agrupaban en las calles colindantes a la Plaza y que irán adquiriendo un fuerte protagonismo en la vida social de nuestra ciudad.

Una efervescencia cofradiera vive Trujillo en los años finales del siglo XV, dirigida por los franciscanos fray Pedro de Melgar y fray Juan de Guadalupe, y propiciada en Castilla y León por los Reyes Católicos en un deseo de restaurar la maltrecha moralidad pública, imprescindible para crear el ambiente religioso que propiciase el de cruzada para culminar con éxito el último bastión que quedaba en España, la conquista de Granada. Esos gremios participaban en celebraciones masivas en Trujillo en Autos Sacramentales.

Los atrios llegaron a ser pequeños, así el sentimiento de caridad que despertaban los impedidos que no podían asistir a estas representaciones que duraban hasta bien entrada la madrugada, consiguió que estos actos salieran a la calle. Serán los gremios artesanos existentes en Trujillo, acogidos cada uno a la advocación de una imagen procesional, los que llenen las calles de “pasos” (del latín “passus”, sufrimiento). los que se encargen de organizar procesiones religiosas en estos tiempos medievales.

Sus reglas están presididas por la obra de misericordia que supone enterrar a los muertos, ya sean hermanos cofrades, pobres o ajusticiados, atendiendo a su inhumación, exequias y sufragios.

La economía agrícola de los siglos XIV y XV, con frecuentes años de malas cosechas, las sucesivas epidemias que diezman la población española, junto a la mortalidad ocasionada por las guerras, inducen a actos penitenciales públicos, pidiendo favores celestiales como remedio de los diversos males. Así, se van configurando las cofradías de penitencia, uno de cuyos rituales es la celebración de un Vía-Crucis, que partiendo de la iglesia de la Vera Cruz, pasaba por la plazuela de los Descalzos, llegaba a la iglesia de Santiago, para regresar de nuevo a la Vera Cruz por la calle Gargüera.

SIGLO XVI

Por tanto, la constitución de Hermandades o Cofradías en Trujillo, tal y como las entendemos hoy día, surgen en los años finales del siglo XV. La representación plástica de los momentos de la Pasión y Muerte de Cristo se multiplicarán de modo impresionante en Trujillo en los años finales del siglo XVI, imágenes que saldrán en procesión con un profundo sentido de religiosidad.

Con el arte religioso como factor perceptible de la facultad sensitiva-humana puesta al servicio de la fe movió a más almas sencillas que la dialéctica de sus apologistas y así el efecto trágico de un Cristo en la cruz, llevaron a muchos corazones a una mayor compunción que algunas pláticas carentes de fondo.

Tras el Concilio de Trento (1546-1563) se multiplican en nuestra localidad estas conmemoraciones multitudinarias, con la formación de hermandades y cofradías, que se encargarán del ornato y culto de una imagen o “paso” en concreto. Los viejos estatutos de las Cofradías se hacen tremendamente exigentes al señalar las condiciones de ingreso en las mismas. De mediados del siglo XVI data la Cofradía de la Caridad de Trujillo que comenzó a edificar en 1578 un hospital e iglesia en la Plazuela de la Encarnación bajo la advocación de San Lorenzo, siendo favorecidos por el Ayuntamiento que colaboró en la edificación de la obra con 20.000 maravedís y Gonzalo de Sanabria otros 20.000 maravedís.

El 6 de enero de 1586 el Concejo y la citada Cofradía concertaban por Escritura Pública, ante Juan Velardo, recibir ésta de los Propios de la ciudad trescientos ducados con Facultad Real para terminar en el plazo de breves días las obras, a las que con otras menores limosnas, ya había subvenido el Ayuntamiento. La iglesia estuvo bajo el patrocinio y advocación de San Lorenzo. El Hospital era conocido con el nombre de la Caridad, por la Cofradía a quien se debía tal construcción.

Gran importancia tuvo en nuestra ciudad a lo largo del siglo XVI la Cofradía de la Vera Cruz, la única que tenía disciplinantes. En la tarde del Viernes Santo, anualmente, concurrían a la iglesia de la Vera Cruz, confesados, jurando ante el mayordomo hallarse perdonados y contritos. Llevaban preparadas sus disciplinas y sus cuerpos despojados, cubiertas sus caras y exentos de cualquier signo que pudiera identificarles.

La procesión que organizaba la Cofradía citada, el Viernes Santo, partía de la parroquia de la Vera Cruz, seguía por la plazuela de los Descalzos, bajaba por la cuesta de San Andrés y pasando por la calle del Paso (antes Olleros), en cuya plazoleta se tenía lugar el encuentro de la Virgen del Mayor Dolor, de la Cofradía de Caballeros de San Martín, procedente de la parroquia de San Martín, con el Cristo Crucificado que venía del templo de la Vera Cruz, continuaban juntos hacia la iglesia de la Encarnación. La calle que corre paralela a este templo, se la conocía como vía del Mayor Dolor, por un acto de flagelación que realizaban los disciplinantes que acompañaban a estas imágenes en la procesión del Viernes Santo.

Un acuerdo concejil del 13 de abril de 1581 nos habla de esta procesión: “E luego el señor Corregidor dijo que la cuesta y paso que está desde la puerta de la Vera-Cruz hacia la Encarnación está muy agrio y mal empedrado, y como pasan por allí las procesiones y disciplinas del Jueves y Viernes Santo, que se conviene que se aderece y repare, y así se acordó que el señor Melchor González lo haga traer en pregones y de razon dello a esta ciudad, para que se haga como mejor y más barato sea y con brevedad”. El día 26 de marzo de 1582 era ensanchada la calle de la Vera-Cruz por disposición del Ayuntamiento, tomando terreno de un cercado de Pedro Calderón Altamirano.

SIGLOS XVII Y XVIII

El siglo XVII va a constituir un hito decisivo de los desfiles procesionales pasionistas. El Barroco, como nueva modalidad cultural, en su afán de realismo y de gran teatralidad, desarrollará en España la escultura procesional, favorecido por una religiosidad que lo inundaba todo y por la propia Corona. A mediados del siglo XVII, surge la Cofradía de Jesús de Nazaret, que piden la oportuna licencia al Sr. Obispo de Plasencia don Diego de Arce Reinoso para hacer la procesión, adquirir la imagen de Jesús Nazareno que era venerada en la iglesia de San Lorenzo, e incorporarla, como un capítulo más, a sus Ordenanzas. Esta imagen de Jesús Nazareno, se conserva actualmente en el coro de la iglesia de San Francisco.

En la segunda mitad del siglo XVII, los gremios trujillanos acogidos a la Cofradía de la Santa Caridad y Cofradía de Jesús de Nazaret organizan la Semana Santa. El 11 de enero de 1671, ante el escribano Francisco Márquez, se otorgó escritura pública de “Contrato y Concordia entre la Cofradía y Hospital de la Caridad y la Cofradía de Jesús de Nazaret en razón de poner un retablo en el Altar Mayor de la dicha iglesia”.

En dicho retablo estuvieron colocadas las imágenes que salían en procesión en Semana Santa. En el centro del retablo estaba la imagen de Jesús de Nazaret, debajo de ella el Sagrario para el Santísimo Sacramento, para que los enfermos del Hospital de la Caridad pudieran recibirlo. A ambos lados, las imágenes de la Verónica y San Juan Evangelista, y en el ático del retablo, la imagen de San Lorenzo. En un lateral, la Coronación de espinas, y frente de él se haga otro para el Señor atado a la columna. Ese mismo año la iglesia de San Lorenzo cambia su nombre por iglesia de Jesús.

Tras el Decreto de Carlos III, en 1783, en el cual ordena la extinción de hermandades gremiales y todas las erigidas sin autoridad real o eclesiástica, decretando que únicamente podrán subsistir las aprobadas por ambas jurisdicciones y las Sacramentales, desaparecen por completo las cofradías de la Vera Cruz y de Caballeros de San Martín, que en la práctica de la realidad casi eran inexistentes, se limitaban a acompañar en los desfiles procesionales a las cofradías de la Caridad y de Jesús Nazareno, éstas sí continuarán organizando la Semana Santa.

Las cofradías trujillanas ven como su acervo espiritual se enriquece con la concesión de nuevas indulgencias o ratificación de otras antiguas, con el consiguiente aumento del fervor de sus miembros y mayor veneración de sus advocaciones titulares.

Todo este auge se va a ver interrumpido con la Guerra de la Independencia. Precisamente, en Trujillo, se suspenden los desfiles procesionales de 1809, ante la proximidad de las tropas francesas y el consiguiente abandono de la ciudad por parte de sus vecinos. Sin duda, fue el momento más difícil tanto para la población como para algunas de nuestras antiguas cofradías. Con la invasión francesa, en 1809, desapareció la Cofradía de la Caridad con la destrucción del Hospital. La iglesia no corrió la misma suerte, quedó abierta al culto y continuó en ella la Cofradía de Ntro. Padre Jesús que siguió celebrando los cultos de Semana Santa a partir del año 1811, fecha en la que se fundará la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.

SIGLOS XIX Y XX

El día 12 de diciembre de 1820, un grupo de representantes de los ciudadanos de Trujillo acudieron al Jefe Político Superintendente de la Provincia, en súplica de que la Caja de Crédito Público no se incautase de los bienes y rentas del Hospital de la Caridad, pues aunque estaba arruinado el edificio que servía para curar a los enfermos a causa de la guerra de 1809, proyectaba el Concejo destinar los bienes para la creación de un Hospital Municipal. En 1856 un vecino de Trujillo adquiere el Hospital de la Caridad por 8.200 reales. Por Real Orden de 1874, El Jefe Político accedió a la creación de un Hospital Municipal, que fue creado en la plazuela de los Descalzos.

A las funciones que anualmente celebraba la Cofradía de Ntro. Padre Jesús acudían un gran número de cofrades y devotos. Oradores sagrados ocuparon el púlpito de la iglesia de Jesús predicando en sucesivos Miércoles de cuaresma y en riguroso orden los hechos más destacados de la Pasión: Oración en el Huerto, venta, prisión de Jesús, bofetada, azotes, colocación de la corona de espinas, cruz a cuestas, concluyendo todos estos actos con el canto del “Miserere”, a excepción del último Miércoles que era santo y al concluir la predicación, a las cinco de la tarde, se iniciaba la procesión a las cinco de la tarde de Ntro. Padre Jesús y los demás pasos que componían el desfile de ese día: Oración en el Huerto, Verónica, Señor atado a la Columna, Señor de las Espinas, San Juan Evangelista, Bendita Magdalena. El Jueves Santo a las ocho de la noche tenía lugar el sermón de la Pasión. La procesión del Viernes Santo era organizada por la Cofradía de la Soledad que tenía sus propios estatutos y actuaba ajena a la otra Cofradía.

En Noviembre de 1846 los hermanos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno acuerdan llevar un distintivo en los actos públicos a los que asistan, éste consistirá en un escapulario con la imagen de Nuestro Padre Jesús llevando la cruz a cuestas, estampada en tafetán, color morado y en el reverso una inscripción (N.P.J.N).

El 28 de marzo de 1847, las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y la Soledad acuerdan organizar las procesiones y las funciones religiosas en común, pero aún habría que esperar un año para la unión de ambas cofradías. Todas estas reuniones tenían lugar en la sacristía de la iglesia de Jesús. Se solicita al Ayuntamiento ayuda económica ante la precaria situación de la población a raíz de la Desamortización para las funciones religiosas.

La Cofradía de Ntro. Padre Jesús organizaba la procesión del Miércoles Santo y la de la Soledad, el Viernes Santo. En Junta celebrada el Domingo de Ramos, 28 de marzo de 1847, se avienen a que la procesión que hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús el Miércoles Santo asistan los hermanos de la Soledad con sus insignias, estandarte y seis velas; participando también éstos, en la procesión que el Viernes Santo hace la de la Soledad. Y que los hermanos de ambas Cofradías asistan a los actos religiosos que en la Semana Santa se celebran en el templo de San Francisco, siendo uno de ellos el Sermón de las Siete Palabras, Descendimiento y Soledad, el Viernes Santo.

Los pasos que salían en la procesión del Miércoles Santo: Oración en el Huerto, la Verónica, el Señor atado a la Columna, el Señor de las espinas, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan y la Soledad. El recorrido procesional era el siguiente: De la calle Encarnación a la calle Nueva, en dirección a la plazuela de San Miguel, subía por la calles Sofraga y Sillerías hasta la Plaza Mayor, en donde daba la vuelta alrededor de la misma, seguidamente bajaba por las calles Carnicerías y Herreros hasta el templo de San Francisco, en donde concluía. Las imágenes eran trasladadas el Jueves Santo a la iglesia de Jesús, después de sermón de Pasión.

En el año 1848, se agrega la Cofradía de la Piedad a la de Jesús, considerando además que la imagen de la Virgen de la Piedad se venera en la iglesia de Jesús, desde la destrucción de su ermita con motivo de la invasión francesa de 1809. Desde entonces, la divisa de la Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto con el estandarte de la Cofradía de Jesús. Atendiendo a los beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto. El día 5 de febrero de 1848 se unen las Cofradías de Jesús y la Soledad, que se habían reorganizado aún con mayor fuerza que antes de que fueran extinguidas con motivo de la Desamortización.

En 1923 cesó el culto en la iglesia de Jesús. Su retablo fue depositado en la parroquia de San Francisco. Un año después, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús fue reorganizada bajo el título de Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad, que obtenía el título posesorio de la iglesia de Jesús ante el Juez de Primera Instancia don Rufino Gutiérrez. De esta manera el espíritu cofradiero de Trujillo conoció una renovación espiritual, intensificando los cultos a sus advocaciones titulares.

En los años ochenta se inicia una recuperación de cofradías y desfiles. En el año 1984 se funda la Cofradía de San Juan y un año después se actualiza la Hermandad del Cristo del Perdón con la renovación de sus estatutos (fundada en el año 1952). En el corto espacio de dos años irán surgiendo nuevas cofradías en Trujillo que se sumarán con sus hermanos de paso y luz, imágenes, estandartes y bandas de música, a los desfiles procesionales. De esa recuperación fueron protagonistas un buen número de personas jóvenes que se incorporaron a las tareas cofradieras. Al mismo tiempo que se alejaba el miedo, vivido en los setenta, de tener que dejar en el templo, por falta de hermanos de carga, alguna imagen.

En el año 1992, se crea con renovadas ilusiones la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo que tiene encomendada la tarea de la organización de las procesiones de Semana Santa. Se reanudan los famosos pregones en la voz carismática de don Agustín Villanueva, que habían decaído en los años setenta parejos a las procesiones, y la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias editan nuevas guías y carteles. En la actualidad, estas cofradías y hermandades han llevado a cabo la loable labor de restaurar sus imágenes e influyen decisivamente en la brillantez de los desfiles procesionales.

ESTUDIO ARTÍSTICO DEL CRISTO GÓTICO Y RETABLO LATERAL DE LA IGLESIA DE HIGUERA DE ALBALAT

Higuera de Albalat se encuentra en la zona noreste de la Alta Extremadura, municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39°43’32’’ de latitud norte y los 5°39’56’’ de latitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Navalmoral de la Mata, su casco urbano está situado a 480 m de altitud.

Su edificio más importante es la iglesia parroquial de San Sebastián, obra de los siglos XV y XVII, de mampostería, ladrillo, granito y pizarra, los mismos materiales utilizados en la arquitectura popular de la población. Podemos acceder al templo por la puerta lateral del muro de la Epístola que está precedida por un porche, la puerta se abre en arco de medio punto de cantería con capiteles elementales de fajas góticos, en la entrada un letrero nos indica que las puertas y la cancela se pusieron el 25 de julio de 2010; la otra puerta lateral de acceso al templo, situada en la fachada del Evangelio, se abre en arco de medio punto, pero en esta ocasión, de ladrillo. La iglesia es de una sola nave con cuatro tramos separados por arcos de medio punto que apoyan sobre pilares adosados. Cubierta a dos aguas remozada. Ábside poligonal y cubierto con bóveda de terceletes que descargan en gruesos y esbeltos contrafuertes en el exterior, en la clave de la bóveda se encuentra el escudo del Obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, bajo cuyo auspicio se ejecutó el ábside. Escalera de caracol para subir al campanario. Muros de mampostería y ladrillo. La torre campanario con cornisa que separa la mampostería del ladrillo, de dos cuerpos. A ella se accede a través de la sacristía del templo por una escalera de caracol integrada en un cilindro externo. A la sacristía se entra por un angosto vano de medio punto y está cubierta con bóveda de aristas. En su interior aún se conservan algunos esgrafiados decorativos geométricos tapados con la cal.

Se conserva en el muro de la Epístola, una talla gótica de un Cristo crucificado que preside un retablo de estilo clasicista (significa sencillez, proporción y armonía), destacando una tabla pictórica, en muy mal estado de conservación, con las representaciones a ambos lados del Cristo de San Juan y la Virgen, completando un Calvario. Expresión plástica de una sociedad fustigada por múltiples calamidades, el modelo de crucificado doloroso característico del arte gótico, en que lo patético y lo trágico se unen para sensibilizar al fiel de las amarguras padecidas por Cristo en la cruz, elevando a nivel universal el sufrimiento individual, como catarsis que procure un suelo a sus desgracias cotidianas. El Crucificado de Higuera, ha sido recientemente restaurado, consiguiendo recuperar parte de la policromía encargada de representar el flujo en la trayectoria de la sangre en el costado y las heridas de las piernas. Presenta el vientre hundido hacia dentro, en el preciso instante en que acaba de exhalar el último aliento, su boca y ojos entreabiertos produce una sobrecogedora impresión, con el hundimiento del vientre, al reducir el contorno abdominal descuelga el paño de pureza según un diseño y disposición peculiar emparentado con los crucifijos dolorosos de Renania y Cerdeña; los pómulos se apuntan, barba bífida y los cabellos apelmazados están adheridos en bucles a la piel como consecuencia de la transpiración y la efusión de la sangre durante su prolongada agonía. Redundando en la ampliación expresionista, el marcado desarrollo de las extremidades inferiores acentúa el efecto prospectivo y destaca la dislocación de la pierna izquierda, con la pantorrilla de perfil mientras la derecha proyecta su rodilla hacia delante, rompiendo el plano único con un fuerte movimiento profundidad. Significativa aproximación verista es el detallismo con que se modelan los tendones de los brazos y del pie y la con acción del empeine, traduciendo la tensión y el peso efectivo del cuerpo sobre el clavo. Este naturalismo expresionista contrasta con la imagen de las figuras de la Virgen y San Juan, de escasa introspección psicológica. María viste túnica detrás de alto, y se cubre con un manto y marca el rostro con toca de viuda, las manos entrelazadas a la altura del pecho, se encuentra muy mal estado de conservación. Al igual que el apóstol, destacando su disimetría y marcada incurvación hacia el centro de la escena, aunque se encuentra en un estado deplorable parece que su mano derecha exhibe el Evangelio como símbolo parlante de su condición. Su peinado de casco, con rizos marginales, y su semblante expresa, en mayor medida que María, ensimismamiento y atraída concentración. El retablo en el que se encuentra esta tabla que representa María y a San Juan es clasicista, el Crucificado gótico se colocó en el medio de ambas figuras para culminar un Calvario.  El retablo clasicista está formado por una calle central con las representaciones citadas y dos pares de columnas a ambos lados enmarcando una decoración a base de hojarascas y en el pedestal o predela las representaciones pictóricas sobre tabla: Camino del Calvario y Cristo preso ante el sumo sacerdote judío Caifás, en esta pintura vemos a Caifás de pie ante Cristo rodeado por otros sacerdotes judíos. Ha entregado a Cristo a los guardias que le golpearán y se burlarán de Él (episodio conocido como el escarnio de Cristo)[1];  que enlazan con la costumbre teresiana de meditar en la Pasión de Cristo, por eso, en el ático, se dispone la tabla que representa a Santa Teresa de Jesús, canonizada por Gregorio XV en 1622 de la que  existen numerosas representaciones en la pintura española, no solo por la importancia que tuvo su figura desde el punto de vista religioso sino también por tratarse de una santa española. De tales representaciones una de las más repetidas es ésta en la  que aparece como escritora. En una de sus obras más importantes “Las Moradas “o “Castillo Interior”, Santa Teresa narra muchas de las visiones místicas que tuvo a lo largo de su vida entre las cuales se encuentra la de una paloma con alas que revolotea sobre su cabeza, hace ilusiona a la inspiración del Espíritu Santo a la hora de llevar a cabo sus escritos. El anónimo autor de esta obra, nos ofrece precisamente una de estas versiones típicas de la Santa escritora, que se propuso meditar cada día en la Pasión y Muerte de Jesús. Sigue leyendo

JOSE ANTONIO RAMOS RECIBE LA MEDALLA Y LA INSIGNIA DE ORO DE LA JUNTA DE COFRADIAS DE TRUJILLO

Con el fin del Carnaval, comienzan a tomar protagonismo las actividades organizadas

tanto por la Junta de Cofradías, como por las agrupaciones que forman esta entidad.

Dentro de esa programación, llama la atención el recital que ofrecerá Amancio Prada el

Domingo de Ramos y que estará patrocinado por el Ayuntamiento. Además, no faltarán

otros conciertos, besapiés y los actos ya tradicionales.

 

En la noche del 25 de marzo, en el templo de San Francisco en un multitudinario acto, se dio lectura al pregón  a cargo de Fray Emérito Merino Abad, comisario de España en

Tierra Santa . Seguidamente, en este acto, se ofrecerá un homenaje a vecinos

que han dedicado parte importante de sus vidas a ensalzar o promocionar la

Semana Santa trujillana,  durante el mismo el Cronista oficial de Trujillo, José Antonio Ramos, del ex directivo de la Junta de Cofradías, recibió la mayor distinción, la Medalla y la Insignia de Oro de la Junta de Cofradías de Trujillo. Fue fundador de la Cofradía del Cristo Cautivo en 1985 y un año antes de la de San Juan, redactor del informe que consiguió que la Semana Santa fuera nombrada Fiesta de Interés Turístico , ha publicado numerosos artículos sobre la Semana Santa  y autor del libro “Historia de la Semana Santa de Trujillo”. 17545560_1780584692269655_5212210906553449872_o

RUTA DESDE TRUJILLO A LAS VILLUERCAS

La ruta que proponemos vuelve a conducirnos, esta vez desde Trujillo, a uno de los
espacios de mayor atractivo natural, paisajístico y artístico de la Comunidad Extremeña. La
sierra de las Villuercas es una de las zonas que mantiene una alta densidad de bosques
de castaños, robles, alcornoques y matorral. El flanco norte dibuja un relieve abrupto, de
color grisáceo, debido a las punzantes pizarras que emergen y dominan el paisaje de
roquedos. Las características de ecosistema quedan reflejadas en la calidad y cantidad de
su flora y fauna. Numerosas rapaces y buen número de especies, corzos, ciervos o
jabalíes, conviven en un bosque autóctono de excelente conservación y paisaje
impresionante.
En el desarrollo de la ruta proponemos recorrer en un día el tramo que va desde Trujillo
hasta Cañamero y hacer noche en este último, o en Logrosán, que tiene hostal y pensión.
Desde Cañamero tenemos la opción de acercarnos a Guadalupe, pasar allí el día viendo el
pueblo y el Monasterio y quedarnos a pasar la noche. Por la mañana nos incorporaremos
nuevamente a la ruta, en dirección a Berzocana, Aldeacentenera y Madroñera. Y por la
tarde regresaremos a Trujillo.
El primer pueblo al que nos dirigiremos será a HERGUIJUELA. Fue conocido como La
Calzada desde el s. XVII hasta 1800, momento en que pasa a denominarse Herguijuela.
Después de pasar el cruce con Madroñera, y poco antes de llegar al pueblo, a la izquierda
de la carretera, se encuentra la Sierra de Pedro Gómez, que llega a alcanzar los l000 m de
altura. Es uno de los parajes más desconocidos e insólitos de la región. Si nos acercamos
encontraremos integradas, entre unas construcciones de tipo popular y otras solariegas,
junto a dependencias destinadas a los trabajos agrícolas: almacenes, lagares, molinos,
almazaras, etc.
Todo el entorno salpicado de nidos de cigüeñas y de diversas especies ornitológicas. Y ya
en el pueblo, podemos dirigirnos hasta la Plaza de España, lugar donde se encuentra la
iglesia de San Bartolomé. Construida en el s. XVI de una solo nave, destaca en la portada
principal una talla medieval. El Palacio de los Condes conserva en la actualidad la portada
primitiva, una ventana ojival y el blasón de la Casa de Alba.
Por un entorno de berrocales y encinas, y a tan sólo 3 km nos encontramos con el
pequeño pueblo de CONQUISTA DE LA SIERRA. El pueblo conserva con bastante pureza
la arquitectura popular, y podemos detenernos para ver lo que queda del Palacio de los
Pizarro, cuya construcción se remonta al s. XVI.
Situado en el umbral de la Sierra de Guadalupe, entre un paisaje que va los campos llanos
del cereal a la accidentada topografía norteña cubierta de matorral y encinas, se encuentra
ZORITA. El N de su término corresponde a la zona de sierras, y es un espacio excepcional
por los continuos contrastes de relieve y vegetación. En el pueblo, además de su
arquitectura popular, de la que queda alguna calle cerrada por arcos y alguna casa
tradicional, merece la pena acercarse hasta la iglesia de San Pablo, construida en
mampostería y sillares y con bóveda de crucería góticas en el altar. La gastronomía de
Zorita tiene como plato típico el famoso ajo blanco y un postre de igual categoría como son
las roscas de muédago.
Iniciando el auténtico enclave de las Villuercas se encuentran LOGROSAN. Su paisaje es
rico en variedad y tonos, con una vegetación a base de montes bajos, alternando con
alcornoques y encinares, y todo ello, integrado en un relieve abrupto y de características
excepcionales; un marco que permite un importante desarrollo de la caza, sobre todo
mayor, siendo las especies más abundantes los ciervos, jabalíes, corzos y gamos. En el
núcleo urbano vale la pena visitar la iglesia de San Mateo, cuya construcción arranca del s.
XV y no se termina hasta entrado el siglo XVIII. Aunque el estilo predominante es el gótico,
aún podemos ver en las capillas laterales detalles del plateresco. La ermita que alberga a
la patrona Ntra. Sra. del Consuelo es obra barroca del s. XVIII, ofreciendo al exterior varias
cúpulas superpuestas.
De los pocos artesanos que quedan en España dedicados a la fabricación de tejas árabes,
el Logrosán podemos visitar uno de ellos a unos 500 m por la carretera de Guadalupe.
También se mantienen algunos telares antiguos en casas particulares, realizando los
trabajos siempre por encargos. Tenemos posibilidad de alojamiento, pudiendo pasar la
noche en el hostal “Los Rosales”, o continuar hasta Cañamero y hacer noche allí.
Nuestro primer día de camino podemos cerrarlo, si así lo deducíamos, al llega a
CAÑAMERO, a unos 13 km de Logrosán.
El pueblo, famoso por sus vinos tomó su nombre del cultivo del cáñamo, hoy olvidado. Se
encuentran en el centro de las Villuercas junto al paraje del Puerto Llano, 8 km de increíble
paisaje por la carretera de Guadalupe y que no debemos perdernos, aunque no tengamos
la intención de acercarnos a este viaje hasta el mismo Guadalupe.
En Cañamero se encuentra la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, obra de gran
presencia exterior. La ermita de Belén, patrona de Cañamero, está a unos 3 km la derecha
de la ruta que conduce a Guadalupe. El camino es un paraje encantador y en una misma
ermita podemos ver una pequeña talla medieval de la virgen María. Pero lo más ineludible,
en Cañamero, es probar sus vinos, producto que le ha proporcionado gran fama tanto los
de pitarra como los embotellados.
Desde Cañamero podemos conectar con la ruta 3 y pasar el día en Guadalupe. Pero tanto
si vamos a Guadalupe, como si continuamos nuestra ruta del norte, debemos
incorporarnos en la carretera que nos conduce a NAVEZUELAS, dejando a la izquierda el
cruce con Berzocana, que visitaremos posteriormente. El trayecto nos lleva por un paraje
considerado de excepción, densos bosques de castaños y robles, surcados por gargantas
y con enormes picachos de pizarra asomando en alguna de las laderas.
En el entorno de Navezuelas se encuentra la cuenca del Almonte, la Garganta de Santa
Lucía y el núcleo de las Villuercas, todo ello forma una importante reserva ecológica
gracias al difícil acceso de la zona. Todavía encontraremos alguna casa con las
características especiales de arquitectura popular de esta zona, construidas a base de
mampostería, piedra y madera en las balconadas.
Siguiendo en la misma dirección N, pasamos por dos pedanías pertenecientes al pueblo
de CABAÑAS DEL ROTURAS, que se encuentra en uno de los parajes más bellos de las
Villuercas. Su difícil acceso le convierte en uno de los refugios más apreciados por la
fauna salvaje. Numerosas aves de presa, corzos, jabalíes, en algunos tramos del Almonte,
completan un espléndido paisaje, aún hoy sin perturbar. Y especial mención merece el
propio conjunto urbano, una bella muestra de arquitectura serrana y popular.
En RETAMOSA se mantiene las especiales características anteriores de paisaje y
arquitectura popular. Esta última se acrecienta con la aparición de edificaciones de
inspiración indiana que reproducen los modelos del barroco colonial en América. Como
bien dijimos al entrar en Villuercas, la caza mayor continúa siendo una constante en cada
uno de los pueblos que vamos visitando, y la información necesaria la encontraremos
fácilmente preguntando en cualquier bar.
De Retamosa volvemos a la carretera y a poca distancia, siguiendo la carretera paralela al
río Berzocana, encontraremos el pueblo de CABAÑAS DEL CASTILLO. El primer edificio
que veremos es el castillo, obra levantada en un lugar increíble por su inaccesibilidad. Si
conseguimos subir por la pequeña senda tallada en la cuarcita, podemos tener unas vistas
excelentes del entorno.
Flanqueada por dos gigantescas rocas de cuarcita y a los pies del castillo, se encuentra la
villa. En ella es interesante, además de la arquitectura popular, la iglesia de San Gregorio,
que posee influencias mudéjares.
La última pedanía de Cabañas es SOLANA, que se encuentra en nuestro camino.
Podemos sosegar el paso y recorrer sus calles y plaza, antes e incorporarnos a la ruta
para llegar a Berzocana.
El término de BERZOCANA es como toda la zona montañoso, cuajado de bosques de
castaños, robles, alcornoques y matorrales. Sobre el roquedo anidan gran cantidad de
rapaces (buitres, milanos, águilas, etc.) y confundidos e integrados en el paisaje
descubriremos corzos, ciervos y jabalíes. En las inmediaciones de la Dehesa Boyal se ha
localizado un yacimiento arqueológico, en donde se encontraron cerámicas pertenecientes
al s. III. En la actualidad hay un proyecto de Campo de trabajo de la Diputación de Cáceres
para la rehabilitación de una casa de la sierra, que servirá de base para estudiar las
cuevas con pinturas rupestres que existen: las de Morales, los Cabritos y los Canchos de
las Sábanas, todas ellas en la Sierra y de difícil localización (en la zona se halló a
mediados del presente siglo el famoso tesoro de Berzocana, compuesto por diversas
piezas de oro de gran tamaño correspondientes a la orfebrería del Bronce en su etapa
final).
La acampada libre sólo es permitida con permisos del Gobierno Civil. En cuanto al núcleo
urbano, la iglesia de San Julián es u edificio austero y rústico, aunque de grandes
proporciones, realizado en mampostería y ladrillo y data del s. XV y XVI. Su gran tamaño
se explica precisamente porque durante siglos ha atraído a numerosos devotos de San
Fulgencio y Santa Florentina, cuyas reliquias (trasladas desde la iglesia sevillana de San
Juan de Palma durante la invasión musulmana) se conservan en el templo. Los productos
gastronómicos de mayor calidad son queso, miel y dulces caseros.
Dejando atrás las poderosas Villuercas vamos entrando en un paisaje diferente que nos
anuncia de nuevo la presencia de la Penillanura Trujillana. El primer pueblo al que nos
dirigimos es ALDEACENTENERA. Su origen es antiguo, si tenemos en cuenta el
poblamiento existente de la Edad del Bronce en los alrededores y del que ha sido
excavada su necrópolis por la Universidad de Extremadura. En algunas de sus casas
sigue vivo el uso de antiguos telares para la confección de mantas. Al norte del pueblo
queda la cuenca del río Almonte, donde se forman algunas con gran valor ornitológico.
A unos 18 km en dirección S está GARCIAZ. Es un escalón en el relieve, al situarse en las
estribaciones de Villuercas. El paisaje es de jaras, matorral, encinas y alcornocales. El
edificio más representativo es la iglesia de Santiago Apóstol. La parte mas antigua es la
cabecera que conserva baquetones góticos de fines del s. XV. Tres portadas permiten el
acceso, dos laterales de mediados del XVI, y la de los pies de finales del mismo siglo.
Volviendo sobre nuestros pasos hasta la aldea de Toledillo tomamos el cruce hacia la
izquierda que nos lleva a MADROÑERA. Aquí se encuentran dos restaurantes con
especialidad en comidas caseras. Podemos pedir el exquisito plato de la casa, escabeche
extremeño. En la plaza se encuentra el Rollo de Justicia del siglo XVI y la iglesia de la
Concepción y cerca la Plaza de Toros.

EL PALACIO DE CHAVES MENDOZA DE TRUJILLO

El edificio está próximo a la puerta de San Andrés, situada en el  frente meridional de la muralla, dispone de arco apuntado que descansa  en impostas decoradas con pometeados correspondientes a finales del siglo XV. Esta puerta fue construida a finales del siglo XV para permitir el acceso a la Villa desde este lugar, pero la puerta original de época árabe se encuentra ubicada en la pared del Palacio Chaves Mendoza, quedó incluida dentro de esta Casa-Fuerte. Es, claramente, una puerta que tiende al peralte, construida a base de mampostería, sillería en las esquinas y ladrillo, aún se conserva la galería que permitía el acceso al recinto amurallado cubierta con bóvedas de ladrillo. Esta puerta estuvo durante la Edad Media defendida por las Casas-Fuertes de los Escobar y Chaves-Mendoza.

Es preciso señalar, en primer lugar, el desarrollo de una tipología medieval determinada por la presencia de la muralla y por el importante papel estratégico desempeñado por la ciudad después de la reconquista cristiana de 1233 y, sobre todo, durante las turbulentas políticas y militares de siglo XV. Sigue leyendo

VICISITUDES HISTORICAS DEL CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN DE TRUJILLO, DE CENOBIO DOMINICO A COLEGIO PREPARATORIO MILITAR Y COLEGIO RELIGIOSO

Aprobada la Orden dominicana por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216, los primeros dominicos no se establecieron en Extremadura hasta la segunda mitad del siglo XV[1].

No cabe la menor duda que el edificio conventual de Trujillo y el solar donde fue erigido, ha sufrido todas clases de venturas y desventuras, desde que el Concejo trujillano ofreció los terrenos para que los frailes Dominicos levantaran su Convento en los prados extramuros de la Ciudad, ya que se preveía que hacia allí se extendería la población, siglos XIV y XV, y efectivamente así fue. En el siglo XIV el Berrocal estaba densamente poblado y el pequeño convento que los Dominicos levantaron en el sitio conocido por Papanaranjas, en 1466 (en tiempos del rey Enrique IV y del obispo de Plasencia cardenal Juan de Carvajal)[2], dedicado a Santa Catalina, fue transformado y se trasladaron en 1489 al solar ofrecido por el Concejo trujillano que aportó cuantiosas cantidades para la construcción del nuevo Monasterio e Iglesia, entre los años 1500 y 1525[3] aportaron más de 300.000 maravedíes, llegando a contar hasta con 32 religiosos en el nuevo cenobio[4]. Con las aportaciones recibidas por el Concejo y vecinos de la ciudad se pudieron ejecutar las obras poniendo el convento bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación[5]. Entre los años 1490 y 1525 se desarrollaron las obras más importantes de construcción del nuevo edificio conventual, dirigiendo las mismas el maestro cantero Alonso Dávalos[6] y en las que también intervino García de Secadura[7], que ya había realizado trabajos en la calzada lindera de los prados de la esquina de la Encarnación[8]. Alonso Dávalos fue un maestro de cantería muy activo en la primera mitad del siglo XVI en Trujillo realizando obras urbanísticas importantes para el Concejo pavimentando varias calles, la ejecución de la calle del Cañón de la Cárcel[9] y las Casas del Concejo junto con sus parientes Gómez Dávalos y Hernando Dávalos[10]; así el Caño de los Prados[11], las Fuentes de la Añora y Chica[12]; y en poblaciones comarcanas como el puente sobre el río Magasca en la Crtra. Badajoz en 1512[13].

Importante foco de atracción fue la calle entre la Plazuela del Espíritu Santo y el Convento de la Encarnación, que así lo llamaron los Frailes Dominicos y a pesar de que en Trujillo existían seis monasterios a finales del siglo XV: San Francisco el Real, Santa María, San Pedro, Santa Isabel, San Francisco y Encarnación, este fue el que atrajo la atención de los municipios de aquellos tiempos, prueba de ello que en acuerdo del Concejo de 13 de abril de 1581, se ordenó el paso (la calle) desde San Andrés hacia la Encarnación. A los Dominicos se les concedió la antigua Sinagoga Judía, para que bajo su protección se fundara el Convento de Monjas, bajo la advocación de Santa Isabel. También en 1571 el Prior de la Encarnación predicó el día de Ntra. Sra. de Agosto, señalándose así la buena disposición de la Ciudad hacia estos frailes, y reconociéndoles los beneficios que estaban proporcionando a Trujillo. La fama de este Convento estaba reconocida en todo el Reino y en pocos años fue tan grande su aportación a la vida cultural de la Ciudad que trascendió hasta la Corte  y en 1619, Felipe III, a su paso hacia Portugal para jurar en las Cortes de Thomar, firmó el acta de constitución de la Cátedra de Artes y Oficios generales. Tanto el Obispo Placentino  Fray Francisco Lasso de Vega que terminó a sus expensas la iglesia conventual[14], como el también Obispo de la misma Diócesis Pedro González de Acebedo, contribuyeron con grandes cantidades al sostenimiento de la labor cultural que se estaba impartiendo por los Dominicos. De aquí salieron insignes alumnos, preparados para integrarse en las más celebradas Universidades, después de recibir la sobresaliente instrucción que impartieron Dominicos eméritos: Fray Felipe de Meneses, catedrático en Alcalá de Henares, Fray Diego de Chaves, Fray Pedro Xaque, Fray Vicente Valverde, que acompaño a Francisco Pizarro en la conquista del Perú y otros.

El padre Barrado Barquilla ha localizado un libro manuscrito de 77 hojas en el Archivo dominicano de la Provincia de España ubicado en el convento salmantino de San Esteban, consiste en el Libro de Profesiones del Convento de la Encarnación de Trujillo donde aparecen inscritos desde el 11 de marzo de 1537 todos los  profesos (sus padres y origen o procedencia),  priores, provinciales y maestros de la orden. El libro finaliza el 12 de octubre de 1759 con la profesión de fray Francisco Cavallero que profesó ya en San Esteban de Salamanca[15].

La fama adquirida por los frailes en su convento trujillano atrajeron a él, ilustres personajes que le beneficiaron con sus ayudas y privilegios, tanto eclesiásticos[16], reales[17], municipales[18] y particulares[19], llegando algunos de ellos a elegir este lugar para sus enterramientos: Gonzalo Pizarro, Luis  de Chaves el Viejo[20] -al que los monarcas católicos le encomendaron una misión muy concreta pero difícil: mantener para la Corona la ciudad de Trujillo-; en Julio de 1738 el Obispo placentino Don  Fray  Francisco  Lasso  de  la  Vega y  Córdoba,  recibió  tierra  en  la  Iglesia  de  la  Encarnación en  la  sepultura  que   a  sus  expensas  había  mandado  construir  junto  a  las  gradas  del  dicho  Altar  Mayor  y  que  fue  cubierta  por  una  lápida  preparada  también  por  él . No  encontré  dato  alguno  referente  al  traslado  de  sus  restos  desde  este  lugar  sagrado  al  Convento  de  San  Pablo  en  Sevilla,  lo  cual  él  había  mandado  se  hiciera  en  tiempo  oportuno  por  su  testamento; en  1759 Isabel  María  de Orellana  y  Tapia, hija  de  Antonio  de  Orellana  y  Tapia  y  Brianda  Bejarano  y  Girón,  que  había  también sepultado  en  la  Capilla  del  Rosario. En  el  mismo  recinto  sagrado  yacían  los  restos  de  Francisco  Javier  de  Serna,  viudo  de  Ignacia  Alvarez  de  Toledo, hijo de Esteban de Serna. Su sepultura estaba dos pasos afuera de la Capilla del Cristo de la buena muerte.

Monumental conjunto conventual. Posee un templo de nave única con crucero y pares de capillas laterales en ambos lados de la nave. El interior de la iglesia está cubierto con cañón con lunetos, elevándose sobre el crucero una amplia cúpula hemiesférica sobre pechinas. Sigue leyendo