HOMENAJE A SANTIAGO CASTELO

 

En el micromundo de los medios de comunicación en España y América es habitual que se mencione a menudo el nombre de Don José Miguel Santiago Castelo  como ejemplo y modelo de periodista, pero son pocos los profesionales que se animan a manifestar su admiración abiertamente o publicarlo en el lugar donde se desempeñan. Pero el análisis de su vida y su obra nos demuestran que él fue más allá de las coyunturas y que es un ejemplo del buen periodismo y de la poesía jugosa. Como amigo es un orgullo ofrecer al público lector unos pequeños bocetos de su activa y enriquecedora vida. Fuera de lugar estaría, desde luego, la pretensión de incluir dentro de los estrechos límites de una semblanza, un análisis del fondo conceptual de la obra fundamental del biografiado supremo homo faber— que “ha inventado para sí y de sí una conciencia nueva”, y que ha sido capaz de sobrepujar aun una conciencia social, un Nos que suplanta al yo individual, y que es el que hace posible —con un horizonte ilimitado y en continua expansión— la real transustanciación del Universo. Puede bien decirse —sin temor a un exceso— que su obra total es de extraordinario valor

El 11 de septiembre de 1948 nace en Granja de Torrehermosa (Badajoz), quien habría de convertirse —en las postrimerías de éste, y por obra de una infatigable labor que escasamente ha sabido de treguas— en el más grande de los poetas en lengua castellana, y en uno de los periodistas más rigurosos, versátiles y fecundos del presente.

 

De muy temprana edad colabora con el diario “Hoy” de Extremadura revélanse en él —según puede percibirse de los textos de sus primeros escritos, llevados a cabo cuando apenas contaba 17 años—, una singular capacidad de análisis, así como un especial poder de penetración crítica. Manifiéstase, además, en las primeras fases de su evolución intelectual, un rasgo de su personalidad, que irá tomando paulatinamente— con el avance inexorable de su pensamiento, —un contorno cada vez más definido, y que acabará siendo el atributo espiritual más distintivo de su ser: el superior don de crear incesantemente, sin límite a la espontaneidad innovadora, ni a la libertad y autonomía de pensamiento.

En 1968 comienza la carrera de Periodismo. A los veintiún años ingresó en ABC de Madrid, diario en el que desde 1988 es Subdirector. En 1972 obtiene el premio  “Nicolás González Ruiz” al mejor expediente académico de las Escuelas de Periodismo de toda España.

La impresionante trayectoria de su vida intelectual, respaldada de continuo por una inquebrantable voluntad de trabajo, e impulsada por un vigor creativo difícil de igualar, le han merecido el puesto de privilegio que ocupa en la intelectualidad del mundo, y que hoy se le discierne sin discrepancia.

Ha dirigido revistas, ha organizado coloquios y lecturas poéticas, colabora en periódicos y revistas iberoamericanos y sus versos han aparecido en numerosas publicaciones de todo el mundo. Podemos recordar el ensayo biográfico “Pedro de Lorenzo” (1973), “Su inmediato futuro político” (1975), un sabroso libro de poemas de raíz extremeña “Tierra en la carne” en la primera de 1976 que se agotó en una semana.

José Miguel es un viajero incansable ha recorrido numerosos países y ha pronunciado centenares de conferencias y discursos en España y América. En 1979 asistió en Bulgaria al I Congreso Internacional de Escritores representando a España junto a Camilo José Cela, Alberti y Jaume Fuster. Ese mismo año publicó su “Memorial de ausencias”, libro con el que inauguró el curso poético del Ateneo de Madrid de ese año y con el que obtendría tres años después el premio Fastenrath de la Real Academia Española, uno de los más importantes galardones de la Literatura Hispánica y que se concede cada cinco años a un libro de versos publicado. También en 1979 sale a la luz una antología poética de su obra en editorial Esquina Viva de Badajoz.

Corresponde, también a aquel período de su activa vida, sus constantes lecturas y artículos de carácter humanístico y científico del pensamiento clásico, cuyas tareas ha prolongado sin solución de continuidad hasta nuestros días, logrando así forjar una sólida cultura, cuya vastedad causa impresión de pasmo, y que le ha permitido incursionar —con la mayor propiedad— en los dominios más heterogéneos del saber. Agrega a todo ello la destreza y el conocimiento que ha alcanzado en el manejo de las lenguas vivas de mayor circulación, lo que le ha provisto un inapreciable instrumental de trabajo, que le ha facilitado abrevar en los textos escritos en lenguas extranjeras en su versión original, sin hacerse víctima de la proverbial infidelidad e incuria de la mayoría de los traductores.

El ambiente de íntimo recogimiento en que cursó los estudios primarios y los básicos en nuestra región, el profundo contenido religioso de su formación inicial, así como la atmósfera clerical dominante en España había llegado a concentrar un inmenso poder, y, por último la dirección aristotélico-tomista de su educación, prefijada por sus ductores e impresa por éstos en la arcilla de su alma juvenil, le harán desembocar —por gravedad— en la decisión de consagrar su vida al periodismo, siendo totalmente objetivo en sus publicaciones articulistas, a pesar de que por espacio de algunos años estaría sumergido en el sopor dogmático de la escolástica, la severidad racional y la objetividad de juicio.

En 1980 ve la luz una selección de su libro “Monólogo de Lisboa”, y por su poemario “La sierra desvelada” obtendría el Premio Nacional Gredos. No sólo testimonia en sus obras la riqueza de la forma, que muchas veces sacrifica la fidelidad a la letra para proveernos el significado de las palabras  en su tiempo, sino sobre todo el invento de una Clave Hermenéutica con la que José Miguel realiza el prodigio de embebernos en el espíritu de nuestra lengua, y de trasladarnos a la atmósfera vital en la que discurrió el quehacer intelectual

En 1982, su pueblo natal le honró rotulando con su nombre la calle que le vio nacer.

En 1984 apareció Cruz de Guía (Ediciones Alpe, Madrid) y en 1985 su Cuaderno del Verano (Colección Alcazaba, Badajoz), libro de poemas a caballo entre Extremadura y el Mediterráneo, que se agotó en pocas semanas y que sería reeditado en la primavera de 1987. En 1986, la colección Adonais publicaba Como disponga el olvido, una antología de su obra lírica con prólogo de Juan Manuel Rozas. Trabajos suyos han aparecido en varias antologías españolas y americanas. Su poemario Siurell, en edición bilingüe, castellana y catalana, con un estudio de Gabriel Camps i Moranta, apareció en Mallorca (Ediciones del Consell Insular) en 1988. Es miembro de la Real Academia de Extremadura y de la Academia Cubana de la Lengua. En la primavera de 1991 fue elegido miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Con motivo del IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz el 14 de diciembre de 1991 fue nombrado hijo adoptivo de Fontiveros, villa natal del autor del “Cántico espiritual”, y miembro de su Academia de Juglares. En enero de 1993 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo “Julio Camba”. En este mismo año la Junta de Castilla y León editó Al aire de su vuelo, con un estudio preliminar de Víctor García de la Concha.

 Inventar ha sido y es, pues, el oficio principal de Santiago Castelo y en esta tarea difícilmente le hallaremos en el presente un igual. Se diría que a lo largo de su vida ha logrado materializar en la región del espíritu, el viejo sueño de la máquina del movimiento perpetuo. Pero no es tan sólo un creador de formas objetivas, en sí transmisibles; también lo es de su propio ser personal. Nos resulta difícil creerlo porque no ha puesto en nuestras manos ningún artefacto al que podamos operar con el empleo de los sentidos. Sus inventos son de otro orden: inventos invisibles se diría. En nuestra humana naturaleza la sensibilidad ejerce un poder gravitatorio sobre las funciones espirituales superiores. Somos irremediablemente empíricos: todo objeto que registra el entendimiento hace primero tránsito por los sentidos. Esta condición nos induce a pensar que sólo son inventos aquellos artefactos en los que el hombre ha enmaterializado un plan: ideas que se han objetivado, y que una vez realizadas se enajenan y las podemos palpar y manipular. Nos resistimos a admitir la realidad de inventos puramente espirituales, sin darnos cuenta de que la ciencia y la técnica de donde proceden todos los objetos artificiales no hubiesen sido posibles -como muestra larga y concienzudamente Santiago Castelo en algunas de sus obras fundamentales- si el hombre mismo no le inventa un nuevo ser a su ser natural y primitivo; si no parte del más originario y fecundo de sus inventos: la conciencia de su propio ser, su mismidad, que lo separará para siempre del animal, impidiéndole caer bajo el dominio de éste. Hay que comenzar, pues, por inventarse un propio ser, para hacer posible el otro género de inventos. Esto es lo que ha hecho a lo largo de su existencia: inventos de contenido intelectual, que lo han transustanciado, y de los que ha emergido un vasto y original sistema de interpretación transustanciadora del Universo. El poderoso torrente de su vida interior lo ha transmutado continuamente, a lo largo de su vida, de un ser en otro, de suerte que en cada punto del tiempo -se diría- abandona el ser que era, para ser uno nuevo y distinto: maravilloso invento de una personalidad proteica, que cada día se reconstruye a sí misma, sin dejar desde luego, en lo esencial, de ser lo que antes era. La trayectoria entera de su vida así lo confirma, una y otra vez. En la primavera de 1995 se publicó su Antología Extremeña (1970-1995) con prólogo de Alejandro García Galán. En septiembre de 1995 se inaugura el “Aula Literaria Santiago Castelo” en el Hogar Extremeño de Barcelona. El 28 de septiembre de 1996 fue elegido Director de la Real Academia de Extremadura. En la primavera de 1997 apareció, en edición numerada de bibliófilos, su libro de prosas poéticas Habaneras. Su libro Hojas cubanas, con motivo del centenario del desastre colonial, lleva prólogo de Alicia Alonso y fue editado por la Academia Cubana de la Lengua en septiembre de 1998. Por su defensa de la realidad iberoamericana, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Sociedad de Estudios Literarios “Alfonso Ortega Carmona” le ofrendaron, en abril de 1999, un homenaje en la emblemática Casa de las Conchas de la ciudad salmantina.
En el verano de 1999 obtuvo el premio de poesía “Alcaraván” y la Redacción del diario “Hoy” le eligió por unanimidad “Extremeño del año”. Fue nombrado hijo predilecto de Granja de Torrehermosa el 14 de septiembre de 2000 y en diciembre de ese año obtenía el Premio de Periodismo “Martín Descalzo”. Su último poemario, Cuerpo cierto, apareció en la primavera de 2001, con prólogo de Juan Manuel de Prada. Lo publicó la Editora Regional de Extremadura. El 16 de febrero de 2002 fue reelegido director de la Real Academia de Extremadura.
Día a día continúa al presente trabajando. Recientemente nos ha sorprendido con su insólita obra “Cuerpo cierto”, auténtico surtidor de originalidades, un viaje por el alma y por la vida, por el tiempo y el espacio, con algunos pertrechos en las alforjas: el amor, la espera, el abandono…todas las cosas que son la vida envueltas en una cierta melancolía, como la de esas tardes de domingo que el autor refleja en uno de sus poemas: ¿por qué llorará el silencio/las tardes de los domingos?[...]”
Fresca aún la tinta de este libro, nos sigue ofreciendo artículos en periódicos de tirada nacional como ABC con la incontrovertible fuerza de la realidad, que le asegura la fecundidad del proceso de su producción intelectual, algo así como la categoría poética de Santiago Castelo perpetuo, un poeta en cuya entraña habita una tendencia a ser último, pero que antes de pasar a serlo efectivamente, aborta a la víspera, quedando -de esta suerte- en estado perenne de potencia: única, contradictoria y genuina manera de seguir siendo y estando entre nosotros ofreciéndonos lo mejor de su capacidad intelectual.

No dejará aquí de girar la rueda del molino; que, antes bien, vendrá aún más, pues su imperturbable pluma parece ya obedecer, en el flujo de su corriente productiva, los dictados de la Ley de la inercia. Seguirá impertérrito investigando y componiendo como lo hace ahora, con tanta o mayor frescura que en los mejores años de su plenitud física. Y es que, de suyo, es ya una verdadera “frescura” esto de seguir escribiendo, sin piedad alguna por el lector, al que apenas concede tiempo para perseguir, en su natural secuencia, los productos de su inagotable factoría.

Debemos en este punto —por elementales exigencias de fidelidad al personaje objeto de la semblanza, al buen amigo José Miguel Santiago Castelo— dar por agotada la reconstrucción de la línea de desarrollo de su vida intelectual, para abrir acceso al amigo de carne y hueso, pues corremos el riesgo de deshumanizarlo, de despojarlo de contenido vital, y de exhibirlo como un abstractum.

Ha sido un viajero infatigable por el viejo mundo, sin renegar de “su” España, de la auténtica, única e insustituible, de la que –en el fondo- siempre anhela regresar

 

Es uno de los poetas  occidentales contemporáneos de mayor calibre y de más alta calidad, entre los intelectuales de nuestras latitudes, a pesar de ello, no es un hombre que utilice esta virtud pues siempre que se le necesita en su tierra para pregonar algún acontecimiento, asistir como miembro de jurados de Premios Poéticos o simplemente, para pasar una tarde con sus amigos, siempre acude presto.

Se ha dedicado a vivir y trabajar intensamente entre nosotros, con la desenvoltura y espontaneidad naturales de un extremeño nacido en Granja de Torrehermosa, y sin hacer ostentación en ningún momento de la alta jerarquía intelectual de la que se sabe investido.

En su obra renacen, objetivamente, su ser físico, intelectual y moral. Su porte augusto, su venerable rostro  y su voz de entraña causan en todo el que se le acerca por primera vez, una sensación de estupor, contracción y temor reverencial; pero muy pronto estos sentimientos ceden paso a la confianza comedida y a la admiración ante la amabilidad de sus modales y por obra de su afectuoso y espontáneo trato. Modesto por naturaleza, posee el minimum de vanidad indispensable para preservar el orgullo bien entendido, sin degenerar en ningún momento en las actitudes petulantes a las que son proclives quienes se dedican, en lo esencial, al cultivo de las actividades intelectuales.  Su apacible carácter y su bien aquilatada humildad no desdicen, empero, de un coraje moral a toda prueba, con el que sabe defender -con máxima energía y enterezada, cada vez que las circunstancias así lo imponen-, sus puntos de vista y sus firmes convicciones.

Si algún rasgo es descriptivo de su personalidad es el interno equilibrio de sus valores, armonía que se percibe en su hablar pausado, así como en su discreción y sensatez, y en sus ponderados movimientos de expresión. Contagia a quienes lo rodean de una envidiable serenidad, a la que ningún fenómeno parece alterar, y en la que no suele aparecer ninguna manifestación de su agitado mundo interno.

En la Academia extremeña su conducta agrega a estos atributos un rasgo sobresaliente, que lo distingue también en su vida personal: su proverbial generosidad. Es –se diría- la imagen cabal del ideal aristotélico de la más elevada jerarquía: la grandeza de alma. En su vida no ha hecho otra cosa que repartir oxígeno por todas partes: quizá el más fecundo y apreciable de sus inventos.

 

 

        José Antonio Ramos Rubio

        Cronista Oficial de Trujillo

LA VIRGEN MEDIEVAL DE NTRA. SRA. (ERMITA DE LA CORONADA DE TRUJILLO)

En el muro del Evangelio, cobijada bajo una hornacina, se conserva la magnífica talla de Ntra. Sra. de la Coronada con el Niño en brazos. Pero, este no fue su emplazamiento primitivo, en la Edad Media fue muy venerada en la ermita que lleva su mismo nombre, La Coronada, situada a 10 kms. de Trujillo y, propiedad de la villa de Trujillo, fue entregada a los caballeros Templarios hasta la extinción de dicha Orden, por el Papa Clemente V con la bula “Vox in excelso” (3 de abril de 1312), volviendo la villa de Trujillo a correr con la dotación y culto de esta ermita y por voto solemne del pueblo, recordando la victoria sobre los árabes (1233), iban los trujillanos con el Concejo todos los años en procesión a dicha ermita el lunes de Pascua de Resurrección y se celebraba una suntuosa fiesta en honor de Ntra. Sra. de la Coronada. Esta costumbre duró hasta el año 1687, fecha en la cual tuvo lugar la celebración del Sínodo placentino, la Constitución VIII dice: “Que ninguna procesión se haga à iglesia, ò Hermita, que diste mas de media legua del Lugar, salvo à algun Santuario celebre en tiempo de urgentissima necesidad“. Desde entonces se perdió el culto en la ermita de la Coronada.

En el año 1809, los franceses destruyeron la ermita y la imagen de la Virgen con el Niño, fue trasladada a la parroquia de Santiago en Trujillo, ya que la ermita era aneja a dicho templo. Aquí estuvo depositada la Virgen de la Coronada hasta el año 1989, fecha en la cual comenzaron las obras de restauración de la iglesia de Santiago, trasladándose la imagen a la parroquia de San Martín.

Se nos ofrece Ntra. Sra. de la Coronada sedente sobre un trono decorado con molduras y elementos curvilíneos, es un escaño típico de la región aragonesa, como ponen de manifiesto la Virgen de la Colegiata de Daroca o la del Santuario oscense de Salas. Ntra. Sra. sostiene con la mano derecha lo que parece una alcachofa, mientras que con la izquierda sostiene a su Hijo. Este está sentado sobre la rodilla izquierda de su Madre, pero se gira con suavidad hacia su derecha, en un deseo de humanidad y naturalismo típico de la escultura tardorrománica. En cualquier caso, el grupo humanizado que relaciona a María con el Niño alcanza su mayor esplendor en la Virgen de la Sede de Sevilla y en la del  Sagrario de Plasencia.

El Niño de la imagen trujillana lleva corona mayestática, como es propio de la imaginería arcaica, sujeta el Libro de los Siete Sellos (alusivo a su segunda venida apocalíptica) con su mano izquierda y está en actitud de bendecir. Este lleva túnica talar de color marrón oscuro, con las bocamangas, los ribetes del cuello y la corona dorados. La policromía de la cara, al igual que la de su Madre, son modernas (retocadas en la restauración de 1979). Además, lleva los pies desnudos. Por su parte, la Virgen María, es hueca por detrás, característico de las imágenes de campaña. Viste túnica de color blanco-marfil, con adornos de color rojizo, el cuello que ostenta la túnica es muy ajustado, rasgo típico de la estatuaria antigua. Sobre la túnica lleva un manto de color azul decorado con flores cuatripétalas, cuyos pliegues son muy rígidos, de enorme influencia románica, caen pesados y paralelos, sin naturalismo, dejándonos ver los zapatos puntiagudos con los que calza sus pies la Virgen.

Los trujillanos siempre han profesado especial devoción a esta imagen, celebrando solemnes misas en su altar en sufragio de difuntos, indulgencias por rezar ante la imagen limosnas por agradecimientos. El único Inventario que se conserva en la parroquia de Santiago corresponde al año 1857, en éste se da cuenta detallada de los ornamentos pertenecientes a Ntra. Sra. de la Coronada.

En el año 1964 fue llevada al Casón del Retiro, en Madrid, para ser restaurada. Su restauración fue desafortunada, ingresando en 1979 en el Taller de Restauraciones Artísticas de don José Gómez, en Trujillo. Nos encontraríamos ante una talla de la Virgen con el Niño fechable en la primera mitad del siglo XIII, ligada a la Orden del Temple, como es también el caso de Ntra. Sra. de Montfragüe. Estas dos imágenes citadas son probablemente las más antiguas representaciones de la Virgen María en Extremadura, después de la de Guadalupe.

 

EL DESASTRE DE ANNUAL

En el  mes de febrero de 1920 tomaba  posesión de la  Comandancia de Melilla  el general de división, procedente del arma de Caballería, don Manuel Fernández Silvestre.

Desde el desastre de 1909, cuyo hecho más sonado había sido la derrota  de las fuerzas españolas en el barranco del Lobo, los comandantes generales – Marina, Aldave,Gómez  Jordana y Aizpuru – que precedieron a Silvestre en el mando, habian avanzado con gran  prudencia  por la zona oriental del Protectorado marroquí . En esos doce años apenas si se había conquistado algo más del terreno perdido en las dramáticas jornadas de julio de 1909.

Las líneas de penetración española habian cruzado el río Kert y se extendían, muy poco a poco, por  sus alrededores , mientras , hacia el sur, se aproximaban al río Muluya.

El General Silvestre mostró en seguida su disconformidad  con esa lentitud. Imprimió al avance  un impulso febril.En un año, aproximadamente, conquistó el nuevo Comandante General un territorio casi tan extenso como sus antecesores durante doce años . En la zona de Melilla se hablaba con inquietud de las  (bigotadas ) de Silvestre.

El general, hombre irritable y nervioso, tenía la costumbre de manosear, mientras hablaba , sus grandes, poblados  y  erguidos mostachos, y de ahí  el apelativo a sus arriesgadas empresas..

La inquietud daba pábulo a otros rumores. En la zona occidental del Proctetorado avanzaba también sus tropas, con más cautela que Silvestre y con idéntica fortuna, el Alto Comisario de Marruecos, general de división don Dámaso Berenguer . Se decía que entre el alto comisario – jefe supremo del Protectorado-

Y comandante General de Melilla – su subordinado – se había establecido una especie de pugna de gallardías y, quizás,de choques de autoridades .

Antes de la llegada de Silvestre , toda  la fama de la conquista  del territorio Marroquí recaía en la zona occidental. .Silvestre pretendía  que se hablase también de su zona . Anhelaba ganar laureles y glorias para su patria , para el rey y para sí mismo. Se llegaba , incluso ,   a asegurar  que Silvestre había  emprendido  gran   parte   de sus arriesgadas operaciones ,sino todas , prescindiendo de la oportuna autorización del Alto Comisario . Esta especie  puso en circulación otra , que esgrimían crudamente los

Ardidos izquierdistas :  La  participación  directa del Rey en la campaña de Melilla.

Alfonso XIII  tenia mucha amistad  con el General SILVESTRE , QUE HABIA SIDO  su ayudante de champo . Se rumoreaba que las operaciones – cuya finalidad – era la ocupación de la bahía de Alhucemas – estaba dirigida personalmente por el rey, secundado por SILVESTRE, a espalda del ministro de la guerra y de BERENGUER.

No obstante  ,era muy cierto que silvestre , sin necesidad de direcciones ni de estímulos reales, parecía muy capaz de emprender acciones bélicas por cuenta propia , a poco que se ledejará , ni aún sin dejarle , como lo probo, años hacia , en las alternativas de sus elaciones con el Risuni , que acabarían  por provocar la guerra.

 

 

Manuel Fernández  SILVESTRE  había nacido el 17 de diciembre de 1871. en 1889  ingreso en la academia general militar  siguiendo después sus estudios en la academia de caballería, de donde salió con el grado de segundo teniente.

Empezó prestando servicio en el regimiento de María Cristina. En mayo de 1895  se le destino al escuadrón del regimiento de tetan, expedicionario de la Isla de cuba. dos meses después , el 26 de julio  , intervenían en los primeros combates , contra los manbises.

El futuro General Silvestre regresa de Cuba en 1868, poco antes de la consumación definitiva del desastre colonial. Había luchado durante toda la campaña  participando en cerca de medio centenar de acciones bélicas.

 

Volvía con el empleo de Comandante – obtenido por méritos de guerra-, con algunas  cruces y 16  heridas. EL 11 DE ENERO de 1898, y en el          potrero   caridad – La ultima batalla en que tomo  parte – cargo sobre los  lambieses  con el escuadrón de vanguardia, sufriendo dos heridas de bala. Volvió a la carga  nuevamente, recibiendo otros tres balazos – y once heridas  de arma blanca. Evacuado a  hospital de morón en gravisimo estado, le salvo  de la muerte su robusta naturalezas, y su << buena estrella >>, como a ‘él le gustaba decir.

 

Su primer contacto   con Africa  fue en Marzo de 1908, cuando España  trato de romper, aunque sin mucha   decisión,  el  dogal con que Francia  pretendía estrecharla, y se ocuparon Mar china y Cabo de Agua.

En este mismo año de 1908, Silvestre desembarca al mando de las fuerzas españolas, cuando los sucesos de Casablanca. Después, con un arroyo y un valor verdaderamente temerarios  se adentra centenares de kilómetros en territorio marroquí, sin mas compañía que una sección de moros. Visita  lugares casi desconocidos, en una época en que el gobierno Cherifano no podía ofrecerle ninguna garantía para su seguridad personal, como lo probo el asesinato en Marrakesh del doctor Mauchamp, delito que quedo impune.

En 1911,siendo teniente coronel, ocupa Carache con la ayuda del Raisuni. Ocupa también Alcázar y atraviesa con sus tropas el río Lucus. Sus primeras diferencias con el Raisuni surgen a causa de los abusos del jefe moro en la cobranza de las fardas(tributos).

El cherif  Muley-Hamed-Ben-Mohamed-Ben-Abdalah-Er-Raisuni, apodado el jabato, era un hombre valiente. Era también astuto, sagaz, hábil diplomático y pedigüeño insaciable. Sus eternas dilaciones y cautelas, el constante incumplimiento de las promesas, su taimada filacteria  sacaban de quicio a un hombre franco, leal y expeditivo como Silvestre. El Gobierno español le ordenó que contemporizase con el Raisuni. Silvestre lo intentaba, pero el ladino jefe moro seguía exasperàndole. El Raisuni le dijo en una ocasión: << Tú eres el viento, yo soy el mar>>; el viento agita las aguas, pero pasable mar permanece.

Silvestre solo veía en el Raisuni a un enemigo de España. Denunció las violentas exacciones de este déspota brutal, los tormentos a que sometía a sus victimas, la prisión de centenares de infelices que yacían sepultados en horrendos calabozos, donde morían por docenas. Dio cuenta del desfile de moros que solicitaban protección contra el tirano y detalló las radicales medidas que creía era urgente tomar contra el Raisuni, cada día más sospechoso de traición a la causa  española. Las combinaciones politìcas y el juego diplomático, no obstante, continuaban frenando su impetuosidad. Silvestre se debatía  iracundo. Apoyó sin, embargo, la candidatura del Raisuni, su gran rival, para Jalifa lo que hubiera sido un acierto, como la mayoría de sus observaciones y tampoco fue  escuchado. Finalmente, exasperado hasta el paroxismo, se apodera de Arcila, sin haber recibido órdenes para ello. Despues, y sin pedir tampoco autorizaciòn, toma contra el Raisuni una serie de medidas con las que desencadena la guerra.

En los años siguientes-1912,1913 y 1914- libra brillante acciones, se le conceden varias cruces, es felicitado por el Rey y el gobierno, y es ascendido a general de brigada por sus victoriosos combates en Duar- Mazora y zoco de Arbaà Del Aixa, nombrándosele, además, Comandante General de Larache.

En 1916 regresó a España. Fue ascendido a general de división y nombrado ayudante de campo del Rey.

Cuando fue destinado (1920) a la Comandancia  General de Melilla, Silvestre tenía 48 años. Era un hombre alto, robusto, de facciones correctas y mirada penetrante. Militar pundonoroso, valiente y osado, sentía  un vehemente amor hacia su patria y adoraba  en la persona del Rey. El general, aunque tildado de severo, se dejaba arrastrar fácilmente por debilidades amistosas. Bastaba con que algún condiscípulo de la academia  de caballería le recordara sus tiempos de estudiante-etapa de su vida que le era particularmente grata-para que el general le concediese cuanto pidiera y le llamasen, familiarmente, Manolo. Individuo sumamente impresionable, espontàneo, nada simulador, arrebatado en sus acciones- como en su lenguaje, frecuentemente rudo-, obedecía a simpatías y antipatías radicales. En sus borrascosas diferencias  con el Raisuni subyacía, aparte de otros justificados estímulos, la manía que le tomo Silvestre desde los primeros contactos.

Este general acostumbrado  a vivir y sortear el peligro desde su extrema juventud; soldado valeroso y confiado en sus dotes y en  la providencial tutela  de  <<sus estrellas>>con la que había vencido, incluso, a la muerte; este general, cuyos defectos, y más aun, sus virtudes, resultaban negativas para, llevar a  feliz  termina una empresa como la de Melilla, es quien, el 15 de mayo de 1920 –tras una conferencia con Berenguer, en  marzo anterior, toma de Kelacha, en el camino de Tafersit y del valle de Sidi Yacub.

Quince días mas tarde- después de una nueva conferencias con el Alto Comisario- se apodera de Dar Drius, importante posición en la orilla izquierda del río Kert. El avance era profundo y arriesgado. El general rebasaba ampliamente el monte Mauro- situado a al derecha de su progresión -, que ocupaba la cabila de Beni-Said, aún sin someter. Otras  amenazas se cernían  también  por el  flanco izquierdo.

Practicaba el general un método utilizado a menudo por los franceses, en su zona del protectorado, con muy halagüeños resultados: la penetración lo más rápida posible hacia un objetivo, aprovechando la sorpresa y la falta de preparación de los moros. Procuraban los franceses, desde luego, dejar expedita su línea  de comunicación, pero desdeñaban no pocas dificultades, cuyo vencimiento era obra posterior.

Operando siempre en la llanura, el 24 de junio se apodera de cheif, Ain-kert y carra-midar.

A mediados de julio de 1920, el vizconde de Eza, ministro de la guerra, visita Marruecos. Su estancia discurre entre festejos, jubilo y parabienes. El ministro se emociona al ver abrazarse a Berenguer y Silvestre, los dos generales victoriosos.

Era cierto que, a causa de la cautelosa información sobre las operaciones, existía en la península un gran desconocimiento y hasta una indiferencia casi total por lo que ocurrA EN EL PROCTECTORADO, PERO LOS ESPAÑOLES- SOBRE   todo los que sufrían la guerra- no permanecerán impasibles si la atroz pesadilla marroquí terminaba. Y llevaba trazas de terminar bajo la dirección de  los dos invencible caudillos.

Silvestre acentúa la celeridad de sus movimientos y honda cada ve<z mamás profundamente en el territorio enemigo, comenzando a adentrarse en terreno montañoso, donde acecha, invariablemente, el peligro.

El 5 de agosto se encuentra en Tafersit, capital de la cabila del mismo nombre. Se  apodera de hamuda, posición que domina el poblado. Los notables de la cabila le reciben amistosamente. El general lo aprovecha para establecer varios puestos en las proximidades. Después se dirige hacia el sur de Tafersit, tomando Midar el 14 de agosto.

Mes y medio más tarde- el 1 de octubre- vuelve a avanzar frente a Tafersit y se apodera de Bu-Hafora.

Su línea de comunicación se alarga excesivamente y se debilita. El general sigue operando con los mismos contingentes, y esta falta de esfuerzos acentúa la peligrosidad  de su empresa Ha penetrado mucho, imprudentemente, sin cuidar sus flancos. La progresión se adentra  como  una lanza quebradiza, clavada un poco a la ventura en las entrañas del hostil territorio rifeño.

El General, sin embargo, detiene en este punto su marcha victoriosa. Debe de meditar  sobre le enorme riesgo. A su retaguardia, muy distante ya , ha quedado la amenazadora región del monte Mauro, fortaleza natural poblada de enemigos , contra la que se han estrechados siempre todos los esfuerzos de los Generales españoles .

La imprudente euforia guerra del comandante general  tiene una excusa . Delante de él ha ido avanzando , desde el comienzo  de su afortunada campaña, una aureola de prestigio que crece con cada nueva conquista , con la fulminante decisión de sus ataques . El éxito político de Silvestre es incuestionable .Los jefes moros acuden a su encuentro , le rinden pleitesia sacrificando reses , hacen protestas de sumisión y amistad y le instan ha seguir progresando . El general avanza , avanza , no puede resistir a la sugestión de un triunfo que se le brinda tan acelero . EN BU-HAFORA, sin embargo , se detienen.

Las idas pasan .Silvestre espera . AL principio del mes de diciembre , el General se entera de las graves disensiones que existen entre los rifeños de BENI- SAID  y los beniurrialgueles , feroces guerreros de la cabila de ABD-EL-KRIM ,que apenas es todavía un enemigo en potencia .

El 11 de diciembre  entabla negociaciones con los cabileños de BENI-SAID .

Impetuosamente, con una de esas decisiones de soldado audaz , valeroso e intuitivo aquel < rayo de

La guerra > sale con varios batallones y , sin dar tiempo a los jefes moros para discutir , ni para reponerse de la sorpresa , irrumpe en el monteMauro por varios puntos, clavando la bandera española en ULAD-AIZA, LA CUNBRE MMMMAS ALTA , sin disparar un solo tiro . IMEDIATAMENTE OCUPA  SIDI-ABDALAT, HACH-BUZIAN,TIZIINOREN,TIMAIAST Y DAR-QUEBDANI.

Con esta afortunada  operación, acreditativa de su bravura y su talento militar ,quedaba conjurado el peligro que se cernía amenazador sobre su franco derecho.

A Silvestre  le cegó, sin duda , el éxito. Fue un grave error no advertid la urgente necesidad de refuerzos .¿  Confiaba en la superioridad española , como tantas veces , casi invariablemente ,habían venido haciéndolo los Generales? . Seguramente.

La ambición del General  se cifraba  ahora  en la  cabila de Tensaman. ALLI ESTABA LA SIERRA DE Quilates, divisoria entre los valles del río Amekran y de Nekor. En el valle del Nekor, la cabila de BENI- Urriaguel, ultimo obstáculo para alcanzar la bahía Alhucena , al airón de la victoria decisiva , la deslumbradora  luz  que cegaba al general arrastrándole a su perdición inesperadamente, en enero de 1921 ,los cabileños de Tensaman se presentaron a ofrecerle su amistad . Necesitaban armarse para hacer frente a sus vecinos , los temibles urriageles . El comandante General le facilito fusiles y munición. Las perceptivas para nuevos avances no podían ser más halagüeñas . Silvestre se preparo consolidando su franco derecho . Ocupo MEHAIAST  y algunos otros puntos, aunque muy alejados y dispersos, en la cabila de beni-ulixek, e  hizo un desembarco en SIDI-HASSAIN, estableciendo la posición de Afrau en la costa.

Desde Afrau  el curso medio del río UAD – ÉL – KEBIR O AMEKRAN  debe de haber en linea recta unos veinte Km . El río amekran es la línea fronteriza entre las cabilas de beni- ulixek y tafersit , situadas a la derecha de su curso , y la de tensaman , que se inicia en la margen izquierda.

Por dos caminos se puede llegar al río amekran : el mejor de ellos  discurre por Hamuda. Tafersit , tizi- assa, en el otro , el de annual  , hay una profundisima , casi insalvable barranca . El General escoge este ultimo ,¿por qué? .

Por  consideraciones  políticas ,a petición de los moros de beni-  ulixek

La  mayor  parte de  las posiciones son elegidas  ,no por motivos de  estrategias, si no obedeciendo a  esas otras  sugestiones . Los  cabileños  se  han mostrado  amistosos con SILVESTRE   . Le  han invitado

A  avanzar  y han  facilitado extraordinariamente  su victoriosa campaña  .El  general  se ve obligado  a guardarles  consideraciones  .No  puede rozar con ellos ,con los que están   amigos  ,y accede  a sus  solicitudes  .Silvestre , a demás   -ya lo hemos dicho  -,tienen  confianza  en sí ,en la superioridad   española ,en su  buena  estrella.

El   17  de febrero  de 1921  llega  al  poblado  de  dahar- buyan . 4 km   a retaguardia  de este  punto   estable  la posición  de  annual    .

EL 15 de marzo  se ocupa  Sidi-    dris  . La operación  se realiza  con tropas   que  salen  de  annual. Avanzan  en  dirección a la costa,  vadean  el AMEKRAN  y establecen   esta posición   en  la playa ,cerca de  la desembocadura   del río  en territorio  ya de  la cabila  de  TENSAMAN  .

El avance se  interrumpe .Sobreviene una tregua .ANNUAL  se encuentra  a135 km  de MELILLA .LA acometida   de SILVESTRE  ha sido  una sensacional  galopada  .El fin de la pesadilla  de Africa  parece llegar su termino .En la zona  occidental ,las fuerzas de Berenger  acorralan al jabato en su feudo de BENI-AROS .El raisuni  se debate  impotente ,incapaz de  resistir  al acoso  de los españoles  .

Se  avizora  inminente  el triunfo  definitivo en aquel sector  ,y en el  de MELILLA  esta como al  alcance de la mano  .Abd-el-krim  aun no se halla preparado  ; los rifeños    carecen  de  recursos económicos .La  ocasión  es unica.SILVESTRE solo necesitaría  refuerzos –una división ,menos  de una división …-,pero sus  peticiones  fueron  rechazadas  sistemáticamente  por el  alto comisario .Quizás SILVESTRE no puso  en sus  peticiones todo el  persuasivo calor  de una  convicción  profunda .Y ha  BERENGUER le preocupaba, sin duda ,el revuelo y las complicaciones políticas que desencadenan cualquier  solicitud de nuevos  contingentes  de tropas .Un   sino  adverso parecía  presidir la actuación de ambos generales.

El gobierno no estaba enterado de lo que ocurría exactamente en Marruecos. Era misión de los generales facilitar las oportuna explicaciones, pues con ese fin los había enviado a ellos, los especialistas de la guerra. El gobierno más irresoluto, el Parlamento más hostil,la  nación entera habrían accedido  la solicitud  de tropas  si  esos generales  , los técnicos , hubieran garantizado que iba a poner fin a la terrible sangría . NI silvestre ni berenguer, sin embargo , parecían tener conciencia plena de la situación . No la tuvieron en estos días bonancibles , de feliz augurio , ni en aquellos tan trágico, en la vispera misma de la catástrofe .

Durante la tregua primaveral , silvestre trato de consolidar la zona ocupa , estableciendo  puestos en varios puntos dominantes. Los puestos estaban mal fortificados  , por guarnecidos , y su  elección , confiada frecuentemente  – contra lo previsto  en el reglamento de campaña, que reservaba a una comisión este delicado cometido- a la policía , acostumbraba ha recaer, por las razones política ya mencionadas , en lugares despropósito de todo valor estratégico cuando no en verdaderas trampas sin posibles escapatoria  en aso de peligro .

Otra arriesgada condescendencia se cifraba en permitir que los moros sometidos siguieran conservando sus armas . No todos conservaban la suyas, sino que las aumentaron , proporcionadas por los mismos españoles  u obtenidas en la frontera francesa mediante el contrabando , sobre el que no  ejercía una inspección rigurosa . Los cabileños iban a su trabajo y circulaban de un lugar a otro  por la zona dominada llevando consigo el fusil , que no dejaban nunca de la mano . Tenían abundante munición y se ejercitaban constantemente en el tiro . Algunos de estos fusiles – los de origen francés – eran modernos , magníficos: el famoso lebel de repetición , arbaia (cuatro tiros),como lo llamaron los rifeños . Él ejercito español les facilitaba el fusil remington  , el popular paco , motejado así por su especial detonación : <<pa..co…>.

Desarmar a las cabilas  amigas no era , desde luego, fácil. Con los moros empleaba- en el protectorado frances,como en el español- un argumento de decisivo de   persuasion  :el dinero .

Los moros son gente muy codiciosa y venal . Cuando se trataba de invadir el territorio de una cabila ,lo primero que sé hacia era entrar en conversación con los jefes . Se los tanteaba ofreciéndole diversa ventajas y , sobre todo , pensiones en metálicos , incitación a la que , prácticamente, nunca resistía . silvestre, por cierto, suprimió la mayor parte de las pensiones a los jefes de las cabilas aun no sometidas , sembrando un germen de descontento y de propaganda hostil que contribuiría a fomentar la sublevación .

El otro argumento de persuasión se cifraba en las armas . Los jefes españoles justificaban la supuesta anomalía de no desarmar a los rifeños con algunas reflexiones convincentes. En las líneas  avanzada , los moros necesitaban los fusiles no solo para combatir junto a los españoles  , sino para defenderse de las posibles represalias de las cabilas aun no reducidas .Mas adelante, la cabila, cuando era pacificada y rebasada, quedando a retaguardia del frente de combate , solía facilitar guerreros , harcas auxiliares que contribuían al avance español, lo que seguía justificando la posición de las armas .

Aparte e todo eso , había una cuestión mas profunda . Los rifeños eran gente salvaje , sin civilizar . Necesitaban e fusil para defender su hacienda , su vida y las de sus familiares , no solo compra las inclusiones de rapiñas de otras cabilas , sino contra algún enemigo del propio poblado o aduar.

Los moros codiciaban mucho el dinero . Codiciaban más aun loas armas . Es decir , si codiciaban e dinero era , fundamentalmente , para poder comprarse un fusil .

Los rifeños solían trabajar en el tendido de las líneas de ferrocarril, en el trazado de las carreteras, en las minas , como camilleros , de locomboyes …Era constante el siguiente espectáculo  . Un día cualquiera , después de percibir su jornal , algunos de los trabajadores se dirigían al pagador :

-yo marchar.

-¿ tu marchar? ¿POR QUÉ MOTIVO?

-          Tener bastante dinero. Comprar fusilas. Marchar.

 

Y, efectivamente, no se le volvía  a ver por el tajo .

No existía en el Protectorado comercio – o contrabando- más fructífero que el de las armas . Para la fusila y la munición había siempre compradores . En las tropas de regulares , como en las de la policía , acostumbraban a castigarse las faltas de los indígenas con multas en metálico que era lo que  más podía dolerles . Para evitar las ventas de munición se llegaba a poner multas de un duro – los individuos  de estas fuerzas cobraban dos coma 50  pesetas y tres  los casados- por cada cartucho que faltaba en sus dotaciones .

Los rifeños eran rebeldes y aguerridos , soldados natos : ni los cartaginense, ni los romanos, ni los califas, , cuando alcanzaron la plenitud de su poderío , ni , desd4e luego , los decadentes sultanes habían logrado jamas reducir a los feroces habitantes de las cabilas de tensaman y beni- urriagel-

Los rifeños parecían  no sentirse en la posesión plena de su umbría , ni a ver alcanzado la mayoría de edad  hasta que tenían un fusil.

Retirar las armas a unos individuos a sí entrañaban enormes dificultades y peligros. Pero dejárselas era un riesgo que no escapaban, desde luego, a la consideración de Silvestre, por muy optimista y confiado que fuera. Los moros- enemigos siempre en potencia – no se moverían mientras llevarse las de perder ; pero, en cuanto barruntase la posibilidad de una revancha , se revolverían ferozmente contra

S sus dominadores . Silvestre tenia el propósito de concentrar las armas de cada poblado en un local a cargo de un caid , pero bajo la vigilancia de la policia . Algo, sino todo , hubiera remediado el general , con esta medida , pero , desgraciadamente , nunca la  puso en practica.

Los demás  razonamientos que los españoles podían hacer a los moros para persuadirlos de la convivencia y las ventajas del protectorado, no tenían, al  parecer, ninguna eficacia.

En 1910, un comandante  de ingeniero  y diputado a Cortes visitaba la zona de Melilla. Hablo con un sobrino de Abde- el- kader, aguerrido jefe de caabila que nos infligió la derrota del barranco de lobo y recientemente sometido por entonces. E moro le dio noticias muy curiosas de aquella catastrofista acción, en especial sobre la muerte del general Pintos. Choco  mucho al diputado, y le produjo hondo malestar, la cruel  fruición con que se complacía en los detalles. Unos cuantos cabileños, expertos tiradores provistos de prismáticos, formaban una guerrilla, cuya misión era dar caza a los jefes españoles. Cuando Pintos, fatigado de subir las ásperas laderas del barranco, se echo al suelo   para descansar, los rifeños le apuntaron < fino, fino a la calva y.. , grande alegría, >, río el moro.

El diputado sostuvo con el sobrino de Abd- el Kader un interesante diálogo del que se podían sacar muy poco halagüeñas conclusiones. :

-¿ Os gusta esta paz que os ha triado España? – Pregunto el diputado.

-          No; no nos gusta- contesto el moro-, Vivíamos más satisfechos con nuestras luchas, con ser él más fuerte, el primero.

-          Pero ahora podéis cultivar vuestra tierra, sin quenadie os quite lo que ganáis trabajando.

-          Al  moro no le gusta trabajar.

-          Sin embargo, os gusta ir en tren, tenéis carreteras, carros, .Moro andar mucho.

-          Cuando estáis enfermos, os curan nuestros doctores. Esto os tiene que gustar.

-          Nada puede hacerse contra la voluntad de alah. Si alah grande quiere, nos curamos con los ungüentos de nuestros tebibs (magos).

-          -¿No os gusta tampoco  ir a Melilla  y ver nuestras calles, nuestros espectáculos?

-            - No. Melilla es buena; pero, cuando volvemos al aduar, la mujer nos parece peor y nuestra casa mala.

-          No existían  nada, al parece, capaz de persuadir a los cabileños . consideraban a España , sencillamente, un país invasor. Aquellos aguerridos  y orgullosos rifeños, que habían mantenido  durante siglos su independencia con feroz contumacia, no podían resistir e yugo de una nación extranjera. Y mucho menos un  yugo impuesto, casi exclusivamente, por la fuerza de las armas. Por el convenio de 1912 se había concedido a España aquella zona de Protectorado, para mantener el orden y llevar los beneficios de la civilización moderna. España, somos otros piases colonizadores. Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda—. -, uso de la persuasión amistosa, la penetración pacifica, los recursos políticos, pero se apoyo fundamentalmente – como lo solían hacer aquellas  naciones – en la acción del Ejercito. Por entonces vivía Europa totalmente inmersa en la fiebre de la expansión colonial, El orden y la pretensión  civilizadora no eran sino falaz careta que ocultaba la codicia de nuevos mercados, el alumbramiento de otras fuentes de riqueza, la SÉ guerra. España – se decía- menos hipócrita y egoísta- el terreno que se le había asignado era poblé- y muy consciente de las responsabilidades de aquella hora, se dispuso a ocupar un territorio que consideraba imprescindible para su seguridad. No  podía  permitir  que Francia. asentada en la vecindad- ni Inglaterra, Alemania e Italia que apuntaban a España de lo que maura había calificado de << nuestra frontera natural >>.

-          Desde  luego que no escapaban a la consideración de los  políticos- ya fuesen conservadores o liberales. Las complicaciones que podían surgir de emplear al ejercito en la empresa colonizadora. En 1909. Don Anton9o Maura sostuvo la necesidad de una intervención bélica que había de ser tan desastrosa para su porvenir político co mo fecunda en sangrientos episodios a uno y otro lado del Estrecho. Sin embargo, el político marrorquin no era partidario de una acción militar en Marruecos. Así  lo proclamo  paladinamente en el parlamento, al combatir las campañas de 1911 y años posteriores,  y al negar que fuesen una consecuencia de la guerra de 19009, que él llamaba defensiva y no de conquista.

-          Tras de aludir Maura al tratado de 1912 y a la designación de jalifa de la zona española, agregaba:

-          Aun  antes de ser nombrado el jalifa, nos decía ya el gobierno, en un pomposisimo decreto, que sé trataba (la acción de España en Marruecos) de una obra civil encomendada al ministerio de estado; que no se alarmara la opinión por el recuerdo de les desdichas coloniales, que no irían a África ni militares en son de guerra ni burócratas. Pues bien, apenas se nombro a jalifa, ya no hubo en la zona norte de Marruecos sino ruido de espuelas y sables, y no se oyó hablar de pacificación  y de reformas sino de ascensos, de recompensa, de  posiciones avanzadas de muertos y heridos.

-          En otro discurso pronunciado en las cortes el 22 de mayo de 1914, luego de declarar rotundamente

-          que era justo el clamor unánime de España al rechazar la guerra de Marruecos, decía:

-          Nosotros, lo que tenemos que hacer en la zona de influencia en Marruecos, somos dejarles vivir a los moros su vida propia, a reserva de influir nosotros en esa vida por medio de jalifa y de nuestra acción sobre el jalifa, respetando cuidadosamente todo su ser. Toda la variedad de su gente, costumbres e interese.

-          Rechazaba a continuación ese casi obsesivo afán de sojuzgamiento de los moros y advera.

-                   TODO EL ESFUERZO QUE SE  EMPLEA, TODO ES ESFUERZO QUE SE HA EMPLEADO PARA LA DOMINACION NO SOLO ES  PERDIDO, SINO QUE ES CONTRAPRODUCCENTE.

-          No pocas de las invectivas de Maura habían sido dirigidas contra del conde de romanones, cuyo gobierno sostuvo  la guerra De 1913, EL conde, tras admitir la parte de responsabilidad que le s correspondida en la política bélica que España hacia en Marruecos, expuso sus ideas, que coincidían exactamente con las de político mallorquín. Sostenía Romanones que en Marruecos había que hacer una Policiaca esencialmente civil. Por no hacerla estaba ocurriendo en Africa lo mismo que había pasado en Cuba. Consideraba un grave error << Haber transferido año ejercito  lo que es misión de gobernante>>. El conde agregaba:

 

Y han sucedido lo que tenia que suceder, todos los méritos, todos los aciertos, todas las virtudes del ejercito…  se frustran cuando se emplea  en cosa  que no es para su vocación, para su naturales y para su destino.

Decía también el conde:

Cuándo se firmo el tratado, ¿ teníamos, por ventura algún territorio que ir a conquistar?¿ Teníamos algún soberano enemigo a quien buscar y vencer? ¿ Teníamos  siquiera  insurrección  que someter? No. Empezaron los meses del Protectorado sin nada de esto, no  aun por accidente, y lo que teníamos que hacer era asistir al Jalifa, contribuir a su establecimiento y autoridad, prestarle el apoyo que dice el Tratado para el desenvolvimiento de su autoridad y su arraigo, y esa es obra esencialmente  política, no militar.

Contra los puntos de vista expuestos por ambos políticos se argumentaba, no obstante, que – como lo probaba la actuación de otros piases- sin el concurso del Ejercito, aquel hermoso ideal de acción colonizadora no pasaba, en la practica, de la mera utopía.

La labor  política, en el seno del Ejercito, estaba confiada, fundamentalmente, a la policía. Cada unidad, o mía, de estas fuerzas indígenas se hallaba al mando de un capitán, que hacia también las veces de gobernador civil y de juez de paz en la circunscripción que se le asignaba. EL capitán respaldaba la autoridad del cada moro que hacia justicia y fallaba los pleitos en ultima instancia.

La mía cuidaba del orden en los poblados, imponiendo multes de hasta 25 pesetas. Procuraba evitar,  los frecuentes crímenes por deudas de sangre; facilitaba trabajo. Proporcionaba asistencia medica gratuita y, en las épocas de malas cosechas, reacciones de comida. Para evitar los abusos y despojos de la propiedad, se nombraban registradores moros que desempeñaban su cometido bajo las ordenes del capitán.

A los jefes y oficial de la Policía les estaba confiada también la política de atracción que precedía a todo  intento de avance por el territorio de una cabila aun no sometida. Eran ellos los que tanteaban el terreno por medio de confidentes o adentrandose- algunas veces disfrazados de moros- en la zona hostil, para entrar en conversaciones con los jefes y persuadirlos mediante ofertas de dinero y otras ventajas. También solían decidir casi siempre- como se ha dicho-, y atendiendo a sugerencias de los cabileños, los puntos en que debían establecerse las  posiciones y puestos españoles.

Con unos jefes y oficiales competentes- que los había -, conocedores de las costumbres, el idioma y la idiosincrasìa de los moros, se pudo hacer una labor muy eficaz. Si embargo, esas tropas de policía se estaban empleando, casi exclusivamente, en los combates; eran, juntos con los Regulares, las fuerzas de choque.

En España aumentaban cada día mas de las quejas, los conflictos, la  repulsa de la opinión por la perdida de vidas humanas en la inacabable guerra de Marruecos. Con el fin de evitar esa sangría, a partir de 1918- y aun antes- las tropas europeas- los peninsulares- dejaron de participar en la lucha. Asistìan a los combates como simples espectadores. Los moros despreciaban olímpicamente a las fuerzas peninsulares y se envalentonaban cada día màs. Decían irónicamente que en el Rif avanzaba primero el Banco de España- las pensiones que se pagaban a los jefes -, después la policía y los Regulares, y finalmente los españoles.

Esa bienintencionada medida para ahorrar vidas humanas engendro algunos daños irreparables, y al mayor de ellos fue las falta del habito de combatir de los soldados, su carencia de adiestramiento. La moral de la tropa solo se templa en la lucha. Hubiera sido mucho más sensato no enviar ni un solo español a Africa. Arrojar de pronto al caos y la ferocidad del combate a unos individuos inexpertos y desenterrados era abocarlos al pánico y a la incontenible enajenación de la desbandada.

La recluta de oficiales para las fuerzas de choque –Regulares, Policías y el Tercio, creado  el año anterior (1920) por el teniente coronel Millán  Astray- sé hacia voluntariamente. Solían pedir destino a estas unidades los oficiales llamados<<heroìcos>>,  que eran los que iban a Marruecos con la esperanza de obtener cruces, ascensos y reputación.

Ocurría, sin embargo, que las Juntas de Defensas-aparecidas 1917, muy bien recibidas al principio, pero que a la sazón tenía en contra a todo él ejercito de Africa- habían conseguido el cierre de las escalas y la supresión de todas las recompensa s por méritos en campañas llego a tales aberraciones en la prevención, que el regimiento de Wad-Ras osò proponer (1920)la supresión de todos los ascensos por mèritos de guerra, basándose en que dañaban<<el decoro personal y colectivo>>(¡!).

Los dos años de servicio en Marruecos a que estaban obligados los oficiales, se habían convertido, a causa de todas estas limitaciones, en una desalentadora carga. Perdiese así la vocación  por la carrera militar, acentuándose la búsqueda de destinos sedentarios(1).

El voluntariado para las fuerzas de choque escaseaban. S i a un soldado se le escamoteaban los ascensos, las cruces, las posibilidades granjear fama, ¿ para qué fuera a jugases la vida- antes de los sucesos de julio la oficialidad de los Regulares y la Policía había tenido un 70 por 100 de bajas- en Marruecos? Ni siquiera se podía alegar una incitación patriótica, porque cada vez cundía mas unánimemente  la opinión favorable al abandono del Protectorado, preconizada no solo por las izquierdas, sino por conservadores, como Cambò, è incluso por militares de prestigio, como don Miguel Primo de Rivera.

Sé tenias que aceptar a cuantos oficiales pedían  las plazas como voluntarios, aunque no tuviesen experiencia sobre Marruecos o se destinaba a otros forzosamente- y tan inexpertos como los anteriores-, porque las solicitudes no bastaban para completar los cuadros. Esa oficialidad bisoña provocaba conflictos, cometía involuntarias injusticias que ahondaban paulatinamente el malestar de los cabileños.

En cuanto a la tropa europea, su disminución moral y, su falta e espíritu combativo estaban minados no- solo por el alejamiento de la lucha, sino por otra porción de circunstancias.

La ley de reclutamiento de 1912- o del servicio militar obligatorio- había sido aprobada bajo el gobierno de Canalejas con el fin de poner término al odioso privilegio de la redención a metálico. Esta ley, no obstante, parecía haber ahondado todavía mas las diferencias  de clase con la creación del régimen de cuotas. Mediante el abono de una cantidad en metálico, las cuotas tenían derecho a elegir arma y regimiento; servían cinco meses el primer año y tres meses el segundo; y estaban exentos de ir a Africa. Por lo tanto, ahora, como antes de la ley de 1912, seguía recayendo sobre los desheredados la obligación de luchar en la guerra (1).

El dinero recaudado de  las cuotas se destinaría, según los gobernantes, a la construcción de nuevos cuarteles, pero no se levantó ni uno solo hasta 1920.

En cuanto al privilegio en sí, se argumentaba, y era un verdadero escarnio, que los hijos de las familias acomodadas no estaban acostumbrados a sufrir las incomodidades de la vida cuartelera y, por lo tanto, seria cruel no ahorrárselas. A las penalidades y riesgos de la guerra no se aludía, aunque era lo que verdaderamente importaba.

El profundo malestar por esta flagrante injusticia se reflejaba en las estadísticas(2). De cada quinta  escapada al servicio militar ordinario un considerable tanto por ciento de cuotas. El resto  casi se desvanecía entre los prófugos y los declarados inútiles. La cifra de aquellos se elevaba, en toda España, el 21 por 100, y en las provincias de mucha emigración- norte de la península  y algunas de Andalucia- pasaba el 30 por 1000.

Respecto a las inutilizadas, la ley de 1912 señalaba 1,50 metros como talla mínima y 48 kilogramos como limite de peso.

Eran tantos de los excluidos por esta ùlt6ima causa, que se suprimió muy pronto. Sin embargo, él numera de excluidos alcanzaba  la fantástica cantidad del  casi un 50 por 100.

No se trataba de que los jueves españoles fuera cojos, mancos, tullidos, enanos, enfermos incurables, cegatos, etc., en tanto aterrador porcentaje. Ocurria que sobre las comisiones mèdicas, encargadas de fallar, ejercitasen formidables presiones. Los alcaldes, caciques y  personajillos del pueblo y ciudades ponían a contribución su propia y a veces poderosìsima influencia, o la recababan de gobernadores diputados, senadores ministros para salvar del servicio a sus deudos y a los hijos de sus amistades, al amparo de la inutilidad.

Nutrían, pues, el contingente de los regimientos de España y Africa los infelices que carecían de recursos económicos y de padrinos influyentes. Era lógico que los individuos as ì alistados no acrisolaran unas virtudes militares que por otra parte, sé hacia poco para estimular(1).

Prescribían los reglamentos tácticos que el primer periodo de instrucción de los reclutas debían durar tres meses. El tiempo no era mucho, porque en ese plazo se incluían las tres o más semanas que se solían perder en la vacunación contra la viruela y las cuatro semanas de la vacunación contra el tifus. Así y todo, durante la primavera de 1921 –en víspera de la catástrofe- el general Silvestre ordena a los jefes de los cuerpos, que en poco mas de un mes tuvieran listos a los reclutas. Que se le hicieron algunas objeciones que el comandante general no quiso oír y, efectivamente, en la ultima semana de mayo se incorporaban los quintos a las columnas y destacamentos.

La ciudad de Melilla contaba con solo campo de tiro como los regimientos eran muchos y recibían contingentes de unos mil reclutas, tenían que turnarse, correspondiéndoles una vez por semana para adiestrar a la tropa bisoña en un ejercicio tan ineludible en la guerra. Algún d esos turnos se perdía o por la vacunación o por las lluvias frecuentes en la primavera. Los reclutas que el comandante general envío a las posiciones  en el mes de mayo apenas  si   habían hecho cuatro o cinco practicas de tiro una vez en el campo, ni se completaba la instrucción y el adiestramiento de  los reclutas- de la tropa en general-  ni se los familiarizaba en el uso de las armas. Varios jefes le habían pedido con insistencia al comandante General, que señalase algunos puntos para practicar el tiro. No accedió a ello Silvestre, quizá porque confiaba  en que las tropas peninsulares no tuviesen que participar en la lucha o, tal vez, por el temor- las  eternas prevenciones  política- de que esos ejercicios alarmaron a los moros.

Otro mal que influía en los casi nulos adiestramiento y espíritu castrense de la tropa era la atomización. Los jefes de las circunscripciones- Nador, Kandussi, Zoco  de telatza, Dar- Drius y Annual- en  que se había dividido la zona ocupada, eran los coroneles de los regimientos de Melilla, Africa, San Fernando, Ceriñola y Brigada disciplinaria. En febrero de 1921 se le asigno a Ceriñola la circunscripción de Annual;  pero, en  aquel mes y posteriores, quedaría fraccionada su tropa en las siguientes posiciones: Annual, Buimeyan, Sidi- Dris, Talilit, Igueriben,Afrau, Yebel- Uddia, Izumar, posicion << b >>, Peñón de velez, Alhucemas, Monte Arruit, Zaio, Nador  y Zeluan.

Acentuaba la suspensión de las fuerzas de cada regimiento, los << destino>> (1). Aparte  de los soldados que prestaban servicios de escribientes, practicantes, asistentes, ordenanzas, machacantes, y otros empleos en cada unidad y en la plaza, se proveía de peninsulares, para casi  todos estos quehaceres, a las fuerzas de regulares, policía y la brigada  disciplinaria. Además, los cuerpos proporcionaban individuos de tropa para la  contracción y el  ornato publico, vigilancia de la población, obras del casino militar y de la capilla castrense, policía gubernativa, amén de choferes, mecánicos, carpinteros, electricistas. Etc.

Silvestre ordeno, además que las columnas facilitasen cincuenta hombres por compañía- incluso las de voluntarios, que eran individuos alistados para combatir- con objeto de colaborar a la construcción de   pistas y carreteras. Esta tropa era agregada, a todos los efectos, a las compañías de Ingenieros.

 

Entre la dispersión y las mermas, los contingentes de las posiciones eran muy poco numerosos. Apenas sin se podían emplear  en otra cosa que la aguada, el acompañamiento de convoyes y los servicios ordinarios, sin que quedara, prácticamente, tropa disponible para adiestrar, completando aquel primer periodo de instrucción, durante el cual tan imperfectamente se los había formado.

Otro daño del fraccionamiento era que los soldados no estuviesen bajo las ordenes, la tutela, la dirección de sus principales jefes o que permaneciesen.- los destinados a construir camino, por ejemplo- al mando de jefes y oficiales desde otros cuerpos.

La escasez de material bélico pesaba también, como una de las mayores calamidades, sobre él ejercito de Africa. Los ingleses, por cada soldado que destinaban a sus colonias, enviaban- según se decía- dos toneladas de eequipo. El recluta español apenas si llevaba poco más que el fusil y la manta cruzada en bandolera. Aprecia mentira que, después de una guerra como la europea, en la que se habían usado tantos y tan eficaces ingenios bélicos, los gobernantes no facilitaran a las tropas españolas ni tanques, ni buenos cañones, morteros y ametralladoras, no prácticamente, aviación. Algunas baterías databan de once años. Los fusiles que usaban  los de san Fernando, por ejemplo, procedían de la guerra de cuba.

Los batallones carecían de cocinas de campaña. Cargaban sus impedimentos en acémilas y carros de tracción animal, casi siempre en numero inferior a los reglamentarios. En toda la Comandancia de Melilla había  veinticuatro  camiones  para un ejercito de veinte mil hombres, que habría necesitado, por lo menos, un numero cinco veces mayor. Además, como se empleaba  en el transporte del material de fortificación y auxiliaban ea los ingenieros, la intendencia, la infantería, la caballería, la artillería, azacanandose sobre el territorio tan vasto y de tan pesnosos caminos, estaba averiado

Constantemente un promedio de seis de estos vehículos.

L a escasez  de material de todas clases obligaba, a medida que se profundizaba en el rápido avance, a desmantelar loas posiciones que iban quedando a retaguardia, para fortificar los otras. Algunas de estas posiciones desmanteladas  se solían entregar  imprudentemente a moros que se decían amigos, para que se establecieran allí.

Los defectos de organización, por otra  parte, contribuyeron a agravar  los males hasta el extremo de   poderse afirmar que  <se vivía porque  los moros lo toleraban>>.

Al teniente coronel Ricardo Fernández Tamarit, jefe del tercer  batallón del regimiento de Africa, se le ordeno, en abril de 19212, la construcción urgente de un barracón para alojar a la compañía destacada en Tuiat-el-hamara.

El barracón debía estar cubierto en la primera decena de mayo. Había que subir a lomos de mulos el agua y la piedra, así como la cal, que era preciso traer antes del zoco  desde tela tza, donde se fabricaban. La obra fue concluida, con muchos esfuerzos, en la fecha prevista y, muy pocos idas después, se le ordeno que la desmantelara.

Las posiciones, apartes de las deficiencias ya dichas sobre su elección, no reunían condiciones, en general, ni para resistir un asedio, ni siquiera  para rechazar  con algunas probabilidades  de éxito  el asalto de un enemigo decidido. La fortificación consistía en un parapeto de piedra en seco, sin astillar, protegido por unas alambradas de dos  o tres piquetes. No existían foso, ni glacis , ni cubrecabezas . Esta única línea defensiva no estaba apoyada tan poco por otras líneas exteriores. La falta de trincheras fuera del recinto fortificado – con sus correspondiente caminos cubiertos, que comunicaran con el interior – no permitían  a la tropa el relevo en la lucha, para proporcionarles un descanso imprescindible. Además, las trincheras hubieran impedido los ataques con bombas de mano, que los moros podían introducir en la  posición desde muy cercas, aproximándose de noche a las alambradas.

En la mayor parte de las posiciones, los soldados  convivían  con los  indígenas. El reducto de las tropas lindaba con las viviendas moras, lo que añadía una dificultad mas para repeler un posible ataque.

Las comunicaciones eran pésimas. Algunas posiciones tenían teléfono, que se podía  cortar fácilmente de noche; otras- solo las más  importante, y los escasos campamentos en que existían colinas – disponían, además, de Heliografos, cuyo uso impedían frecuentemente las abundante tormentas y neblinas que velaban la luz del sol; la radiotelegrafia solo se usaba, excepcionalmente, en annual.

No existían tampoco – salvo excepciones – depósitos de víveres y munición en cantidad suficiente, como quedo demostrado  en la trágica jornada del abandono de annual.

La colaboración a la defensa  por parte de las columnas móviles no pasaban  de ilusoria. Dichas colunas se hallaban apostadas  en annual , dar-drius, zoco de telatza y dar- quebdani. Sus contigentes  resultaban muy pobres, desproporcionados a la extensión del territorio sometido, y tenían que salvar grandes s distancias- mas de una  jornada de infantería – para acudir en socorro de un puesto atacado.

Las  vias de  comunicación eran muy escasa y deficientes. La línea  férrea arrancaba en MELILLA  Y MORIA EN BATEL- Tistutin, pasando por Nador, Zeluan y monte arruit. La única carrera importante discurría paralela al ferrocarril y terminaba en dar, dirás. Desde este punto hasta Anual, se construyo una pista: camino carretero sin firme, de cuatro metros de anchura, que, en la época lluviosa, s transformaba en un  barrizal prácticamente intransitable para los camiones. Y, por los imperativos de la economía y la premura de tiempo- la pista se termina a primeros de julio de 1921, rebasando en diez mil pesetas la consignación para estas atenciones -  su   trazado era muy deficiente. Discurría, durante kilómetros, pe el lecho de los barrancos y remontaban pendientes de undeclive  tan pronunciado y difícil- sobre todo en el tramo de Izumar a Anual- que debían utilizarse prolongas para auxiliar a los carros que transportaban los víveres y la munición e impedir que se despeñaran.

En el resto del territorio solamente había infames caminos de herradura. Serpenteaba a través de una áspera geografía de montañas, de profundos e innumerables barrancos y de no menos numeroso cauces de arroyos, ríos y torrente.

Con sus menguados contingentes de tropas, sin medios de transporte, sin caminos, alejadas de las posiciones, la cooperación de las columnas a la tares defensiva no pasaba de ilusoria.

Tampoco se contaba con elementos de reserva en la retaguardia para acudir a los lugares amenazados, ni existían segundas o terceras líneas eficaces donde afirmar un posible repliegue. Se había profundizado ciento treinta y  cinco  kilómetros y solo existían la barrera exterior, el frente de fuego y contacto con el enemigo. Esta linea bordeaba las caballas de Tensaba, Tafersit y Benin- Ulisex, y se largaba cuarenta kilómetros por un abrupto terreno que culminaba en Yebel- UDDIA, a cien metros  de altura. La línea se  replegaba después, dirigiéndose hacia la frontera francesa, y arrojando  una longitud total de ochenta y dos kilómetros. En el resto del territorio se habían ocupado algunos puntos dominantes, dejando grandes huecos y extensiones sin cubrir. En el frente del Kert, única llena de apoyo, había de sea a siete  hombres  por cada   kilometro lineal. En Segangan, de DONDE  ARRANCABA EL TREN A Melilla, enlazando con el de la plaza a batel, sólo había una pequeña guarnición de, aproximadamente, doce hombres al mando de un sargento y algunos guardias  civiles, pese a existir allí una importantisima población minera y ser, sobre todo, la base principal de abastecimiento del ala derecha. En algunas de las posiciones arcilladas solía hallarse al mando de la batería un solo oficial y, a veces, un sargento.

Las deficiencias  de la sanidad resultaban pavorosas. En la  circunscripción  del zoco  de Telatza había una sola ambulancia. SILVESTRE  tuvo que enviar, en una ocasión, su propio automóvil para evacuar a tres oficiales enfermos. En las posiciones, salvo alguna que otra rara excepción  no existía ni medicinas ni elementos sanitarios de ninguna clase. Incluso Annual,cabecera dela circunscripcion de vanguardia, base  de aprovisionamiento del frente y punto de apoyo y  de arranque para las futuras  operaciones,carecia de hospital de campaña. Solo disponía de dos malas tiendas tortuga destinadas a  emergería a

Problema todavía mas  acuciaste y gravisimo era el de los aguaron había pozos en ninguna posición. No había  tampoco aljibes .Era preciso hacer  la aguada diariamente alomas de mulos, y a veces  desde lugares muy lejanos. En el zoco de TELATZA tenían que ir a buscar el precioso liquido a  38km de distancia. SE  utilizaban dos camiones –aljibe    de 2000 litros de capacidad cada uno. Los camiones hacían dos viajes diarios en verano y en invierno.El zoco de Telatzza ,a su vez, surtia de agua a 21 posiciones .ÉL trae porte sé hacia con camellos .Algunas de estas posiciones ,como HAF yTASARUT-URSAI, distaban 15 kms,y les solian llegar mediadas las cubas .

Por otra  parte, el general Fernandez Silvestre ejercia un mando excesivamente personal absorbente.No solia  tolerar intromisiones ni iniciativas del general navarro ,segundo jefe de la comandancia ,ni de los coroneles de los regimientos. En las posiciones, destacamentos ocolumnas se carecían   de instrucciones sobre lo que  debían hacer en caso de ataque  o de  repliegue  .Permanecían  en idéntica   ignorancia los jefes de las circunscripciones .

La comandancia general era la que dictaba  ordenes  sobre las descubiertas , la aguada ,la instrucción teórica etc.los jefes de las circunscripciones  nogozaban de autonomia , ni solian ser consultados  sobre los movimientos proyectados  en su propia zona  sobre las medidas de seguridad  que debian adoptarse  ,ni, en general sobre nada de lo que les afectaba  tan direc tamenta a ellos  y a sus fuerzas .

El general Silvestre acostumbraba a escuchar ,es cierto, con campechana  benevolencia, las observaciones y reparos que se le ponian , pero raramente cedia en sus propias convicciones .

Emilio  Alzugaray, comandante de ingenieros, había informado en varias ocasiones ,oficial y particularmente, que  Annual estaba dominado por todas partes  y que el frente ,en general , resultaba debil ,mal elegidas  las posiciones . El coronel Riquelme  ,,jefe del regimiento  de Ceriñola, cuando-, cuando—en  febrero de 1921 – se hizo cargo de la circunscripcion  de vanguardia , volvio   a insistir   en las detestables condiciones  de Annual , batido desde varios  puntos a tiro eficaz de fusil  y sin mas defensas que unas obras de tierra. Advirtio  también  los peligros  que entrañaba  sostener una     columna  en una  posicion como esta  que  ofrecia tan pocas    garantias de seguridad.

Estaba  ordenado que los coroneles—jefes   de los sectores  pasaran  20 dias en el campo, al frente de su zona , y 10 en MELILLA  . Silvestre dispuso  que los coroneles  residieran  en la plaza , que solo  abandonaban   temporalmente  cuando había operaciones. La responsabilidad   en el mando de las circunscripciones  se dejó  a los  tenientes  coroneles, que  turnaban  cada  quince  días.  Don  Ricardo  Fernández  Tamarit,  teniente  coronel  jefe  del tercer  batalló   de   voluntarios   del  regimiento  de  Africa,  quiso permanecerán en el campo con las tropas, pero Silvestre no se lo permitió, ordenándole respetar el turno de quincenas establecido.

Otro de los achaques del general Silvestre era su desconfianza hacia los técnicos. Emprendió algunos avances sin previo estudio y asesoramiento del Estado Mayor.Los jefes de este cuerpo, destinados a las cumulas, por ejemplo, se nombraban la víspera de la salida, y era muy raro que un mismo jefe de Estado Mayor asistiera a dos operaciones consecutivas.

En esta animadversión del comandante general, influían tal vez las <<castas>> en que, con grave daño, se hallaba dividido el ejército(1). Silvestre era de caballería. Los <<facultativos>>-artilleria, ingenieros- que poseían estudios especiales, formaban la casta privilegiada y sentían un gran desdén hacia la oficialidad de caballería e infanteria. Estos, a su vez, los detestaban, y unos a otros coincidían en su ojeriza hacia los de Estado Mayor.

La irritante superioridad que los jefes y oficiales <<facultativos>> se atribuían, quedaba patente en la practica, pues se solía poner bajo sus ordenes a otros jefes y oficiales de caballería o infantería de mayor graduación.

La tercera y ultima casta del ejercito estaba formada por la escala de <<reserva>>, a la que se adscribía a todos los oficiales- los <<chusqueros>>- que habían ascendido desde simples soldado y que eran objeto- y correspondían también con su antipatía- del desdén de la oficialidad de la escala<<activa>>, que había pasado por las academias.

El general Cassola, siendo ministro de la guerra, ataco, aunque no de una manera definitiva, todos estos males que aun habían de perdurar luego años.

A pesar de tantos defectos e inconveniente  la, tranquilidad en la zona sometida era absoluta, y nada hacia presumir la tragedia. Los soldados iban a  la aguada o se desplazaban de un punto a otro sin llevar armas. Los periodistas o las comisiones de políticos recorrían el territorio con sus automóviles sin adoptar ninguna precaución.

El arrojo, la valentía y la fortuna de  Silvestre impresionaban no solo a los cabileños, sino a sus subordinados. Sé tenia confianza en el general. Ejercía sobre todos una verdadera sugestión. Berenguer, sin embargo, barruntaba el riesgo. Hizo algunas observaciones. <<La cosa va bien-le replicaban los jefes-. No toquemos nada. Sale muy bien. >>Y Berenguer, consciente de la autonomia que era licito otorgar al comandante de la zona, se inhibió casi por completo.

La tranquilidad, la confianza, la deprimente limitación en las iniciativas engendraron cierto peligroso descuido.

En las posiciones no se montaban servicios nocturnos.

Se ponían  algunos centinelas, como en una pacifica guarnición, porque nadie pensaba en un ataque. La oficialidad  tenia derecha  a tres idas de permiso – mas dos de viaje – luego de permanecer  unas tres semanas en el campo. No obstante, la dejadez, el desorden, la pasividad  amistosa de los moros, la poca ejemplar  retención  de los coroneles  en la plaza, por orden de Silvestre, los incitaba  a dejar las posiciones y largarse a Melilla sin autorización. En  la ciudad sufrían  el embate  de algunos  vicios, sobre todo del  juego, que ejercían maléfico influjo.

La ociosidad y el aburrimiento de las  fuerzas españolas  no combatientes, acentuaban todavía mas  la desidia. En las posiciones, los hilos espinosos de la alambrada se desprendían  y se enterraban en el suelo, a los  cocineros, cuando fallaba el suministro de leña, arrancaban  los piquetes  para  atizar  la lumbre del rancho, ante la mas total  de las diferencias.

En las fuerzas  de choque –   policía—y regulares—existían  también  un gran descontento una paulatina  desmoralización y un  inmenso cansancio. La policía se empleaba  en una misión – combatir – que no era la suya  especifica. Tanto ellos, como los regulares, cobraban una soldada inferior al jornal, que, sin peligro ninguno, percibían los camelleros y los trabajadores de las minas. Si sealistaban no era en general, por adhesión o simpatía  hacia la causa  de los españoles, sino para  satisfacer  sus resentimientos  contra los individuos de  otras  cabilas, por ejercitar venganza contra algún enemigo personal o, tal vez, por la ingenua  vanidad y el prestigio del uniforme y la ilusionada  posesión de un  Yamsaia (cinco tiros), como llamaban al fusil mauser.

El constante empleo de estas fuerzas en la lucha, la peligrosidad—habían  tenido un 33 por 100 de bajas  antes de los sucesos de julio – de un oficio mal pagado,  los incesantes desplazamientos  que los alejaba de sus aduares y familias, el trato siempre diuficil  agravado por los errores de los oficiales bisoños, habían mermado  mucho   nosolo la eficacia sino el crédito de fidelidad que podía depositarse en los regulares y la policía.

Los militares más conscientes y no pocos civiles  llegaban a la conclusión de que algo  grave  estaba  ocurriendo en él ejercito. La defensa  nacional y Marruecos consumían  mas ejercito. Mas  de la tercera parte del presupuesto de la nación. Los gastos militares en Marruecos solamente durante los años de 1913 a 1923 fueron de 2213 millones de pesetas. ¿Cómo explicar  entonces la pobreza de recursos de un ejercito en el que se empleaban tan fabulosas cantidades? La respuesta apuntaba  a las  muchas  inmoralidades y, sobre todo, a la  fenomenal desorganización.

Estado de fuerzas en 22 de julio de 1921:

568 jefes y oficiales,

16.562 individuos de tropa, y

3.952 cabezas de ganado.

A los moros, parte muy interesada, naturalmente, en cuanto sucedía, no se le escapaba ni un solo detalle. Veían  la precaria situación de las tropas; examinaban los males que minaban al ejercito, Y regocijaban de la desatinada carretera del general. ¿ Es que se había vuelto loco el jefe de la Comandancia de Melilla ¿  Los cabileños iban de una parte a otra, CONVIVIAN CON LOS SOLDADOS, se fijaban  en los  pormenores más triviales, Permanecian  al acecho, esperando la ocasion?

Después de la afortunada toma del monte Mauro, Silvestre no se dedico  a consolidar sus conquistas y a prepararse  con tropas de refuerzo para seguir el avance. Se había lanzado, atropellada y temerariamente hacia Annual, ocupando un territorio de seis mil  quinientos  kilómetros  cuadrados, aproximadamente, y haciendo trizas la elasticidad permitida a sus fuerzas. Los moros lo veían. Pensaban, sin duda, que le general había cavado su propia sepultura. Solo tenían que echarle la tierra encima.

En el mes de marzo de 1921, los  marroquíes carecían aun de dinero y de organización para enfrentarse a Silvestre. Sin embargo, ya entonces, la fogosa carretera del general debió de sugerirles el proyecto de armarse durante el verano, una vez recogidas las cosechas. Aprovecharían las distancias, la debilidad de las comunicaciones, la escasez de fuerzas, los palmarios defectos de organización para tomarse cumplida revancha.

Hacia mediados de abril empezaron a circular rumores entre los moros sobre un levantamiento  próximo  en la zona sometida. Algunas mujeres indígenas osaron decir con descaro e imprudencia, en los zocos, que las tropas de Melilla estaban a merced de los cabileños y, el día que se les antojase, las coparían para aniquilarlas.

La policía, ajetreada en los combates, que la apartaban de su verdadero cometido, ignoraba la propaganda que hacían los marroquíes, así como el estado de las cabilas.

Entretanto Ab-el –Krim, jefe de la cabila de Beni- Urriaguel, activaba febrilmente sus preparativos. En abril de 1921 visito Silvestre la zona de Annual. El coronel Riquelme, que no ocultaba su pesimismo sobre  el propósito de ocupar la divisoria entre el Amekran y el Nekor, para someter a los tensaman e intentar el descenso al valle de este ultimo río, se permitió hacerle algunas observaciones. Insistió en la necesidad de poseer columnas fuertes y de prepara el terreno con una intensa acción política en Tensaman. La neutralidad de esta cabila era imprescindible para poder batir a los beniurriagueles, que se habían reunido con los de Beni Tusin y de Bocoya en Yub- el- Kama, sobre la mencionada divisoria de los ríos.  Por aquellas fechas, la arca reunía ya –según noticias de los confidentes – unos efectivos de tres mil hombres. También le puso en guardia Riquelme  contra los sintamos de rebeldía  que transparentaba la actitud de los NEBI- ULISEX. El coronel sé basaba en el desvío observado en los habitantes de la cabila, en los incidentes que solían provocar contra la policía en los poblados y en los parqueos  nocturnos  con que habían hostilizado a annual.

A Silvestre no le aceptaron las palabras del coronel.

Estaba enajenado por la obsesión de conquistar la bahía de ahulcena.  No consideraba  a abd- el- krim enemigo peligroso, y mucho menos capaz  de  cerrarle el paso.

Abd- él –krim, sin embargo, sabia que había llegado  a suhora, el momento de la terrible revancha. Su plan era muy sencillo: seguir las huellas de nizzian. En 1911 y en la línea del kert  el nizzian había intentado lo que le llevaría a feliz termino: cortarle las débiles líneas de repliegue a los españoles, sublevar la zona dominada y aniquilarlo poniendo sitio a las posiciones o aplastándolos  en la retirada.

ABD- E- -KRIM – BEN-MOHAMED – ÉL –JATABIh   había nacido en agadi , en 1882. Su padre era jefe del poblado. ABD- ÉL- KRIM curso estudios de derecho mulsuman en fe y obtuvo él titula de abogado.

En 1909 fue a residir en Melilla. Era un individuo de mediana estatura  con el aspecto cazurro y resevon del aldeano. Se le coloco en la oficina indígena como kadi ( fue el encargado de fallar cuestiones criminales entre moros ).

Desempeño en el cargo con mucha competencia y fue ascendido, en 1914, akadi koda (juez de jueces), empleo equivalente a una magistratura superior, que decide alzadas y recursos.

Era además, periodista y profesor. Colaboro en el telegrama del rif y fueron discípulos suyos de árabe, entre otros, los coroneles Morales Y Riquelme.

Por su inteligencia y sagazidad consiguió hacer el krim  un gran presto en la zona de Melilla. Era hombre agradable y elocuente. Asistía a reuniones y asambleas donde tomaba la palabra expresando sus ideas con notable claridad.

Aunque critico – como su padre y su hermano- algunos aspectos de la administración española, se mostraba muy adicto a la causa y la obra del protectorado SU hermano lo envío a la península  para cursar estudios de ingeniero de minas.

En 1917 se confío la dirección de las oficinas indígenas al coronel Don Juan gis y gis.

El coronel intervino y revolvió, poco discretamente, aquellos delicados asuntos.

TUVO ROZES CON  ABD- EL KRIM que empezó a experimentar molestias y frialdades.

Durante la guerra Europea abd- él- krim  se  pronuncio a favor de Alemania.Llevaba  un dije  que representaba un casco prusiano. Hubo  reclamaciones de la diplomacia francesa. FUE DESPOSEIDO  DE SU CARGO Y ENCARCELADO. Se LE ENCERRO EN EL FUERTE DE Rostrogordo, con otros muchos a los que se acusaba de pertenecer a la hacrca de ABD-EL- KADER, que dirigía la guerra contra los franceses.

Abd- EL Krim intento escapar de su prisión. Al descolgarse para huir, se rompió  una pierna y fue aprehendido nuevamente. Lleno de odio y desesperación, se negó a que le curasen, quedando  afectado para siempre de una cojera muy marcada.

Al terminar la guerra europea fue puesto en libertad y se le reintegro a su cargo. En el futuro cabecilla se había operado una completa metamorfosis. Dejo de frecuentar a sus antiguas amistades e hizo vida solitaria, hasta que huyo de Melilla son el pretexto de ir a visitar a su padre.

Apenas llegado al terruño, llamo a su hermano, que estaba en Madrid, y empezó  a organizar la hacrca, . Sucedió a su padre, ya muy viejo, en la jefatura del  poblado. Poco después le designaron para acaudillar la arca.

Silvestre cometió el error de menospreciar los peligrosos preparativos  y la persona  de un hombre  como ABD- ÉL –KRIM. Contribuyo decisivamente a su  desorientación el comandante militar de ahucena , quien desde 1916, venían encarnizándose y anulando a la familia del caudillo Marroquí, explorados o  aliados por otros grupos  que buscaban su  propio medro.

EL 15 DE MARZO DE 1921, después de la ocupación  de sidi- dris- Silvestre había detenido  su avance, ¿ Prestaría oído a los rumores de sublevación, a los soplos de  los confidentes, que le traían  tan inquietantes, noticias sobre la formación de las arcas ¿? Procuraría asegurar sus dominios sobre le terreno conquistado ¿ ¿ Tendría conciencia de  su situación? De que se había metido en una ratonera y urgía poner a contribución todos los medio  para escapar? ¿ Seguiría soñando y dejándose arrebatar por el espejismo de la bahía de ahucema ¿?

Algunos jefes de las cabilas de beni- tuzin- tensaman  hicieron apto de presencia, y sumisión  ante el general en la   comandancia de Melilla. Los de Tensaman solicitaron  que estableciera posiciones    en su territorio para defenderlos contra los urriageles . En mayo acudió  el mokaden  de la zahuia  (centro religioso de una cofradía) de sidi – buiacob para ofrecer amistad y pedirle a Silvestre que continuara su avance.

El camino hacia ahuzema parecía expedito. Estaba ya trazado el plan para la ocupación de la bahía. El estado mayor hizo hincapié  en el principal obstáculo: La cabila de beni-urriagel . Tampoco se debía descuidar a las de tensaman, gueznaya y beni tuzin, todavía insumisas en partes, ni a la de beni – said, de la que no se había logrado una adhesión total y tranquilizadora. Era preciso obrar con cautela. Empezarían ocupando las colinas de  tamarabath, con establecimiento de posiciones en abarran y taurit imedlen,y se adelantaría la línea de contacto para asegurarse la sumisión de beni- tuzin, colocando otras posiciones en beni- melul y  azib- él- midao. Con estos movimientos  se pretendía ocupar la sierra de quilate y conseguir el dominio sobre la margen derecha del curso inferior del nekor .

Silvestre, sin embargo, con una de sus repentinas e inesperadas  << Bigotadas>> había dado orden al estado mayor de suspender todos los trabajos preparatorios para llevar a efecto dichos planes.Pero no había descartado, al parecer, la idea de apoderarse del monte Absarran,

Efectivamente, el 21 de mayo de 1921, lo consulto con el teniente coronel Fernandez Tamarit, que le desaconsejo la operación, por considerarla prematura mientras no se consolidara el terreno ocupado y se dispusiera de mayor contingente de tropas. .

En ese mismo mes de mayo, la oficina indígena de  Alhucemas facilitaba informes sobre la arca que se había concentrado en Yub- el Kama bajo el mando único de ABD- EL – KRIM. SOBRE LAS INTENCIONES DEL CABECILLA MARROQUI Y OTROS DETALLES. Estas noticias las proporcionaba el comandante militar  de alhucemas << a titulo de lectura interesante >, asegurando que eran << pura fantasía, por no existir tales contingentes ni el mando único>.

Por esas fechas, ABD-EL-KRIM hizo una gestión pacifica escribiendo a Silvestre. El GENERAL RESPONDIO  violentamente a las pretensiones de su enemigo y, hacia finales de mayo, desorientado quizá por las noticias que le facilitara el comandante militar de alhucemas- empleando, con culpable ligereza, aquel tono entre despectivo e irónico-, ordeno al Estado mayor que reanudase los interrumpidos trabajos para proseguir el avance sobre la orilla izquierda del río Amekran.

Las bases de apoyo para las nuevas operaciones eran, en el centro, Annual e Izumar; en los extremos, SIDI – DRIS Y Azru.

Todo el  frente se hallaba silencios, en una calma expectante. ¿Qué iba a suceder? .

La desorganización, la carestía de recursos y fuerzas del ejercito de Melilla y la incontrolada intrepidez del comandante general hacían presumir un desastre, si no fuera porque todo esto era ya el desastre mismo y en unas proporciones pavorosas.

 

APORTACIONES HISTÓRICAS, FESTIVIDAD DE LOS SANTOS MÁRTIRES Y SAN PABLO EN TRUJILLO

En el siglo XVI adquirió importancia en Trujillo el culto a los Santos Mártires San Hermógenes y San Donato. En una de las capillas laterales del muro de la epístola se encuentra la capilla de los Santos Mártires, San Hermógenes y San Donato[1].  Encontramos referencias a ellos en la obra la España Sagrada del padre Enrique Flórez, el cual específica literalmente “que son santos atribuidos a Trujillo. En el año 1431 empezó a ser ciudad por concesión del rey don Juan el segundo; y queriendo también honrar la el autor de los falsos cronicones, que no la había dado nada en los primeros escritos, resarció bien la omisión en el último, donde la concedió veinte y cuatro mártires de un golpe, pues el adversario 307 de Julián Pérez dijo que San Hermógenes, Donato y otros veintidós mártires fueron naturales de Trogilio (Trujillo) y que allí empezaron a padecer, consumando luego su martirio en Mérida”[2].

El obispado de Plasencia (al que pertenece Trujillo) celebró a estos santos como propios, señalando el día 12 diciembre en que se leen sus nombres en el Martirologio[3], según consta por un edicto firmado por el Obispo de Plasencia don Diego de Arce el 12 junio 1651. Previamente, encontramos referencias a la capilla de los santos mártires en la iglesia de San Martín, en el testamento de Mencía Gil fechado el 23 enero de 1566, en el cual específica que se la entierre en la capilla de los Santos Mártires y que asista a su entierro la Cofradía de los Santos Mártires de la cual es hermana.

Existen otros Martiriológicos que indican que estos santos mártires pudieran haber muerto en Mérida, mientras que otros los excluyen de Mérida, siendo el más antiguo de ellos el Georminiano Epternaccense[4].

Hemos de insistir que los mártires San Hermógenes y San Donato, no fueron trujillanos, ni siquiera españoles, ni fueron martirizados en Mérida ni en Trujillo, a pesar de ello recibieron culto y gran devoción entre los ciudadanos de Trujillo.

También, la festividad a San Pablo, nos remite a la conquista definitiva de Trujillo en el año 1233. El gran avance cristiano en el proceso reconquistador extremeño tuvo lugar en el siglo XIII a partir de las Navas de Tolosa (1212). La concordia entre castellanos y leoneses ayudo para que Alfonso IX conquistara Alcántara  en 1217 y Cáceres en 1229. La Orden de Santiago esperaba que se la cediesen considerando que había sido su origen pero esto no formaba parte de decisiones regias. Al año siguiente continuo el avance se conquista Montánchez, Badajoz y Mérida y se le entregó la primera de estas villas.

La conquista definitiva se dio en tiempos de Fernando III el 25 de enero de 1233, y en ella participaron las Órdenes militares de Alcántara, Santiago, el Temple y el obispo de Plasencia, Don Domingo. Por tanto, tuvo lugar el día de la festividad de San Pablo[5]. Los cristianos construyeron una ermita en su honor en el Patio-Albacar del Castillo. A pesar de haber sido construida la ermita al finalizar la reconquista y restaurada en el siglo XVI, las primeras referencias documentales las encontramos en el siglo XVII, concretamente en el año 1608, cuando se llevan a cabo nuevas reformas arquitectónicas en la misma, encargadas por Jerónimo de Loaisa[6], obras de reparación que estaban finalizadas en 1618, según consta en un documento de la “Comisión de Fiestas de San Pablo[7].

Junto a las Ordenes Militares que participaron en la reconquista, también destacaron caballeros de tres linajes que en siglos posteriores, van a protagonizar la historia local trujillana: son los Altamiranos, los Bejaranos y Añasco. Entre ellos destaco de forma singular Fernán Ruiz de Altamirano que logro abrir una de las puertas de la ciudad y facilitar la entrada de las tropas cristianas al recinto amurallado y así poder tomar la fortaleza. Según nos cuenta la tradición desde el siglo XVI esta puerta se llamó en conmemoración de este  acontecimiento: Puerta del Triunfo. En ella se colocaron los escudos de los tres linajes, junto a una hornacina, donde se coloco una imagen de la Virgen de la Victoria. Según una venerable leyenda, el día de la conquista se produjo un milagro después de la invocación a la Virgen para que les socorriera en esta batalla, apareció un resplandor en la muralla y contemplaron una visión celestial, poco después Fernán Ruiz abrió la puerta que les facilito la entrada.

La leyenda motivo el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre un muro, en medio de dos torreones, y la creación en el siglo XVI de una capilla en la fortaleza en el acceso principal en la parte que mira a la población.

Una vez conquistada Trujillo los ejércitos cristianos corren hasta llegar a los márgenes del Guadiana. En 1234, conquistaron Santa Cruz, Medellín y en febrero de 1235, Magacela.

En el Castillo, en el patio denominado de San Pablo o Albacar, se ubicó una ermita en memoria del Santo Apóstol Pablo, por haberse producido el  día de su conversión, el 25 enero, la reconquista definitiva de Trujillo arrebatado a los árabes por los cristianos.

En conmemoración de la toma de Granada, los Reyes Católicos ordenaron que se reconstruyera la Puerta del Triunfo de Trujillo y se pusiera sobre el muro exterior del arco su escudo de armas. En la hornacina existía una imagen de la Virgen, que las tropas que reconquistaron la villa en 1232, habían situado en este bello pórtico de poniente.

A este lugar, después de la misa mayor, que se celebraba en la cercana iglesia parroquial el día de Nuestra Señora de Agosto, y en la conmemoración de la toma de Trujillo, en el día de la festividad de San Pablo, el Concejo y el Clero se trasladaba en solemne procesión al Arco del Triunfo, donde se cantaba una Salve con su antífona y oración. Por la tarde se celebraban los festejos populares de cañas y toros, en la plazuela de Santa María, y posteriormente, se trasladaron a la actual Plaza Mayor.

El primer testimonio documental que recogemos de estos festejos taurinos lo encontramos en el acta de la sesión celebrada por el Ayuntamiento, el día 5 de agosto de 1499, en dicho año los ciudadanos piden que manden dar los toros para el día de Santa María. El Concejo toma el acuerdo de no aceptar esta propuesta. Pero, el hecho de encontrarnos con datos sobre festejos populares en estas fechas finales del Medioevo, no quiere decir que no hubieran existido anteriormente pues la tradición y la historia atestiguan que las que las fiestas religiosas de la Virgen de la Victoria y las corridas de toros están íntimamente ligadas a través de los siglos.

Las fiestas más extraordinarias fueron las celebradas en 1519 con motivo de haber sido elegido Carlos I, el 28 de junio de dicho año, Emperador de Alemania.

En 1531, se construye la capilla del Castillo y en ella se coloca la nueva imagen de la Virgen. Ya se hace referencias en los documentos municipales a celebrar la fiesta de Santa María de la Victoria. Los cultos consistieron en vísperas solemnes, misa diaconada con Sermón en la parroquia de Santa María la Mayor, procesión a la ermita del Castillo con el Concejo, llevando el pendón y una imagen de la Virgen. Esta procesión se celebraba por la tarde a causa del calor, motivo por el que los juegos de cañas se celebraban otro día.

 



[1] Tres censos que gravan a una tenería y tahona de Trujillo. El primero a favor de Alonso Galán y el segundo a los herederos de Juan Escobar y el tercero a la Cofradía de los Santos Mártires Hermógenes y Donato. 4 folios. Archivo Municipal de Trujillo, 2-1-339-1. año 1702.

 

[2] FLOREZ, E: La España Sagrada, tomo XIII, p. 120, Madrid, 1756.

[3] Tomo III, pág. 460.

[4] “Idus Decembris. In Spanis Civitate Emérita natalis Eulaliae, et in alio loco Ermogenis, Donatis et aliorum XXII”. TENA FERNANDEZ, J, op. Cit, p. 316.  Lo mismo testifica el Martiriologio Blumnao que expresa: “Hermógenis, Donati et aliorum XII”. Y, también el Richenoviense: “Et in alio loco Ermoginis, Donati, etc…”.

[5] Según consta en los Anales Toledanos I-II, datan entre 1219-1250. Nos interesan los Anales II, que llegan hasta 1250 y parecen estar redactados por un mudéjar. Los Anales Toledanos I y II fueron publicados por primera vez por Francisco de Berganza en Antigüedades de España en 1721; en 1767 el historiador y teólogo Enrique Flórez reunió los tres Anales en el tomo XXIII de la España Sagrada, publicada en 1747.

[6] Leg. 1-4-2. Archivo Municipal de Trujillo.

[7] “Que los caballeros del mes fagan prevenir la feista del Señor San Pablo para que se celebre en su iglesia que se ha reedificado desde este año en adelante y echen el sermón a quien le a de predicar”. Leg. 1-6-10. Archivo Municipal de Trujillo.

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI EN TRUJILLO. SU HISTORIA

 

La festividad del Corpus tiene su origen en el año 1230, en las visiones de la monja cisterciense Juliana de Monte Cornelión, priora del monasterio de San Martín de Lieja. En ellas se le manifestó la voluntad divina de que se observara una fiesta del Santísimo Sacramento. En 1261 el Papa Urbano IV será testigo de un milagro que confirmaba estas visiones, conocido como misa de Bolsena, en que brotó sangre de la Hostia consagrada[1]. Esto sirvió para que en el año 1264 publicara una bula que instituía esta fiesta. El Papa Clemente V en el Congreso de Viena del año 1311 hará esta fiesta obligatoria para todos los católicos y será Juan XXII quien confiera su forma definitiva al añadirle uno de sus elementos primordiales, prescribiendo para todas las parroquias procesiones especiales en las que se paseara la Sagrada Forma por las calles a fin de que todos los hombres pudiesen contemplarla y adorarla[1].

El punto final de la evolución deberá fijarse en el Concilio de Trento de 1551 donde adquirió el sentido de manifestación triunfal de la Verdad contra la Herejía. Durante el Concilio de Trento, derivados de las normas del mismo, se dio máxima importancia a las celebraciones de las fiestas eucarísticas, tanto a nivel profano (fiestas públicas, autos sacramentales, etc.) como a nivel religioso (solemnidades de cultos y riquezas de actos litúrgicos). Manuel Trens : “Esta nueva fiesta litúrgica no nació con nombre propio y definitivo. Urbano IV no le da denominación propia. Empezó a hablarse de un festum de hoc excellentissimo Sacramento. Se la llama Sacramentum, festivitas, dies Sacramenti o simplemente Eucharistía Christi, mientras franceses y alemanes vertieron en su lengua el nombre de esta fiesta, en España se ha mantenido su denominación latina de Corpus Christis” [2].

Entre las décadas finales del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, la fiesta del Corpus Christi en Trujillo, era un auténtico espectáculo barroco, fomentado por el culto Eucarístico que se impone desde Trento, y con singularidad en España. La cercanía y relaciones de nuestra Diócesis placentina con la sede del Primado, (Toledo) determinó también en nuestra tierra el desarrollo esplendoroso de la fiesta del Corpus.  Durante este tiempo entre el XVI y el XVII, se levantaron arcos triunfales, altares con los bufetes (o escritorios) en los que se hacía parada con el Santísimo, se cubrían los balcones de adamascadas colgaduras, se extendía la juncia y otras hierbas olorosas por las calles, y en la plaza se representaban autos sacramentales, al paso de la procesión, tomando asiento el clero y la corporación civil para contemplar la comedia. Todo esto, costeado por el cabildo municipal, y no siempre, ya que estos gastos suntuarios dependieron de la situación económica de las arcas municipales, y de los dispendios de particulares tal y como queda constancia en los documentos municipales.

En Trujillo durante estos siglos la fiesta del Corpus alcanzó gran importancia, de tal forma que será un punto obligado de referencia en el atrio de la parroquia de Santa María (durante la Baja Edad Media), trasladándose el foco de atracción al atrio de la parroquia de San Martín, enclavado en al actual Plaza Mayor, por la importancia que este centro urbano iba alcanzando ya en los albores del renacimiento, cobrando especial interés durante el barroco[3]. Autoridades eclesiásticas, gremios y cofradías se encargaban de los preparativos de los festejos que daban comienzo el Jueves del Corpus y duraba la octava. Los maitines y las horas canónicas precedían a la misa, celebraba la cual se sacaba en procesión la Custodia. Para la procesión se contrataban danzantes y músicos que eran apreciados por los vecinos y gentes llegadas de las diversas poblaciones comarcanas. Instalado el Sacramento en un tablado bajo dosel, y levantado el escenario para los cómicos, se iniciaban las representaciones de autos y comedias.

Aquí el Ayuntamiento se encargaba de la preparación de la fiesta, contando con la ayuda de los oficios gremiales -que vivían en barrios que recibían el nombre del oficio que practicaban-, músicos y ministriles del Concejo que participaban en la Procesión. Se contrataba al organista que pulsaría desde 1542 los órganos encargados a Juan Ordóñez de León. Los autos sacramentales, las farsas y las danzas se bailaban en el atrio de la parroquia citada, en un tablado levantado a tal efecto, y contratadas previamente por la ciudad. Había una gran variedad de danzas y así estaban las Mitológicas, como la Danza de París; Históricas, como la Destrucción del rey Rodrigo; Bíblicas, como la de Noé cuando salió del Arca; Marianas, como la danza de la Asunción de Nuestra Señora; Hagiográficas, como la Danza de San Gregorio, etc. La importancia de estas danzas de bailes ha quedado reflejada en el folklore extremeño que conserva una serie de ellas que podrían ser las Danzas de Negros en Montehermoso y Danza de Gitanos o de las Italianas, en Garganta la Olla. El sentido de todo este despliegue escenográfico, así como los cambios externos que pueden apreciarse en las calles de todas las localidades que celebran la festividad del Corpus, supondría ocultar todo aquello que pueda recordar la vida cotidiana. La Iglesia, con su presencia en el exterior, sacraliza a la ciudad, convirtiéndola en un templo. Una capa paralitúrgica parece envolver a esta ciudad mundana y laica.

Las “Moralidades” de la Edad Media quizá sean las que ofrezcan más semejanza con los autos, debemos de tener en cuenta que estas “Moralidades” medievales solo intentaban enseñar normas de conducta y tampoco tuvieron gran desarrollo en España. La fuente de autos hay que buscarla en la obra religiosa de Juan de Encina, y sus aportaciones se pueden encontrar en las sugestiones de una significación simbólica, su insistencia en que había una significación dramática que transcendiera los detalles de la acción y su introducción en el drama de un elemento lírico musical en forma de villancico. Alrededor del año 1520 Hernán López de Yanguas en su Farsa Sacramental orienta ya hacia la Eucaristía la forma dramática que Encina y sus seguidores habían aplicado al tema de la Navidad. Muchos más son los pasos seguidos hasta lograr cristalizar, de manera definitiva y como hoy lo conocemos, el Auto Sacramental, su gestación es lenta y en ella hay una serie de factores diversos y variados, situaciones concretas y determinadas, y todo ello dio como resultado la formación de los Autos en honor del Sacramento. En la definición del Auto hay tres aspectos fundamentales, primero el ser una representación dramática, segundo su carácter alegórico y en último lugar al tema a tratar, el Misterio Eucarístico.

Curiosa e interesante es la distinción que Calderón hace entre el asunto y el argumento de los autos. Por lo que respecta al asunto, este debe ser de manera invariable la Eucaristía, el argumento con su parte puede cambiar, puede utilizarse de manera que siempre sirva para apoyar el asunto. Existía así un escenario alargado adosado a un muro y en los extremos carros con los medios y elementos propios de la escenografía, formándose dos núcleos laterales ricamente adornados y un espacio central destinado al desenvolvimiento de los actores. Notamos pues cómo junto al elemento religioso aparece la representación y fiesta profana que acompañaba y completaba la solemnidad del día del Corpus Christi. El misterio eucarístico, a partir de la enseñanza de Trento, se rodea en Trujillo  en el interior de los templos, de complicadas maquinarias, que contribuyen a enriquecer su carácter espectacular en medio de cánticos y músicas saliendo al espacio exterior rodeándose también de ingeniosos mecanismos. Los recursos utilizados entonces que hoy nos puede parecer ingenuos lograban los efectos que se proponían consiguiendo del espectador su participación a través de los distintos estados y sentimientos que estos mecanismos producían. Se utilizaban recursos escenográficos como poleas y tornos, trampas que hacían desaparecer de las escenas a los actores súbitamente, y una serie de elementos sorprendentes que causaban la admiración de todos. El auto Sacramental puede definirse como representación dramática en un acto o jornada, de carácter alegórico y referente al misterio de la Eucaristía que tenía lugar en el día de la festividad del Corpus. Los orígenes o procedentes del auto sacramental han producido un serie de variadas opiniones, pues frente a los que encuentran cierta dependencia entre este y la representaciones medievales, existen otros que la niegan y por el contrario encuentran su relación y dependencia con la liturgia del Corpus.  En definitiva podemos concluir y definir el auto sacramental como la pieza teatral con música que usa de la alegoría como forma de aludir a la Eucaristía, defendiendo los dogmas católicos por los que se considera al pan y al vino de la misa como verdadera Sangre y Cuerpo de Cristo tal y como en los Evangelios sinópticos se nos atestigua.

No obstante, antes de ese gran auge en las manos de Calderón, algunos literatos españoles de primera fila como es el caso de Lope de vega o de Tirso de Molina, cultivaron este género y lo prepararon para la llegada de Calderón de la Barca.
Según constatamos por los numerosos documentos existentes en el Archivo Municipal de Trujillo, en la Plaza, en el atrio de la parroquia de San Martín de la ciudad se celebraron Autos Sacramentales, coincidiendo con la festividad del Corpus y en los días de su Octava, en el reinado de Felipe IV (1621-1665), utilizando los dos manuscritos de Pedro Calderón de la Barca, bien conservados, que se encuentran en la sacristía de la iglesia de San Martín de Trujillo. El primer manuscrito consta de diez autos sacramentales, en cuyo lomo se halla escrito el contenido del mismo: “Autos de Calderón”, ocupando 339 folios. El segundo manuscrito consta de nueve autos sacramentales, con 332 folios, a los que debemos sumar uno dedicado al índice y cuatro hojas de guarda. Los manuscritos del primer tomo incluyen: Psiquis y Cupido, la Segunda Esposa, el segundo David, Psiquis y Cupido, Llamados y Escogidos, No ay mas fortuna que Dios, el Cubo de la Almudena, la torre de Babilonia, la Lepra de Constantino, el Arca de Dios cautiva. El segundo tomo comprende La apostasía, la gentilidad, la idolatría, la sinagoga, el judaísmo, la envidia, la fe, cupido, el aluedrío, el mundo y músicos[8].

Fray Gabriel Téllez, verdadero nombre de Tirso de Molina ha pasado a la historia de la literatura española por sus obras dramáticas, empieza a tener problemas con otros clérigos que comienzan a calificar su obra de inmoral. Tanto es así que terminará sin poder publicar nada, si bien se supone que existe un importante número de piezas compuestas posteriormente paro que nunca han salido a la luz.  Por lo que respecta a sus Autos Sacramentales, dado el carácter teológico de los mismos. Curiosamente, dos de  los autos sacramentales que escribió: “El Colmenero divino” y “Nuestra Señora del Rosario o La Madrina del Cielo”, según consta en el Libro de Visitas de 1627 de la parroquia de San Martín de Trujillo, cuando el visitador general del obispo don Francisco de Mendoza y Rivera alaba los actos celebrados en Trujillo con motivo del Corpus. Precisamente, entre los años 1626 y 1629 estuvo Tirso de Molino como Comendador en el convento de la merced de Trujillo.

Para realizar la representación, se utilizaban en el atrio de la parroquia de San Martín de Trujillo unos tablados fijos y carros móviles propiedad del ayuntamiento, que se preparaban y adornaban en medio de un gran secreto y misterio. En la puesta de escena de manera alegórica, este misterio intervenían una serie de recursos plásticos, encaminados a atraer la atención del espectador y hace más comprensible lo representado. A la fuerza y eficacia de la imagen viva que hacían la representación en los tablados y carros, se unían una serie de factores diversos donde el sentido de la vista participaba de manera importante, pues junto a los decorados carros, se utilizaban efectos lumínicos hábilmente manejados, artificios, a veces complicados y tramoyas que componían un lenguaje fácil y a la vez de sorpresa. Junto a esto, había que añadir el elemento musical que también contribuiría a crear un especial ambiente en estas representaciones dramáticas. De esta manera, notamos como a la fuerza de la palabra, se unían los sentidos oído y vista para conseguir una mejor captación del misterio, y llegar más fácilmente al sentido del pueblo, así mediante la suma de todos estos recursos prácticos que producían sentimientos diversos, de admiración, miedo, alabanza, etc, se conseguía una enseñanza dogmática. Sigue leyendo

LA PLAZA DE TOROS DE TRUJILLO

 

La afición a los toros forma parte de la historia de Trujillo. Su Plaza Mayor ha sido testigo de algunos de estos espectáculos, como el celebrado en el año 1648 en la llegada del rey Felipe III la ciudad.

Era el Ayuntamiento el que ateniéndose a un riguroso protocolo, se encargaba de organizar la construcción y subasta de tablados y colocación de alguaciles en lugares estratégicos. Los asientos eran por derecho propio, por cédula real o por haber abonado su localidad –como diríamos ahora- en los cuartos suelos y entresuelos. Pero también había algunos que presenciaban la fiesta desde ventanales y balcones de sus casas y palacios que rodean la Plaza.

Con estos antecedentes es lógico que Trujillo tuviera una Plaza de Toros fija. Existen documentos que acreditan que existió una plaza de toros en la antigüedad, lindera a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad. La Cofradía de la Piedad era la propietaria de dicha plaza, estaba en el área que hoy ocupa la actual Plaza de Toros. El día 19 de marzo del año 1809 los franceses entraron en Trujillo y destrozaron la ermita y su plaza de toros. En el año 1819, aún ejercía la Cofradía de la Piedad el derecho dominical sobre la mencionada plaza, porque, como digo de la peste colérica, se intentó poner en ella un Lazareto y a este fin el Ayuntamiento solicitó autorización del Alcalde de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad para ello.

En el año 1846 se formó una sociedad para reedificar la Plaza de Toros de Trujillo, según reza su pequeño libro de acuerdos que se conserva en el Archivo Municipal. Los dos primeros acuerdos del acta primera, fecha 18 agosto, dicen literalmente:

1º.- Se nombra una Comisión compuesta por el señor Marqués de la Conquista, don Vicente Hernández, don Santiago Martínez, don Hermenegildo Moreno por el carácter doble de depositario de los fondos de esta sociedad.

2º.- El objeto de esta Comisión era averiguar a quién pertenece en propiedad la plaza que se trata de reedificar”.

Diez días después, la Comisión se dirigía al Ayuntamiento en solicitud de compraventa de esta ruinosa fábrica. El Concejo comisionó al regidor don Pedro Pedraza y al síndico don Guillermo Martínez para averiguar la propiedad de aquellas ruinas y si se podían vender sin perjuicio de tercero. Estos señores informaban, el 3 octubre del mismo año 1846, que no había perjuicio de tercero en la venta con tal de que se ponga la condición de que los compradores no sean dueños de la cosa vendida en el ínterin que la plaza de toros no se haga.

La Sociedad de Vecinos abrió una suscripción de acciones, valorando la unidad en mil reales, que sumase el capital necesario para su proyecto. El mayor accionista fue don Jacinto Orellana, Marqués de la Conquista,

Conforme a este acuerdo, se formalizó el expediente de venta. La Sociedad de Vecinos abrió una suscripción de acciones, valorando la unidad en mil reales, que sumase el capital necesario para su proyecto. Se conservan las listas nominales de vecinos con expresión de calles en que habitaban y acciones suscritas. El mayor accionista fue don Jacinto Orellana, Marqués de la Conquista, que suscribió cincuenta acciones. Los suscriptores gozaban de ciertos privilegios.

El 14 de septiembre del año 1847, el Ayuntamiento vendía el terreno y materiales aprovechables de las ruinas mencionadas a la sociedad de vecinos en precio de quinientos reales. De la construcción de la nueva Plaza de Toros se hizo cargo el arquitecto don Calixto de la Muela, siendo el valor de las obras 236.000 reales. Este precio fue la inicial, pues su totalidad ascendió al millón de reales.

El diámetro del anillo mide 35 m, siendo por consiguiente su superficie de 962 m². La extensión de los corrales 362 m²; ocupan palcos, gradas y demás, 3338 m², que en total forman 4660 m²; tiene esta plaza transporta centrada, dos toriles divididos en tres compartimentos, que comunican con los corrales. Por el Poniente linda con casa de corral que fue de don Miguel Luengo y que hoy posee doña Petra Delgado Álvarez

Andando el tiempo, el dueño absoluto en forma legal de esta Plaza de Toros fue el mayor accionista, el Marqués de la Conquista. Según deducimos de los documentos consultados no se cubrió el número de acciones suficientes para la obra, haciéndose cargo de ella don Jacinto Orellana, quien al morir el día 27 de julio del año 1899, la lega en herencia a quienes la vendieron el 14 septiembre de 1902, al Ayuntamiento de la Ciudad, por escritura pública otorgada ante don Manuel Eladio Ferrer y Pérez, en precio de 22.500 pesetas pagaderas en tres plazos de 7500 pesetas cada uno. Los vendedores de la plaza fueron don Antonio Orellana Pérez-Aloe, por su propio derecho; doña María Pérez-Aloe, representada por don José Gil calzaba. Y, don Jacinto Orellana Avecia, don Carlos, don Jacinto, don Diego y doña Jacinta Cabrera Orellana, representados por don Agustín Solís Fernández, John Agustín y doña Lucía Orellana Pérez-Aloe, por don Vicente Álvarez Mateos.

A partir de esa fecha hay constancia de diversos espectáculos celebrados como digo de las ferias y fiestas del mes de junio. En el año 1909, a partir del 8 mayo comienzan apareciendo noticias en la prensa sobre las corridas de toros que se celebrarán unto ese día el Noticiero Extremeño dice: “Ha sido cedida la plaza de toros a don Miguel Vázquez, quien se propone dar en la feria de junio dos corridas con toros de Olea y y del señor Conde de Trespalacios, y en la que actuarán de matadores Vicente Pastor y Gaona. El Ayuntamiento las subvenciona con 6000 pesetas”.

Al día siguiente aparecen estas noticias que por su relación con la Plaza de Toros se transcriben: “El resultado de la tienta de reses bravas de la ganadería del señor Conde de Trespalacios no pudo ser más satisfactorio, pues algunos de los becerros recibieron 17 puyazos, quedando el ejido para simiente el que atiende por el nombre de “Calvito” y que es un precioso ejemplar de la raza astada. Acudió numeroso público de Trujillo y arrabales. Efecto del largo camino hubo tres automóviles, ocho coches, cuatro carros y veinticinco caballos, pues el tentadero dista tres leguas”.

El Noticiero Extremeño del día 20 mayo 1909 publica: “Feria de Trujillo – en los días 3,4 y 5 junio tendrá lugar la feria y fiestas siguientes: Tracas y fuegos artificiales, sesiones cinematográficas al aire libre, teatro, circo de gallos, juegos de agua, conciertos y dianas a cargo de la brillante banda de música del regimiento de infantería de Castilla, de guarnición en Badajoz y otros espectáculos- dos magníficas corridas en los días tres y 4 junio, lidiándose en cada tarde seis escogidos toros de las acreditadas ganaderías de los señores don Eduardo Olea y conde de Trespalacios con las cuadrillas de los afamados matadores de toros Vicente Pastor y Rodolfo Gaona. Una comisión formada por el primer teniente de alcalde don Luis Pérez Aloe, don José Montalvo y don Juan C. de la Peña, dirigirá todo lo relativo a estas fiestas de toros”.

 

LA BASÍLICA VISIGODA DE TRUJILLO (PUERTA DE CORIA)

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo.

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo. Es indudable que la basílica estaba en plena necrópolis. Además, entre los años 1985 y 1986 se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas por el Departamento de Historia Antigua dirigidas por el Doctor  Sánchez Abal y en las que participaron José Antonio Redondo, José A. Ramos y Julio Esteban.

Fue excavada parcialmente encontrándose un edificio que conserva a ras del terreno su cabecera, orientada prácticamente al noroeste, y la unión con los muros del aula y arranque es de las naves laterales que, junto el resto se encuentra enterrado o perdido, sin otros testimonios estructurales que permitan interpretarlo como un conjunto monástico, sino más bien parece que se trata de una pequeña iglesia para asistencia cultural del arrabal.
Dispone de una cabecera de 3,08 m de diámetro con 2,5 m en el eje, con planta de herradura cuyo desarrollo curvo se manifiesta también al exterior. El ábside está construido con sida desde callados para mejor ajuste, la mayoría colocados a tizón y casos de pizarra; su fábrica conserva visibles hasta cuatro hiladas que suman una altura en torno a 1,83 m y 80 cm de grosor. No quedan restos de la ventana, nivel el lúcido del paramento.
El arranque izquierdo de la cabecera presenta un esculpido que tal vez sirviera para acoplar un cartel que separarse este espacio del aula. Si nos atenemos a los sillares que flanquean la cabecera, adosados al muro testero de mampostería se puede construir una planta basílica, con una nave central de 3 m de ancho y las laterales de 2,05. Las arquerías que separaban estos ámbitos y van sustentadas con pilares de sillares. La mampostería de granito ligada con tierra y cal, reutilizar una pieza de origen romano como por ejemplo sillares moldurados.
El ábside en herradura y las tégulas que formaban al menos una de las tumbas dentro de la basílica nos fechan el yacimiento en el siglo VII después de Cristo.
La presencia de un gran sillar en el muro de fachada norte, tal vez indique la existencia de un acceso lateral, adicción al de los pies de la nave, dato que no podemos asegurar por la pérdida del extremo oeste del edificio, donde la roca granítica se encuentra más somera. La excavación de la nave central sacó a la luz una sepultura con las paredes de mampostería, hay tegulas de escaso grosor utilizadas en la fábrica, semejante a las documentadas en algunos edificios de Mérida en la fase del emirato. Probablemente nos encontramos ante un edificio que atendía al culto de un arrabal poblado por mozárabe y asistido por esta Iglesia de la que debió perderse su memoria anterior a la conquista de los cristianos pues no se explica que no fuera rehabilitada después.

APORTACIONES HISTÓRICO-ARTÍSTICAS. LA SEMANA SANTA DE TRUJILLO

La celebración de la Semana Santa en Trujillo viene de tiempo inmemorial. Podemos partir de la primera mitad del siglo VII, el recuerdo y la contemplación de los Misterios de la Pasión en la basílica visigoda de Trujillo, tras muros de la Puerta romana de Coria. La reconquista definitiva de Trujillo se produce el 25 de enero del año 1232. La defensa de la villa le volvió a ser otorgada a las Ordenes Militares.

La Hermandad más antigua existente en Trujillo, del tipo de las militares era la de los caballeros de la Orden Truxillense, en la que aparecen reguladas reuniones anuales para adorar a Dios y rendir culto al patrón San Andrés, estableciendo prescripciones religiosas, de paz y de caridad. Hemos de mencionar en la Baja Edad Media los Vía Crucis que, traídos a Occidente por los franciscanos que se instalan en el convento de la Luz en Trujillo, en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus, de Alejandro VI (25 de julio de 1499), era la liturgia importada de Jerusalén.

Es secular la devoción del Vía Crucis, que primeramente contemplaba solo siete estaciones, hasta que el franciscano Leonardo de Porto Mauricio las elevó a catorce, en la forma que, poco más o menos, meditamos ahora.

Los “oficios”, íntimamente ligados a la vida municipal trujillana, renacen el día en que los Concejos arraigan en el suelo español. Por el Fuero conocemos que una de las atribuciones primitivas del Concejo era la política de la industria y el comercio, lo que prueba que los menestrales y mercaderes formaban los “oficios”, ya constituidos y que se agrupaban en las calles colindantes a la Plaza y que irán adquiriendo un fuerte protagonismo en la vida social de nuestra ciudad.

Una efervescencia cofradiera vive Trujillo en los años finales del siglo XV, dirigida por los franciscanos fray Pedro de Melgar y fray Juan de Guadalupe, y propiciada en Castilla y León por los Reyes Católicos en un deseo de restaurar la maltrecha moralidad pública, imprescindible para crear el ambiente religioso que propiciase el de cruzada para culminar con éxito el último bastión que quedaba en España, la conquista de Granada. Esos gremios participaban en celebraciones masivas en Trujillo en Autos Sacramentales.

Los atrios llegaron a ser pequeños, así el sentimiento de caridad que despertaban los impedidos que no podían asistir a estas representaciones que duraban hasta bien entrada la madrugada, consiguió que estos actos salieran a la calle. Serán los gremios artesanos existentes en Trujillo, acogidos cada uno a la advocación de una imagen procesional, los que llenen las calles de “pasos” (del latín “passus”, sufrimiento). los que se encargen de organizar procesiones religiosas en estos tiempos medievales.

Sus reglas están presididas por la obra de misericordia que supone enterrar a los muertos, ya sean hermanos cofrades, pobres o ajusticiados, atendiendo a su inhumación, exequias y sufragios.

La economía agrícola de los siglos XIV y XV, con frecuentes años de malas cosechas, las sucesivas epidemias que diezman la población española, junto a la mortalidad ocasionada por las guerras, inducen a actos penitenciales públicos, pidiendo favores celestiales como remedio de los diversos males. Así, se van configurando las cofradías de penitencia, uno de cuyos rituales es la celebración de un Vía-Crucis, que partiendo de la iglesia de la Vera Cruz, pasaba por la plazuela de los Descalzos, llegaba a la iglesia de Santiago, para regresar de nuevo a la Vera Cruz por la calle Gargüera.

SIGLO XVI

Por tanto, la constitución de Hermandades o Cofradías en Trujillo, tal y como las entendemos hoy día, surgen en los años finales del siglo XV. La representación plástica de los momentos de la Pasión y Muerte de Cristo se multiplicarán de modo impresionante en Trujillo en los años finales del siglo XVI, imágenes que saldrán en procesión con un profundo sentido de religiosidad.

Con el arte religioso como factor perceptible de la facultad sensitiva-humana puesta al servicio de la fe movió a más almas sencillas que la dialéctica de sus apologistas y así el efecto trágico de un Cristo en la cruz, llevaron a muchos corazones a una mayor compunción que algunas pláticas carentes de fondo.

Tras el Concilio de Trento (1546-1563) se multiplican en nuestra localidad estas conmemoraciones multitudinarias, con la formación de hermandades y cofradías, que se encargarán del ornato y culto de una imagen o “paso” en concreto. Los viejos estatutos de las Cofradías se hacen tremendamente exigentes al señalar las condiciones de ingreso en las mismas. De mediados del siglo XVI data la Cofradía de la Caridad de Trujillo que comenzó a edificar en 1578 un hospital e iglesia en la Plazuela de la Encarnación bajo la advocación de San Lorenzo, siendo favorecidos por el Ayuntamiento que colaboró en la edificación de la obra con 20.000 maravedís y Gonzalo de Sanabria otros 20.000 maravedís.

El 6 de enero de 1586 el Concejo y la citada Cofradía concertaban por Escritura Pública, ante Juan Velardo, recibir ésta de los Propios de la ciudad trescientos ducados con Facultad Real para terminar en el plazo de breves días las obras, a las que con otras menores limosnas, ya había subvenido el Ayuntamiento. La iglesia estuvo bajo el patrocinio y advocación de San Lorenzo. El Hospital era conocido con el nombre de la Caridad, por la Cofradía a quien se debía tal construcción.

Gran importancia tuvo en nuestra ciudad a lo largo del siglo XVI la Cofradía de la Vera Cruz, la única que tenía disciplinantes. En la tarde del Viernes Santo, anualmente, concurrían a la iglesia de la Vera Cruz, confesados, jurando ante el mayordomo hallarse perdonados y contritos. Llevaban preparadas sus disciplinas y sus cuerpos despojados, cubiertas sus caras y exentos de cualquier signo que pudiera identificarles.

La procesión que organizaba la Cofradía citada, el Viernes Santo, partía de la parroquia de la Vera Cruz, seguía por la plazuela de los Descalzos, bajaba por la cuesta de San Andrés y pasando por la calle del Paso (antes Olleros), en cuya plazoleta se tenía lugar el encuentro de la Virgen del Mayor Dolor, de la Cofradía de Caballeros de San Martín, procedente de la parroquia de San Martín, con el Cristo Crucificado que venía del templo de la Vera Cruz, continuaban juntos hacia la iglesia de la Encarnación. La calle que corre paralela a este templo, se la conocía como vía del Mayor Dolor, por un acto de flagelación que realizaban los disciplinantes que acompañaban a estas imágenes en la procesión del Viernes Santo.

Un acuerdo concejil del 13 de abril de 1581 nos habla de esta procesión: “E luego el señor Corregidor dijo que la cuesta y paso que está desde la puerta de la Vera-Cruz hacia la Encarnación está muy agrio y mal empedrado, y como pasan por allí las procesiones y disciplinas del Jueves y Viernes Santo, que se conviene que se aderece y repare, y así se acordó que el señor Melchor González lo haga traer en pregones y de razon dello a esta ciudad, para que se haga como mejor y más barato sea y con brevedad”. El día 26 de marzo de 1582 era ensanchada la calle de la Vera-Cruz por disposición del Ayuntamiento, tomando terreno de un cercado de Pedro Calderón Altamirano.

SIGLOS XVII Y XVIII

El siglo XVII va a constituir un hito decisivo de los desfiles procesionales pasionistas. El Barroco, como nueva modalidad cultural, en su afán de realismo y de gran teatralidad, desarrollará en España la escultura procesional, favorecido por una religiosidad que lo inundaba todo y por la propia Corona. A mediados del siglo XVII, surge la Cofradía de Jesús de Nazaret, que piden la oportuna licencia al Sr. Obispo de Plasencia don Diego de Arce Reinoso para hacer la procesión, adquirir la imagen de Jesús Nazareno que era venerada en la iglesia de San Lorenzo, e incorporarla, como un capítulo más, a sus Ordenanzas. Esta imagen de Jesús Nazareno, se conserva actualmente en el coro de la iglesia de San Francisco.

En la segunda mitad del siglo XVII, los gremios trujillanos acogidos a la Cofradía de la Santa Caridad y Cofradía de Jesús de Nazaret organizan la Semana Santa. El 11 de enero de 1671, ante el escribano Francisco Márquez, se otorgó escritura pública de “Contrato y Concordia entre la Cofradía y Hospital de la Caridad y la Cofradía de Jesús de Nazaret en razón de poner un retablo en el Altar Mayor de la dicha iglesia”.

En dicho retablo estuvieron colocadas las imágenes que salían en procesión en Semana Santa. En el centro del retablo estaba la imagen de Jesús de Nazaret, debajo de ella el Sagrario para el Santísimo Sacramento, para que los enfermos del Hospital de la Caridad pudieran recibirlo. A ambos lados, las imágenes de la Verónica y San Juan Evangelista, y en el ático del retablo, la imagen de San Lorenzo. En un lateral, la Coronación de espinas, y frente de él se haga otro para el Señor atado a la columna. Ese mismo año la iglesia de San Lorenzo cambia su nombre por iglesia de Jesús.

Tras el Decreto de Carlos III, en 1783, en el cual ordena la extinción de hermandades gremiales y todas las erigidas sin autoridad real o eclesiástica, decretando que únicamente podrán subsistir las aprobadas por ambas jurisdicciones y las Sacramentales, desaparecen por completo las cofradías de la Vera Cruz y de Caballeros de San Martín, que en la práctica de la realidad casi eran inexistentes, se limitaban a acompañar en los desfiles procesionales a las cofradías de la Caridad y de Jesús Nazareno, éstas sí continuarán organizando la Semana Santa.

Las cofradías trujillanas ven como su acervo espiritual se enriquece con la concesión de nuevas indulgencias o ratificación de otras antiguas, con el consiguiente aumento del fervor de sus miembros y mayor veneración de sus advocaciones titulares.

Todo este auge se va a ver interrumpido con la Guerra de la Independencia. Precisamente, en Trujillo, se suspenden los desfiles procesionales de 1809, ante la proximidad de las tropas francesas y el consiguiente abandono de la ciudad por parte de sus vecinos. Sin duda, fue el momento más difícil tanto para la población como para algunas de nuestras antiguas cofradías. Con la invasión francesa, en 1809, desapareció la Cofradía de la Caridad con la destrucción del Hospital. La iglesia no corrió la misma suerte, quedó abierta al culto y continuó en ella la Cofradía de Ntro. Padre Jesús que siguió celebrando los cultos de Semana Santa a partir del año 1811, fecha en la que se fundará la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.

SIGLOS XIX Y XX

El día 12 de diciembre de 1820, un grupo de representantes de los ciudadanos de Trujillo acudieron al Jefe Político Superintendente de la Provincia, en súplica de que la Caja de Crédito Público no se incautase de los bienes y rentas del Hospital de la Caridad, pues aunque estaba arruinado el edificio que servía para curar a los enfermos a causa de la guerra de 1809, proyectaba el Concejo destinar los bienes para la creación de un Hospital Municipal. En 1856 un vecino de Trujillo adquiere el Hospital de la Caridad por 8.200 reales. Por Real Orden de 1874, El Jefe Político accedió a la creación de un Hospital Municipal, que fue creado en la plazuela de los Descalzos.

A las funciones que anualmente celebraba la Cofradía de Ntro. Padre Jesús acudían un gran número de cofrades y devotos. Oradores sagrados ocuparon el púlpito de la iglesia de Jesús predicando en sucesivos Miércoles de cuaresma y en riguroso orden los hechos más destacados de la Pasión: Oración en el Huerto, venta, prisión de Jesús, bofetada, azotes, colocación de la corona de espinas, cruz a cuestas, concluyendo todos estos actos con el canto del “Miserere”, a excepción del último Miércoles que era santo y al concluir la predicación, a las cinco de la tarde, se iniciaba la procesión a las cinco de la tarde de Ntro. Padre Jesús y los demás pasos que componían el desfile de ese día: Oración en el Huerto, Verónica, Señor atado a la Columna, Señor de las Espinas, San Juan Evangelista, Bendita Magdalena. El Jueves Santo a las ocho de la noche tenía lugar el sermón de la Pasión. La procesión del Viernes Santo era organizada por la Cofradía de la Soledad que tenía sus propios estatutos y actuaba ajena a la otra Cofradía.

En Noviembre de 1846 los hermanos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno acuerdan llevar un distintivo en los actos públicos a los que asistan, éste consistirá en un escapulario con la imagen de Nuestro Padre Jesús llevando la cruz a cuestas, estampada en tafetán, color morado y en el reverso una inscripción (N.P.J.N).

El 28 de marzo de 1847, las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y la Soledad acuerdan organizar las procesiones y las funciones religiosas en común, pero aún habría que esperar un año para la unión de ambas cofradías. Todas estas reuniones tenían lugar en la sacristía de la iglesia de Jesús. Se solicita al Ayuntamiento ayuda económica ante la precaria situación de la población a raíz de la Desamortización para las funciones religiosas.

La Cofradía de Ntro. Padre Jesús organizaba la procesión del Miércoles Santo y la de la Soledad, el Viernes Santo. En Junta celebrada el Domingo de Ramos, 28 de marzo de 1847, se avienen a que la procesión que hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús el Miércoles Santo asistan los hermanos de la Soledad con sus insignias, estandarte y seis velas; participando también éstos, en la procesión que el Viernes Santo hace la de la Soledad. Y que los hermanos de ambas Cofradías asistan a los actos religiosos que en la Semana Santa se celebran en el templo de San Francisco, siendo uno de ellos el Sermón de las Siete Palabras, Descendimiento y Soledad, el Viernes Santo.

Los pasos que salían en la procesión del Miércoles Santo: Oración en el Huerto, la Verónica, el Señor atado a la Columna, el Señor de las espinas, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan y la Soledad. El recorrido procesional era el siguiente: De la calle Encarnación a la calle Nueva, en dirección a la plazuela de San Miguel, subía por la calles Sofraga y Sillerías hasta la Plaza Mayor, en donde daba la vuelta alrededor de la misma, seguidamente bajaba por las calles Carnicerías y Herreros hasta el templo de San Francisco, en donde concluía. Las imágenes eran trasladadas el Jueves Santo a la iglesia de Jesús, después de sermón de Pasión.

En el año 1848, se agrega la Cofradía de la Piedad a la de Jesús, considerando además que la imagen de la Virgen de la Piedad se venera en la iglesia de Jesús, desde la destrucción de su ermita con motivo de la invasión francesa de 1809. Desde entonces, la divisa de la Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto con el estandarte de la Cofradía de Jesús. Atendiendo a los beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto. El día 5 de febrero de 1848 se unen las Cofradías de Jesús y la Soledad, que se habían reorganizado aún con mayor fuerza que antes de que fueran extinguidas con motivo de la Desamortización.

En 1923 cesó el culto en la iglesia de Jesús. Su retablo fue depositado en la parroquia de San Francisco. Un año después, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús fue reorganizada bajo el título de Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad, que obtenía el título posesorio de la iglesia de Jesús ante el Juez de Primera Instancia don Rufino Gutiérrez. De esta manera el espíritu cofradiero de Trujillo conoció una renovación espiritual, intensificando los cultos a sus advocaciones titulares.

En los años ochenta se inicia una recuperación de cofradías y desfiles. En el año 1984 se funda la Cofradía de San Juan y un año después se actualiza la Hermandad del Cristo del Perdón con la renovación de sus estatutos (fundada en el año 1952). En el corto espacio de dos años irán surgiendo nuevas cofradías en Trujillo que se sumarán con sus hermanos de paso y luz, imágenes, estandartes y bandas de música, a los desfiles procesionales. De esa recuperación fueron protagonistas un buen número de personas jóvenes que se incorporaron a las tareas cofradieras. Al mismo tiempo que se alejaba el miedo, vivido en los setenta, de tener que dejar en el templo, por falta de hermanos de carga, alguna imagen.

En el año 1992, se crea con renovadas ilusiones la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo que tiene encomendada la tarea de la organización de las procesiones de Semana Santa. Se reanudan los famosos pregones en la voz carismática de don Agustín Villanueva, que habían decaído en los años setenta parejos a las procesiones, y la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias editan nuevas guías y carteles. En la actualidad, estas cofradías y hermandades han llevado a cabo la loable labor de restaurar sus imágenes e influyen decisivamente en la brillantez de los desfiles procesionales.

ESTUDIO ARTÍSTICO DEL CRISTO GÓTICO Y RETABLO LATERAL DE LA IGLESIA DE HIGUERA DE ALBALAT

Higuera de Albalat se encuentra en la zona noreste de la Alta Extremadura, municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39°43’32’’ de latitud norte y los 5°39’56’’ de latitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Navalmoral de la Mata, su casco urbano está situado a 480 m de altitud.

Su edificio más importante es la iglesia parroquial de San Sebastián, obra de los siglos XV y XVII, de mampostería, ladrillo, granito y pizarra, los mismos materiales utilizados en la arquitectura popular de la población. Podemos acceder al templo por la puerta lateral del muro de la Epístola que está precedida por un porche, la puerta se abre en arco de medio punto de cantería con capiteles elementales de fajas góticos, en la entrada un letrero nos indica que las puertas y la cancela se pusieron el 25 de julio de 2010; la otra puerta lateral de acceso al templo, situada en la fachada del Evangelio, se abre en arco de medio punto, pero en esta ocasión, de ladrillo. La iglesia es de una sola nave con cuatro tramos separados por arcos de medio punto que apoyan sobre pilares adosados. Cubierta a dos aguas remozada. Ábside poligonal y cubierto con bóveda de terceletes que descargan en gruesos y esbeltos contrafuertes en el exterior, en la clave de la bóveda se encuentra el escudo del Obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, bajo cuyo auspicio se ejecutó el ábside. Escalera de caracol para subir al campanario. Muros de mampostería y ladrillo. La torre campanario con cornisa que separa la mampostería del ladrillo, de dos cuerpos. A ella se accede a través de la sacristía del templo por una escalera de caracol integrada en un cilindro externo. A la sacristía se entra por un angosto vano de medio punto y está cubierta con bóveda de aristas. En su interior aún se conservan algunos esgrafiados decorativos geométricos tapados con la cal.

Se conserva en el muro de la Epístola, una talla gótica de un Cristo crucificado que preside un retablo de estilo clasicista (significa sencillez, proporción y armonía), destacando una tabla pictórica, en muy mal estado de conservación, con las representaciones a ambos lados del Cristo de San Juan y la Virgen, completando un Calvario. Expresión plástica de una sociedad fustigada por múltiples calamidades, el modelo de crucificado doloroso característico del arte gótico, en que lo patético y lo trágico se unen para sensibilizar al fiel de las amarguras padecidas por Cristo en la cruz, elevando a nivel universal el sufrimiento individual, como catarsis que procure un suelo a sus desgracias cotidianas. El Crucificado de Higuera, ha sido recientemente restaurado, consiguiendo recuperar parte de la policromía encargada de representar el flujo en la trayectoria de la sangre en el costado y las heridas de las piernas. Presenta el vientre hundido hacia dentro, en el preciso instante en que acaba de exhalar el último aliento, su boca y ojos entreabiertos produce una sobrecogedora impresión, con el hundimiento del vientre, al reducir el contorno abdominal descuelga el paño de pureza según un diseño y disposición peculiar emparentado con los crucifijos dolorosos de Renania y Cerdeña; los pómulos se apuntan, barba bífida y los cabellos apelmazados están adheridos en bucles a la piel como consecuencia de la transpiración y la efusión de la sangre durante su prolongada agonía. Redundando en la ampliación expresionista, el marcado desarrollo de las extremidades inferiores acentúa el efecto prospectivo y destaca la dislocación de la pierna izquierda, con la pantorrilla de perfil mientras la derecha proyecta su rodilla hacia delante, rompiendo el plano único con un fuerte movimiento profundidad. Significativa aproximación verista es el detallismo con que se modelan los tendones de los brazos y del pie y la con acción del empeine, traduciendo la tensión y el peso efectivo del cuerpo sobre el clavo. Este naturalismo expresionista contrasta con la imagen de las figuras de la Virgen y San Juan, de escasa introspección psicológica. María viste túnica detrás de alto, y se cubre con un manto y marca el rostro con toca de viuda, las manos entrelazadas a la altura del pecho, se encuentra muy mal estado de conservación. Al igual que el apóstol, destacando su disimetría y marcada incurvación hacia el centro de la escena, aunque se encuentra en un estado deplorable parece que su mano derecha exhibe el Evangelio como símbolo parlante de su condición. Su peinado de casco, con rizos marginales, y su semblante expresa, en mayor medida que María, ensimismamiento y atraída concentración. El retablo en el que se encuentra esta tabla que representa María y a San Juan es clasicista, el Crucificado gótico se colocó en el medio de ambas figuras para culminar un Calvario.  El retablo clasicista está formado por una calle central con las representaciones citadas y dos pares de columnas a ambos lados enmarcando una decoración a base de hojarascas y en el pedestal o predela las representaciones pictóricas sobre tabla: Camino del Calvario y Cristo preso ante el sumo sacerdote judío Caifás, en esta pintura vemos a Caifás de pie ante Cristo rodeado por otros sacerdotes judíos. Ha entregado a Cristo a los guardias que le golpearán y se burlarán de Él (episodio conocido como el escarnio de Cristo)[1];  que enlazan con la costumbre teresiana de meditar en la Pasión de Cristo, por eso, en el ático, se dispone la tabla que representa a Santa Teresa de Jesús, canonizada por Gregorio XV en 1622 de la que  existen numerosas representaciones en la pintura española, no solo por la importancia que tuvo su figura desde el punto de vista religioso sino también por tratarse de una santa española. De tales representaciones una de las más repetidas es ésta en la  que aparece como escritora. En una de sus obras más importantes “Las Moradas “o “Castillo Interior”, Santa Teresa narra muchas de las visiones místicas que tuvo a lo largo de su vida entre las cuales se encuentra la de una paloma con alas que revolotea sobre su cabeza, hace ilusiona a la inspiración del Espíritu Santo a la hora de llevar a cabo sus escritos. El anónimo autor de esta obra, nos ofrece precisamente una de estas versiones típicas de la Santa escritora, que se propuso meditar cada día en la Pasión y Muerte de Jesús. Sigue leyendo

JOSE ANTONIO RAMOS RECIBE LA MEDALLA Y LA INSIGNIA DE ORO DE LA JUNTA DE COFRADIAS DE TRUJILLO

Con el fin del Carnaval, comienzan a tomar protagonismo las actividades organizadas

tanto por la Junta de Cofradías, como por las agrupaciones que forman esta entidad.

Dentro de esa programación, llama la atención el recital que ofrecerá Amancio Prada el

Domingo de Ramos y que estará patrocinado por el Ayuntamiento. Además, no faltarán

otros conciertos, besapiés y los actos ya tradicionales.

 

En la noche del 25 de marzo, en el templo de San Francisco en un multitudinario acto, se dio lectura al pregón  a cargo de Fray Emérito Merino Abad, comisario de España en

Tierra Santa . Seguidamente, en este acto, se ofrecerá un homenaje a vecinos

que han dedicado parte importante de sus vidas a ensalzar o promocionar la

Semana Santa trujillana,  durante el mismo el Cronista oficial de Trujillo, José Antonio Ramos, del ex directivo de la Junta de Cofradías, recibió la mayor distinción, la Medalla y la Insignia de Oro de la Junta de Cofradías de Trujillo. Fue fundador de la Cofradía del Cristo Cautivo en 1985 y un año antes de la de San Juan, redactor del informe que consiguió que la Semana Santa fuera nombrada Fiesta de Interés Turístico , ha publicado numerosos artículos sobre la Semana Santa  y autor del libro “Historia de la Semana Santa de Trujillo”. 17545560_1780584692269655_5212210906553449872_o