LA BASÍLICA VISIGODA DE TRUJILLO (PUERTA DE CORIA)

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo.

Saliendo de Trujillo por la puerta de Coria aún podemos contemplar restos de la calzada romana que iba de Turgalium a Cauria, está tan deteriorada que apenas quedan unos metros de su base original. Asimismo hay una basílica mozárabe bajando el terraplén desde la Puerta de Coria. Alrededor de la Basílica Don Juan Tena encontró varias lápidas romanas que actualmente están clavadas en el patio de armas del Castillo. Es indudable que la basílica estaba en plena necrópolis. Además, entre los años 1985 y 1986 se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas por el Departamento de Historia Antigua dirigidas por el Doctor  Sánchez Abal y en las que participaron José Antonio Redondo, José A. Ramos y Julio Esteban.

Fue excavada parcialmente encontrándose un edificio que conserva a ras del terreno su cabecera, orientada prácticamente al noroeste, y la unión con los muros del aula y arranque es de las naves laterales que, junto el resto se encuentra enterrado o perdido, sin otros testimonios estructurales que permitan interpretarlo como un conjunto monástico, sino más bien parece que se trata de una pequeña iglesia para asistencia cultural del arrabal.
Dispone de una cabecera de 3,08 m de diámetro con 2,5 m en el eje, con planta de herradura cuyo desarrollo curvo se manifiesta también al exterior. El ábside está construido con sida desde callados para mejor ajuste, la mayoría colocados a tizón y casos de pizarra; su fábrica conserva visibles hasta cuatro hiladas que suman una altura en torno a 1,83 m y 80 cm de grosor. No quedan restos de la ventana, nivel el lúcido del paramento.
El arranque izquierdo de la cabecera presenta un esculpido que tal vez sirviera para acoplar un cartel que separarse este espacio del aula. Si nos atenemos a los sillares que flanquean la cabecera, adosados al muro testero de mampostería se puede construir una planta basílica, con una nave central de 3 m de ancho y las laterales de 2,05. Las arquerías que separaban estos ámbitos y van sustentadas con pilares de sillares. La mampostería de granito ligada con tierra y cal, reutilizar una pieza de origen romano como por ejemplo sillares moldurados.
El ábside en herradura y las tégulas que formaban al menos una de las tumbas dentro de la basílica nos fechan el yacimiento en el siglo VII después de Cristo.
La presencia de un gran sillar en el muro de fachada norte, tal vez indique la existencia de un acceso lateral, adicción al de los pies de la nave, dato que no podemos asegurar por la pérdida del extremo oeste del edificio, donde la roca granítica se encuentra más somera. La excavación de la nave central sacó a la luz una sepultura con las paredes de mampostería, hay tegulas de escaso grosor utilizadas en la fábrica, semejante a las documentadas en algunos edificios de Mérida en la fase del emirato. Probablemente nos encontramos ante un edificio que atendía al culto de un arrabal poblado por mozárabe y asistido por esta Iglesia de la que debió perderse su memoria anterior a la conquista de los cristianos pues no se explica que no fuera rehabilitada después.

APORTACIONES HISTÓRICO-ARTÍSTICAS. LA SEMANA SANTA DE TRUJILLO

La celebración de la Semana Santa en Trujillo viene de tiempo inmemorial. Podemos partir de la primera mitad del siglo VII, el recuerdo y la contemplación de los Misterios de la Pasión en la basílica visigoda de Trujillo, tras muros de la Puerta romana de Coria. La reconquista definitiva de Trujillo se produce el 25 de enero del año 1232. La defensa de la villa le volvió a ser otorgada a las Ordenes Militares.

La Hermandad más antigua existente en Trujillo, del tipo de las militares era la de los caballeros de la Orden Truxillense, en la que aparecen reguladas reuniones anuales para adorar a Dios y rendir culto al patrón San Andrés, estableciendo prescripciones religiosas, de paz y de caridad. Hemos de mencionar en la Baja Edad Media los Vía Crucis que, traídos a Occidente por los franciscanos que se instalan en el convento de la Luz en Trujillo, en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus, de Alejandro VI (25 de julio de 1499), era la liturgia importada de Jerusalén.

Es secular la devoción del Vía Crucis, que primeramente contemplaba solo siete estaciones, hasta que el franciscano Leonardo de Porto Mauricio las elevó a catorce, en la forma que, poco más o menos, meditamos ahora.

Los “oficios”, íntimamente ligados a la vida municipal trujillana, renacen el día en que los Concejos arraigan en el suelo español. Por el Fuero conocemos que una de las atribuciones primitivas del Concejo era la política de la industria y el comercio, lo que prueba que los menestrales y mercaderes formaban los “oficios”, ya constituidos y que se agrupaban en las calles colindantes a la Plaza y que irán adquiriendo un fuerte protagonismo en la vida social de nuestra ciudad.

Una efervescencia cofradiera vive Trujillo en los años finales del siglo XV, dirigida por los franciscanos fray Pedro de Melgar y fray Juan de Guadalupe, y propiciada en Castilla y León por los Reyes Católicos en un deseo de restaurar la maltrecha moralidad pública, imprescindible para crear el ambiente religioso que propiciase el de cruzada para culminar con éxito el último bastión que quedaba en España, la conquista de Granada. Esos gremios participaban en celebraciones masivas en Trujillo en Autos Sacramentales.

Los atrios llegaron a ser pequeños, así el sentimiento de caridad que despertaban los impedidos que no podían asistir a estas representaciones que duraban hasta bien entrada la madrugada, consiguió que estos actos salieran a la calle. Serán los gremios artesanos existentes en Trujillo, acogidos cada uno a la advocación de una imagen procesional, los que llenen las calles de “pasos” (del latín “passus”, sufrimiento). los que se encargen de organizar procesiones religiosas en estos tiempos medievales.

Sus reglas están presididas por la obra de misericordia que supone enterrar a los muertos, ya sean hermanos cofrades, pobres o ajusticiados, atendiendo a su inhumación, exequias y sufragios.

La economía agrícola de los siglos XIV y XV, con frecuentes años de malas cosechas, las sucesivas epidemias que diezman la población española, junto a la mortalidad ocasionada por las guerras, inducen a actos penitenciales públicos, pidiendo favores celestiales como remedio de los diversos males. Así, se van configurando las cofradías de penitencia, uno de cuyos rituales es la celebración de un Vía-Crucis, que partiendo de la iglesia de la Vera Cruz, pasaba por la plazuela de los Descalzos, llegaba a la iglesia de Santiago, para regresar de nuevo a la Vera Cruz por la calle Gargüera.

SIGLO XVI

Por tanto, la constitución de Hermandades o Cofradías en Trujillo, tal y como las entendemos hoy día, surgen en los años finales del siglo XV. La representación plástica de los momentos de la Pasión y Muerte de Cristo se multiplicarán de modo impresionante en Trujillo en los años finales del siglo XVI, imágenes que saldrán en procesión con un profundo sentido de religiosidad.

Con el arte religioso como factor perceptible de la facultad sensitiva-humana puesta al servicio de la fe movió a más almas sencillas que la dialéctica de sus apologistas y así el efecto trágico de un Cristo en la cruz, llevaron a muchos corazones a una mayor compunción que algunas pláticas carentes de fondo.

Tras el Concilio de Trento (1546-1563) se multiplican en nuestra localidad estas conmemoraciones multitudinarias, con la formación de hermandades y cofradías, que se encargarán del ornato y culto de una imagen o “paso” en concreto. Los viejos estatutos de las Cofradías se hacen tremendamente exigentes al señalar las condiciones de ingreso en las mismas. De mediados del siglo XVI data la Cofradía de la Caridad de Trujillo que comenzó a edificar en 1578 un hospital e iglesia en la Plazuela de la Encarnación bajo la advocación de San Lorenzo, siendo favorecidos por el Ayuntamiento que colaboró en la edificación de la obra con 20.000 maravedís y Gonzalo de Sanabria otros 20.000 maravedís.

El 6 de enero de 1586 el Concejo y la citada Cofradía concertaban por Escritura Pública, ante Juan Velardo, recibir ésta de los Propios de la ciudad trescientos ducados con Facultad Real para terminar en el plazo de breves días las obras, a las que con otras menores limosnas, ya había subvenido el Ayuntamiento. La iglesia estuvo bajo el patrocinio y advocación de San Lorenzo. El Hospital era conocido con el nombre de la Caridad, por la Cofradía a quien se debía tal construcción.

Gran importancia tuvo en nuestra ciudad a lo largo del siglo XVI la Cofradía de la Vera Cruz, la única que tenía disciplinantes. En la tarde del Viernes Santo, anualmente, concurrían a la iglesia de la Vera Cruz, confesados, jurando ante el mayordomo hallarse perdonados y contritos. Llevaban preparadas sus disciplinas y sus cuerpos despojados, cubiertas sus caras y exentos de cualquier signo que pudiera identificarles.

La procesión que organizaba la Cofradía citada, el Viernes Santo, partía de la parroquia de la Vera Cruz, seguía por la plazuela de los Descalzos, bajaba por la cuesta de San Andrés y pasando por la calle del Paso (antes Olleros), en cuya plazoleta se tenía lugar el encuentro de la Virgen del Mayor Dolor, de la Cofradía de Caballeros de San Martín, procedente de la parroquia de San Martín, con el Cristo Crucificado que venía del templo de la Vera Cruz, continuaban juntos hacia la iglesia de la Encarnación. La calle que corre paralela a este templo, se la conocía como vía del Mayor Dolor, por un acto de flagelación que realizaban los disciplinantes que acompañaban a estas imágenes en la procesión del Viernes Santo.

Un acuerdo concejil del 13 de abril de 1581 nos habla de esta procesión: “E luego el señor Corregidor dijo que la cuesta y paso que está desde la puerta de la Vera-Cruz hacia la Encarnación está muy agrio y mal empedrado, y como pasan por allí las procesiones y disciplinas del Jueves y Viernes Santo, que se conviene que se aderece y repare, y así se acordó que el señor Melchor González lo haga traer en pregones y de razon dello a esta ciudad, para que se haga como mejor y más barato sea y con brevedad”. El día 26 de marzo de 1582 era ensanchada la calle de la Vera-Cruz por disposición del Ayuntamiento, tomando terreno de un cercado de Pedro Calderón Altamirano.

SIGLOS XVII Y XVIII

El siglo XVII va a constituir un hito decisivo de los desfiles procesionales pasionistas. El Barroco, como nueva modalidad cultural, en su afán de realismo y de gran teatralidad, desarrollará en España la escultura procesional, favorecido por una religiosidad que lo inundaba todo y por la propia Corona. A mediados del siglo XVII, surge la Cofradía de Jesús de Nazaret, que piden la oportuna licencia al Sr. Obispo de Plasencia don Diego de Arce Reinoso para hacer la procesión, adquirir la imagen de Jesús Nazareno que era venerada en la iglesia de San Lorenzo, e incorporarla, como un capítulo más, a sus Ordenanzas. Esta imagen de Jesús Nazareno, se conserva actualmente en el coro de la iglesia de San Francisco.

En la segunda mitad del siglo XVII, los gremios trujillanos acogidos a la Cofradía de la Santa Caridad y Cofradía de Jesús de Nazaret organizan la Semana Santa. El 11 de enero de 1671, ante el escribano Francisco Márquez, se otorgó escritura pública de “Contrato y Concordia entre la Cofradía y Hospital de la Caridad y la Cofradía de Jesús de Nazaret en razón de poner un retablo en el Altar Mayor de la dicha iglesia”.

En dicho retablo estuvieron colocadas las imágenes que salían en procesión en Semana Santa. En el centro del retablo estaba la imagen de Jesús de Nazaret, debajo de ella el Sagrario para el Santísimo Sacramento, para que los enfermos del Hospital de la Caridad pudieran recibirlo. A ambos lados, las imágenes de la Verónica y San Juan Evangelista, y en el ático del retablo, la imagen de San Lorenzo. En un lateral, la Coronación de espinas, y frente de él se haga otro para el Señor atado a la columna. Ese mismo año la iglesia de San Lorenzo cambia su nombre por iglesia de Jesús.

Tras el Decreto de Carlos III, en 1783, en el cual ordena la extinción de hermandades gremiales y todas las erigidas sin autoridad real o eclesiástica, decretando que únicamente podrán subsistir las aprobadas por ambas jurisdicciones y las Sacramentales, desaparecen por completo las cofradías de la Vera Cruz y de Caballeros de San Martín, que en la práctica de la realidad casi eran inexistentes, se limitaban a acompañar en los desfiles procesionales a las cofradías de la Caridad y de Jesús Nazareno, éstas sí continuarán organizando la Semana Santa.

Las cofradías trujillanas ven como su acervo espiritual se enriquece con la concesión de nuevas indulgencias o ratificación de otras antiguas, con el consiguiente aumento del fervor de sus miembros y mayor veneración de sus advocaciones titulares.

Todo este auge se va a ver interrumpido con la Guerra de la Independencia. Precisamente, en Trujillo, se suspenden los desfiles procesionales de 1809, ante la proximidad de las tropas francesas y el consiguiente abandono de la ciudad por parte de sus vecinos. Sin duda, fue el momento más difícil tanto para la población como para algunas de nuestras antiguas cofradías. Con la invasión francesa, en 1809, desapareció la Cofradía de la Caridad con la destrucción del Hospital. La iglesia no corrió la misma suerte, quedó abierta al culto y continuó en ella la Cofradía de Ntro. Padre Jesús que siguió celebrando los cultos de Semana Santa a partir del año 1811, fecha en la que se fundará la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.

SIGLOS XIX Y XX

El día 12 de diciembre de 1820, un grupo de representantes de los ciudadanos de Trujillo acudieron al Jefe Político Superintendente de la Provincia, en súplica de que la Caja de Crédito Público no se incautase de los bienes y rentas del Hospital de la Caridad, pues aunque estaba arruinado el edificio que servía para curar a los enfermos a causa de la guerra de 1809, proyectaba el Concejo destinar los bienes para la creación de un Hospital Municipal. En 1856 un vecino de Trujillo adquiere el Hospital de la Caridad por 8.200 reales. Por Real Orden de 1874, El Jefe Político accedió a la creación de un Hospital Municipal, que fue creado en la plazuela de los Descalzos.

A las funciones que anualmente celebraba la Cofradía de Ntro. Padre Jesús acudían un gran número de cofrades y devotos. Oradores sagrados ocuparon el púlpito de la iglesia de Jesús predicando en sucesivos Miércoles de cuaresma y en riguroso orden los hechos más destacados de la Pasión: Oración en el Huerto, venta, prisión de Jesús, bofetada, azotes, colocación de la corona de espinas, cruz a cuestas, concluyendo todos estos actos con el canto del “Miserere”, a excepción del último Miércoles que era santo y al concluir la predicación, a las cinco de la tarde, se iniciaba la procesión a las cinco de la tarde de Ntro. Padre Jesús y los demás pasos que componían el desfile de ese día: Oración en el Huerto, Verónica, Señor atado a la Columna, Señor de las Espinas, San Juan Evangelista, Bendita Magdalena. El Jueves Santo a las ocho de la noche tenía lugar el sermón de la Pasión. La procesión del Viernes Santo era organizada por la Cofradía de la Soledad que tenía sus propios estatutos y actuaba ajena a la otra Cofradía.

En Noviembre de 1846 los hermanos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno acuerdan llevar un distintivo en los actos públicos a los que asistan, éste consistirá en un escapulario con la imagen de Nuestro Padre Jesús llevando la cruz a cuestas, estampada en tafetán, color morado y en el reverso una inscripción (N.P.J.N).

El 28 de marzo de 1847, las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y la Soledad acuerdan organizar las procesiones y las funciones religiosas en común, pero aún habría que esperar un año para la unión de ambas cofradías. Todas estas reuniones tenían lugar en la sacristía de la iglesia de Jesús. Se solicita al Ayuntamiento ayuda económica ante la precaria situación de la población a raíz de la Desamortización para las funciones religiosas.

La Cofradía de Ntro. Padre Jesús organizaba la procesión del Miércoles Santo y la de la Soledad, el Viernes Santo. En Junta celebrada el Domingo de Ramos, 28 de marzo de 1847, se avienen a que la procesión que hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús el Miércoles Santo asistan los hermanos de la Soledad con sus insignias, estandarte y seis velas; participando también éstos, en la procesión que el Viernes Santo hace la de la Soledad. Y que los hermanos de ambas Cofradías asistan a los actos religiosos que en la Semana Santa se celebran en el templo de San Francisco, siendo uno de ellos el Sermón de las Siete Palabras, Descendimiento y Soledad, el Viernes Santo.

Los pasos que salían en la procesión del Miércoles Santo: Oración en el Huerto, la Verónica, el Señor atado a la Columna, el Señor de las espinas, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan y la Soledad. El recorrido procesional era el siguiente: De la calle Encarnación a la calle Nueva, en dirección a la plazuela de San Miguel, subía por la calles Sofraga y Sillerías hasta la Plaza Mayor, en donde daba la vuelta alrededor de la misma, seguidamente bajaba por las calles Carnicerías y Herreros hasta el templo de San Francisco, en donde concluía. Las imágenes eran trasladadas el Jueves Santo a la iglesia de Jesús, después de sermón de Pasión.

En el año 1848, se agrega la Cofradía de la Piedad a la de Jesús, considerando además que la imagen de la Virgen de la Piedad se venera en la iglesia de Jesús, desde la destrucción de su ermita con motivo de la invasión francesa de 1809. Desde entonces, la divisa de la Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto con el estandarte de la Cofradía de Jesús. Atendiendo a los beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto. El día 5 de febrero de 1848 se unen las Cofradías de Jesús y la Soledad, que se habían reorganizado aún con mayor fuerza que antes de que fueran extinguidas con motivo de la Desamortización.

En 1923 cesó el culto en la iglesia de Jesús. Su retablo fue depositado en la parroquia de San Francisco. Un año después, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús fue reorganizada bajo el título de Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad, que obtenía el título posesorio de la iglesia de Jesús ante el Juez de Primera Instancia don Rufino Gutiérrez. De esta manera el espíritu cofradiero de Trujillo conoció una renovación espiritual, intensificando los cultos a sus advocaciones titulares.

En los años ochenta se inicia una recuperación de cofradías y desfiles. En el año 1984 se funda la Cofradía de San Juan y un año después se actualiza la Hermandad del Cristo del Perdón con la renovación de sus estatutos (fundada en el año 1952). En el corto espacio de dos años irán surgiendo nuevas cofradías en Trujillo que se sumarán con sus hermanos de paso y luz, imágenes, estandartes y bandas de música, a los desfiles procesionales. De esa recuperación fueron protagonistas un buen número de personas jóvenes que se incorporaron a las tareas cofradieras. Al mismo tiempo que se alejaba el miedo, vivido en los setenta, de tener que dejar en el templo, por falta de hermanos de carga, alguna imagen.

En el año 1992, se crea con renovadas ilusiones la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo que tiene encomendada la tarea de la organización de las procesiones de Semana Santa. Se reanudan los famosos pregones en la voz carismática de don Agustín Villanueva, que habían decaído en los años setenta parejos a las procesiones, y la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias editan nuevas guías y carteles. En la actualidad, estas cofradías y hermandades han llevado a cabo la loable labor de restaurar sus imágenes e influyen decisivamente en la brillantez de los desfiles procesionales.

ESTUDIO ARTÍSTICO DEL CRISTO GÓTICO Y RETABLO LATERAL DE LA IGLESIA DE HIGUERA DE ALBALAT

Higuera de Albalat se encuentra en la zona noreste de la Alta Extremadura, municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39°43’32’’ de latitud norte y los 5°39’56’’ de latitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Navalmoral de la Mata, su casco urbano está situado a 480 m de altitud.

Su edificio más importante es la iglesia parroquial de San Sebastián, obra de los siglos XV y XVII, de mampostería, ladrillo, granito y pizarra, los mismos materiales utilizados en la arquitectura popular de la población. Podemos acceder al templo por la puerta lateral del muro de la Epístola que está precedida por un porche, la puerta se abre en arco de medio punto de cantería con capiteles elementales de fajas góticos, en la entrada un letrero nos indica que las puertas y la cancela se pusieron el 25 de julio de 2010; la otra puerta lateral de acceso al templo, situada en la fachada del Evangelio, se abre en arco de medio punto, pero en esta ocasión, de ladrillo. La iglesia es de una sola nave con cuatro tramos separados por arcos de medio punto que apoyan sobre pilares adosados. Cubierta a dos aguas remozada. Ábside poligonal y cubierto con bóveda de terceletes que descargan en gruesos y esbeltos contrafuertes en el exterior, en la clave de la bóveda se encuentra el escudo del Obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, bajo cuyo auspicio se ejecutó el ábside. Escalera de caracol para subir al campanario. Muros de mampostería y ladrillo. La torre campanario con cornisa que separa la mampostería del ladrillo, de dos cuerpos. A ella se accede a través de la sacristía del templo por una escalera de caracol integrada en un cilindro externo. A la sacristía se entra por un angosto vano de medio punto y está cubierta con bóveda de aristas. En su interior aún se conservan algunos esgrafiados decorativos geométricos tapados con la cal.

Se conserva en el muro de la Epístola, una talla gótica de un Cristo crucificado que preside un retablo de estilo clasicista (significa sencillez, proporción y armonía), destacando una tabla pictórica, en muy mal estado de conservación, con las representaciones a ambos lados del Cristo de San Juan y la Virgen, completando un Calvario. Expresión plástica de una sociedad fustigada por múltiples calamidades, el modelo de crucificado doloroso característico del arte gótico, en que lo patético y lo trágico se unen para sensibilizar al fiel de las amarguras padecidas por Cristo en la cruz, elevando a nivel universal el sufrimiento individual, como catarsis que procure un suelo a sus desgracias cotidianas. El Crucificado de Higuera, ha sido recientemente restaurado, consiguiendo recuperar parte de la policromía encargada de representar el flujo en la trayectoria de la sangre en el costado y las heridas de las piernas. Presenta el vientre hundido hacia dentro, en el preciso instante en que acaba de exhalar el último aliento, su boca y ojos entreabiertos produce una sobrecogedora impresión, con el hundimiento del vientre, al reducir el contorno abdominal descuelga el paño de pureza según un diseño y disposición peculiar emparentado con los crucifijos dolorosos de Renania y Cerdeña; los pómulos se apuntan, barba bífida y los cabellos apelmazados están adheridos en bucles a la piel como consecuencia de la transpiración y la efusión de la sangre durante su prolongada agonía. Redundando en la ampliación expresionista, el marcado desarrollo de las extremidades inferiores acentúa el efecto prospectivo y destaca la dislocación de la pierna izquierda, con la pantorrilla de perfil mientras la derecha proyecta su rodilla hacia delante, rompiendo el plano único con un fuerte movimiento profundidad. Significativa aproximación verista es el detallismo con que se modelan los tendones de los brazos y del pie y la con acción del empeine, traduciendo la tensión y el peso efectivo del cuerpo sobre el clavo. Este naturalismo expresionista contrasta con la imagen de las figuras de la Virgen y San Juan, de escasa introspección psicológica. María viste túnica detrás de alto, y se cubre con un manto y marca el rostro con toca de viuda, las manos entrelazadas a la altura del pecho, se encuentra muy mal estado de conservación. Al igual que el apóstol, destacando su disimetría y marcada incurvación hacia el centro de la escena, aunque se encuentra en un estado deplorable parece que su mano derecha exhibe el Evangelio como símbolo parlante de su condición. Su peinado de casco, con rizos marginales, y su semblante expresa, en mayor medida que María, ensimismamiento y atraída concentración. El retablo en el que se encuentra esta tabla que representa María y a San Juan es clasicista, el Crucificado gótico se colocó en el medio de ambas figuras para culminar un Calvario.  El retablo clasicista está formado por una calle central con las representaciones citadas y dos pares de columnas a ambos lados enmarcando una decoración a base de hojarascas y en el pedestal o predela las representaciones pictóricas sobre tabla: Camino del Calvario y Cristo preso ante el sumo sacerdote judío Caifás, en esta pintura vemos a Caifás de pie ante Cristo rodeado por otros sacerdotes judíos. Ha entregado a Cristo a los guardias que le golpearán y se burlarán de Él (episodio conocido como el escarnio de Cristo)[1];  que enlazan con la costumbre teresiana de meditar en la Pasión de Cristo, por eso, en el ático, se dispone la tabla que representa a Santa Teresa de Jesús, canonizada por Gregorio XV en 1622 de la que  existen numerosas representaciones en la pintura española, no solo por la importancia que tuvo su figura desde el punto de vista religioso sino también por tratarse de una santa española. De tales representaciones una de las más repetidas es ésta en la  que aparece como escritora. En una de sus obras más importantes “Las Moradas “o “Castillo Interior”, Santa Teresa narra muchas de las visiones místicas que tuvo a lo largo de su vida entre las cuales se encuentra la de una paloma con alas que revolotea sobre su cabeza, hace ilusiona a la inspiración del Espíritu Santo a la hora de llevar a cabo sus escritos. El anónimo autor de esta obra, nos ofrece precisamente una de estas versiones típicas de la Santa escritora, que se propuso meditar cada día en la Pasión y Muerte de Jesús. Sigue leyendo

JOSE ANTONIO RAMOS RECIBE LA MEDALLA Y LA INSIGNIA DE ORO DE LA JUNTA DE COFRADIAS DE TRUJILLO

Con el fin del Carnaval, comienzan a tomar protagonismo las actividades organizadas

tanto por la Junta de Cofradías, como por las agrupaciones que forman esta entidad.

Dentro de esa programación, llama la atención el recital que ofrecerá Amancio Prada el

Domingo de Ramos y que estará patrocinado por el Ayuntamiento. Además, no faltarán

otros conciertos, besapiés y los actos ya tradicionales.

 

En la noche del 25 de marzo, en el templo de San Francisco en un multitudinario acto, se dio lectura al pregón  a cargo de Fray Emérito Merino Abad, comisario de España en

Tierra Santa . Seguidamente, en este acto, se ofrecerá un homenaje a vecinos

que han dedicado parte importante de sus vidas a ensalzar o promocionar la

Semana Santa trujillana,  durante el mismo el Cronista oficial de Trujillo, José Antonio Ramos, del ex directivo de la Junta de Cofradías, recibió la mayor distinción, la Medalla y la Insignia de Oro de la Junta de Cofradías de Trujillo. Fue fundador de la Cofradía del Cristo Cautivo en 1985 y un año antes de la de San Juan, redactor del informe que consiguió que la Semana Santa fuera nombrada Fiesta de Interés Turístico , ha publicado numerosos artículos sobre la Semana Santa  y autor del libro “Historia de la Semana Santa de Trujillo”. 17545560_1780584692269655_5212210906553449872_o

RUTA DESDE TRUJILLO A LAS VILLUERCAS

La ruta que proponemos vuelve a conducirnos, esta vez desde Trujillo, a uno de los
espacios de mayor atractivo natural, paisajístico y artístico de la Comunidad Extremeña. La
sierra de las Villuercas es una de las zonas que mantiene una alta densidad de bosques
de castaños, robles, alcornoques y matorral. El flanco norte dibuja un relieve abrupto, de
color grisáceo, debido a las punzantes pizarras que emergen y dominan el paisaje de
roquedos. Las características de ecosistema quedan reflejadas en la calidad y cantidad de
su flora y fauna. Numerosas rapaces y buen número de especies, corzos, ciervos o
jabalíes, conviven en un bosque autóctono de excelente conservación y paisaje
impresionante.
En el desarrollo de la ruta proponemos recorrer en un día el tramo que va desde Trujillo
hasta Cañamero y hacer noche en este último, o en Logrosán, que tiene hostal y pensión.
Desde Cañamero tenemos la opción de acercarnos a Guadalupe, pasar allí el día viendo el
pueblo y el Monasterio y quedarnos a pasar la noche. Por la mañana nos incorporaremos
nuevamente a la ruta, en dirección a Berzocana, Aldeacentenera y Madroñera. Y por la
tarde regresaremos a Trujillo.
El primer pueblo al que nos dirigiremos será a HERGUIJUELA. Fue conocido como La
Calzada desde el s. XVII hasta 1800, momento en que pasa a denominarse Herguijuela.
Después de pasar el cruce con Madroñera, y poco antes de llegar al pueblo, a la izquierda
de la carretera, se encuentra la Sierra de Pedro Gómez, que llega a alcanzar los l000 m de
altura. Es uno de los parajes más desconocidos e insólitos de la región. Si nos acercamos
encontraremos integradas, entre unas construcciones de tipo popular y otras solariegas,
junto a dependencias destinadas a los trabajos agrícolas: almacenes, lagares, molinos,
almazaras, etc.
Todo el entorno salpicado de nidos de cigüeñas y de diversas especies ornitológicas. Y ya
en el pueblo, podemos dirigirnos hasta la Plaza de España, lugar donde se encuentra la
iglesia de San Bartolomé. Construida en el s. XVI de una solo nave, destaca en la portada
principal una talla medieval. El Palacio de los Condes conserva en la actualidad la portada
primitiva, una ventana ojival y el blasón de la Casa de Alba.
Por un entorno de berrocales y encinas, y a tan sólo 3 km nos encontramos con el
pequeño pueblo de CONQUISTA DE LA SIERRA. El pueblo conserva con bastante pureza
la arquitectura popular, y podemos detenernos para ver lo que queda del Palacio de los
Pizarro, cuya construcción se remonta al s. XVI.
Situado en el umbral de la Sierra de Guadalupe, entre un paisaje que va los campos llanos
del cereal a la accidentada topografía norteña cubierta de matorral y encinas, se encuentra
ZORITA. El N de su término corresponde a la zona de sierras, y es un espacio excepcional
por los continuos contrastes de relieve y vegetación. En el pueblo, además de su
arquitectura popular, de la que queda alguna calle cerrada por arcos y alguna casa
tradicional, merece la pena acercarse hasta la iglesia de San Pablo, construida en
mampostería y sillares y con bóveda de crucería góticas en el altar. La gastronomía de
Zorita tiene como plato típico el famoso ajo blanco y un postre de igual categoría como son
las roscas de muédago.
Iniciando el auténtico enclave de las Villuercas se encuentran LOGROSAN. Su paisaje es
rico en variedad y tonos, con una vegetación a base de montes bajos, alternando con
alcornoques y encinares, y todo ello, integrado en un relieve abrupto y de características
excepcionales; un marco que permite un importante desarrollo de la caza, sobre todo
mayor, siendo las especies más abundantes los ciervos, jabalíes, corzos y gamos. En el
núcleo urbano vale la pena visitar la iglesia de San Mateo, cuya construcción arranca del s.
XV y no se termina hasta entrado el siglo XVIII. Aunque el estilo predominante es el gótico,
aún podemos ver en las capillas laterales detalles del plateresco. La ermita que alberga a
la patrona Ntra. Sra. del Consuelo es obra barroca del s. XVIII, ofreciendo al exterior varias
cúpulas superpuestas.
De los pocos artesanos que quedan en España dedicados a la fabricación de tejas árabes,
el Logrosán podemos visitar uno de ellos a unos 500 m por la carretera de Guadalupe.
También se mantienen algunos telares antiguos en casas particulares, realizando los
trabajos siempre por encargos. Tenemos posibilidad de alojamiento, pudiendo pasar la
noche en el hostal “Los Rosales”, o continuar hasta Cañamero y hacer noche allí.
Nuestro primer día de camino podemos cerrarlo, si así lo deducíamos, al llega a
CAÑAMERO, a unos 13 km de Logrosán.
El pueblo, famoso por sus vinos tomó su nombre del cultivo del cáñamo, hoy olvidado. Se
encuentran en el centro de las Villuercas junto al paraje del Puerto Llano, 8 km de increíble
paisaje por la carretera de Guadalupe y que no debemos perdernos, aunque no tengamos
la intención de acercarnos a este viaje hasta el mismo Guadalupe.
En Cañamero se encuentra la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, obra de gran
presencia exterior. La ermita de Belén, patrona de Cañamero, está a unos 3 km la derecha
de la ruta que conduce a Guadalupe. El camino es un paraje encantador y en una misma
ermita podemos ver una pequeña talla medieval de la virgen María. Pero lo más ineludible,
en Cañamero, es probar sus vinos, producto que le ha proporcionado gran fama tanto los
de pitarra como los embotellados.
Desde Cañamero podemos conectar con la ruta 3 y pasar el día en Guadalupe. Pero tanto
si vamos a Guadalupe, como si continuamos nuestra ruta del norte, debemos
incorporarnos en la carretera que nos conduce a NAVEZUELAS, dejando a la izquierda el
cruce con Berzocana, que visitaremos posteriormente. El trayecto nos lleva por un paraje
considerado de excepción, densos bosques de castaños y robles, surcados por gargantas
y con enormes picachos de pizarra asomando en alguna de las laderas.
En el entorno de Navezuelas se encuentra la cuenca del Almonte, la Garganta de Santa
Lucía y el núcleo de las Villuercas, todo ello forma una importante reserva ecológica
gracias al difícil acceso de la zona. Todavía encontraremos alguna casa con las
características especiales de arquitectura popular de esta zona, construidas a base de
mampostería, piedra y madera en las balconadas.
Siguiendo en la misma dirección N, pasamos por dos pedanías pertenecientes al pueblo
de CABAÑAS DEL ROTURAS, que se encuentra en uno de los parajes más bellos de las
Villuercas. Su difícil acceso le convierte en uno de los refugios más apreciados por la
fauna salvaje. Numerosas aves de presa, corzos, jabalíes, en algunos tramos del Almonte,
completan un espléndido paisaje, aún hoy sin perturbar. Y especial mención merece el
propio conjunto urbano, una bella muestra de arquitectura serrana y popular.
En RETAMOSA se mantiene las especiales características anteriores de paisaje y
arquitectura popular. Esta última se acrecienta con la aparición de edificaciones de
inspiración indiana que reproducen los modelos del barroco colonial en América. Como
bien dijimos al entrar en Villuercas, la caza mayor continúa siendo una constante en cada
uno de los pueblos que vamos visitando, y la información necesaria la encontraremos
fácilmente preguntando en cualquier bar.
De Retamosa volvemos a la carretera y a poca distancia, siguiendo la carretera paralela al
río Berzocana, encontraremos el pueblo de CABAÑAS DEL CASTILLO. El primer edificio
que veremos es el castillo, obra levantada en un lugar increíble por su inaccesibilidad. Si
conseguimos subir por la pequeña senda tallada en la cuarcita, podemos tener unas vistas
excelentes del entorno.
Flanqueada por dos gigantescas rocas de cuarcita y a los pies del castillo, se encuentra la
villa. En ella es interesante, además de la arquitectura popular, la iglesia de San Gregorio,
que posee influencias mudéjares.
La última pedanía de Cabañas es SOLANA, que se encuentra en nuestro camino.
Podemos sosegar el paso y recorrer sus calles y plaza, antes e incorporarnos a la ruta
para llegar a Berzocana.
El término de BERZOCANA es como toda la zona montañoso, cuajado de bosques de
castaños, robles, alcornoques y matorrales. Sobre el roquedo anidan gran cantidad de
rapaces (buitres, milanos, águilas, etc.) y confundidos e integrados en el paisaje
descubriremos corzos, ciervos y jabalíes. En las inmediaciones de la Dehesa Boyal se ha
localizado un yacimiento arqueológico, en donde se encontraron cerámicas pertenecientes
al s. III. En la actualidad hay un proyecto de Campo de trabajo de la Diputación de Cáceres
para la rehabilitación de una casa de la sierra, que servirá de base para estudiar las
cuevas con pinturas rupestres que existen: las de Morales, los Cabritos y los Canchos de
las Sábanas, todas ellas en la Sierra y de difícil localización (en la zona se halló a
mediados del presente siglo el famoso tesoro de Berzocana, compuesto por diversas
piezas de oro de gran tamaño correspondientes a la orfebrería del Bronce en su etapa
final).
La acampada libre sólo es permitida con permisos del Gobierno Civil. En cuanto al núcleo
urbano, la iglesia de San Julián es u edificio austero y rústico, aunque de grandes
proporciones, realizado en mampostería y ladrillo y data del s. XV y XVI. Su gran tamaño
se explica precisamente porque durante siglos ha atraído a numerosos devotos de San
Fulgencio y Santa Florentina, cuyas reliquias (trasladas desde la iglesia sevillana de San
Juan de Palma durante la invasión musulmana) se conservan en el templo. Los productos
gastronómicos de mayor calidad son queso, miel y dulces caseros.
Dejando atrás las poderosas Villuercas vamos entrando en un paisaje diferente que nos
anuncia de nuevo la presencia de la Penillanura Trujillana. El primer pueblo al que nos
dirigimos es ALDEACENTENERA. Su origen es antiguo, si tenemos en cuenta el
poblamiento existente de la Edad del Bronce en los alrededores y del que ha sido
excavada su necrópolis por la Universidad de Extremadura. En algunas de sus casas
sigue vivo el uso de antiguos telares para la confección de mantas. Al norte del pueblo
queda la cuenca del río Almonte, donde se forman algunas con gran valor ornitológico.
A unos 18 km en dirección S está GARCIAZ. Es un escalón en el relieve, al situarse en las
estribaciones de Villuercas. El paisaje es de jaras, matorral, encinas y alcornocales. El
edificio más representativo es la iglesia de Santiago Apóstol. La parte mas antigua es la
cabecera que conserva baquetones góticos de fines del s. XV. Tres portadas permiten el
acceso, dos laterales de mediados del XVI, y la de los pies de finales del mismo siglo.
Volviendo sobre nuestros pasos hasta la aldea de Toledillo tomamos el cruce hacia la
izquierda que nos lleva a MADROÑERA. Aquí se encuentran dos restaurantes con
especialidad en comidas caseras. Podemos pedir el exquisito plato de la casa, escabeche
extremeño. En la plaza se encuentra el Rollo de Justicia del siglo XVI y la iglesia de la
Concepción y cerca la Plaza de Toros.

EL PALACIO DE CHAVES MENDOZA DE TRUJILLO

El edificio está próximo a la puerta de San Andrés, situada en el  frente meridional de la muralla, dispone de arco apuntado que descansa  en impostas decoradas con pometeados correspondientes a finales del siglo XV. Esta puerta fue construida a finales del siglo XV para permitir el acceso a la Villa desde este lugar, pero la puerta original de época árabe se encuentra ubicada en la pared del Palacio Chaves Mendoza, quedó incluida dentro de esta Casa-Fuerte. Es, claramente, una puerta que tiende al peralte, construida a base de mampostería, sillería en las esquinas y ladrillo, aún se conserva la galería que permitía el acceso al recinto amurallado cubierta con bóvedas de ladrillo. Esta puerta estuvo durante la Edad Media defendida por las Casas-Fuertes de los Escobar y Chaves-Mendoza.

Es preciso señalar, en primer lugar, el desarrollo de una tipología medieval determinada por la presencia de la muralla y por el importante papel estratégico desempeñado por la ciudad después de la reconquista cristiana de 1233 y, sobre todo, durante las turbulentas políticas y militares de siglo XV. Sigue leyendo

VICISITUDES HISTORICAS DEL CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN DE TRUJILLO, DE CENOBIO DOMINICO A COLEGIO PREPARATORIO MILITAR Y COLEGIO RELIGIOSO

Aprobada la Orden dominicana por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216, los primeros dominicos no se establecieron en Extremadura hasta la segunda mitad del siglo XV[1].

No cabe la menor duda que el edificio conventual de Trujillo y el solar donde fue erigido, ha sufrido todas clases de venturas y desventuras, desde que el Concejo trujillano ofreció los terrenos para que los frailes Dominicos levantaran su Convento en los prados extramuros de la Ciudad, ya que se preveía que hacia allí se extendería la población, siglos XIV y XV, y efectivamente así fue. En el siglo XIV el Berrocal estaba densamente poblado y el pequeño convento que los Dominicos levantaron en el sitio conocido por Papanaranjas, en 1466 (en tiempos del rey Enrique IV y del obispo de Plasencia cardenal Juan de Carvajal)[2], dedicado a Santa Catalina, fue transformado y se trasladaron en 1489 al solar ofrecido por el Concejo trujillano que aportó cuantiosas cantidades para la construcción del nuevo Monasterio e Iglesia, entre los años 1500 y 1525[3] aportaron más de 300.000 maravedíes, llegando a contar hasta con 32 religiosos en el nuevo cenobio[4]. Con las aportaciones recibidas por el Concejo y vecinos de la ciudad se pudieron ejecutar las obras poniendo el convento bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación[5]. Entre los años 1490 y 1525 se desarrollaron las obras más importantes de construcción del nuevo edificio conventual, dirigiendo las mismas el maestro cantero Alonso Dávalos[6] y en las que también intervino García de Secadura[7], que ya había realizado trabajos en la calzada lindera de los prados de la esquina de la Encarnación[8]. Alonso Dávalos fue un maestro de cantería muy activo en la primera mitad del siglo XVI en Trujillo realizando obras urbanísticas importantes para el Concejo pavimentando varias calles, la ejecución de la calle del Cañón de la Cárcel[9] y las Casas del Concejo junto con sus parientes Gómez Dávalos y Hernando Dávalos[10]; así el Caño de los Prados[11], las Fuentes de la Añora y Chica[12]; y en poblaciones comarcanas como el puente sobre el río Magasca en la Crtra. Badajoz en 1512[13].

Importante foco de atracción fue la calle entre la Plazuela del Espíritu Santo y el Convento de la Encarnación, que así lo llamaron los Frailes Dominicos y a pesar de que en Trujillo existían seis monasterios a finales del siglo XV: San Francisco el Real, Santa María, San Pedro, Santa Isabel, San Francisco y Encarnación, este fue el que atrajo la atención de los municipios de aquellos tiempos, prueba de ello que en acuerdo del Concejo de 13 de abril de 1581, se ordenó el paso (la calle) desde San Andrés hacia la Encarnación. A los Dominicos se les concedió la antigua Sinagoga Judía, para que bajo su protección se fundara el Convento de Monjas, bajo la advocación de Santa Isabel. También en 1571 el Prior de la Encarnación predicó el día de Ntra. Sra. de Agosto, señalándose así la buena disposición de la Ciudad hacia estos frailes, y reconociéndoles los beneficios que estaban proporcionando a Trujillo. La fama de este Convento estaba reconocida en todo el Reino y en pocos años fue tan grande su aportación a la vida cultural de la Ciudad que trascendió hasta la Corte  y en 1619, Felipe III, a su paso hacia Portugal para jurar en las Cortes de Thomar, firmó el acta de constitución de la Cátedra de Artes y Oficios generales. Tanto el Obispo Placentino  Fray Francisco Lasso de Vega que terminó a sus expensas la iglesia conventual[14], como el también Obispo de la misma Diócesis Pedro González de Acebedo, contribuyeron con grandes cantidades al sostenimiento de la labor cultural que se estaba impartiendo por los Dominicos. De aquí salieron insignes alumnos, preparados para integrarse en las más celebradas Universidades, después de recibir la sobresaliente instrucción que impartieron Dominicos eméritos: Fray Felipe de Meneses, catedrático en Alcalá de Henares, Fray Diego de Chaves, Fray Pedro Xaque, Fray Vicente Valverde, que acompaño a Francisco Pizarro en la conquista del Perú y otros.

El padre Barrado Barquilla ha localizado un libro manuscrito de 77 hojas en el Archivo dominicano de la Provincia de España ubicado en el convento salmantino de San Esteban, consiste en el Libro de Profesiones del Convento de la Encarnación de Trujillo donde aparecen inscritos desde el 11 de marzo de 1537 todos los  profesos (sus padres y origen o procedencia),  priores, provinciales y maestros de la orden. El libro finaliza el 12 de octubre de 1759 con la profesión de fray Francisco Cavallero que profesó ya en San Esteban de Salamanca[15].

La fama adquirida por los frailes en su convento trujillano atrajeron a él, ilustres personajes que le beneficiaron con sus ayudas y privilegios, tanto eclesiásticos[16], reales[17], municipales[18] y particulares[19], llegando algunos de ellos a elegir este lugar para sus enterramientos: Gonzalo Pizarro, Luis  de Chaves el Viejo[20] -al que los monarcas católicos le encomendaron una misión muy concreta pero difícil: mantener para la Corona la ciudad de Trujillo-; en Julio de 1738 el Obispo placentino Don  Fray  Francisco  Lasso  de  la  Vega y  Córdoba,  recibió  tierra  en  la  Iglesia  de  la  Encarnación en  la  sepultura  que   a  sus  expensas  había  mandado  construir  junto  a  las  gradas  del  dicho  Altar  Mayor  y  que  fue  cubierta  por  una  lápida  preparada  también  por  él . No  encontré  dato  alguno  referente  al  traslado  de  sus  restos  desde  este  lugar  sagrado  al  Convento  de  San  Pablo  en  Sevilla,  lo  cual  él  había  mandado  se  hiciera  en  tiempo  oportuno  por  su  testamento; en  1759 Isabel  María  de Orellana  y  Tapia, hija  de  Antonio  de  Orellana  y  Tapia  y  Brianda  Bejarano  y  Girón,  que  había  también sepultado  en  la  Capilla  del  Rosario. En  el  mismo  recinto  sagrado  yacían  los  restos  de  Francisco  Javier  de  Serna,  viudo  de  Ignacia  Alvarez  de  Toledo, hijo de Esteban de Serna. Su sepultura estaba dos pasos afuera de la Capilla del Cristo de la buena muerte.

Monumental conjunto conventual. Posee un templo de nave única con crucero y pares de capillas laterales en ambos lados de la nave. El interior de la iglesia está cubierto con cañón con lunetos, elevándose sobre el crucero una amplia cúpula hemiesférica sobre pechinas. Sigue leyendo

LA CULTURA EDUCATIVA EN TRUJILLO. EL PROCESO HISTÓRICO

 

Cuando hablamos de cultura escolar puede parecernos un término un tanto esquivo y vago. Constituye un amplio campo de investigación educativa y entronca con la Antropología pudiendo  ser un ámbito de reflexiones que nos ayude a comprender mejor por qué hacemos lo que hacemos y a desvelar el origen de nuestras actuales prácticas. a las culturas profesionales como el contexto de creencias y valores donde se desarrollan determinadas prácticas. Según Hargreaves, las culturas profesionales «proporcionan un contexto en el que se desarrollan, sostienen y acaban gozando de preferencia determinadas estrategias de enseñanza. En este sentido, las culturas de la enseñanza comprenden creencias, valores, hábitos, y formas de hacer las cosas asumidas por las comunidades de profesores que tienen que afrontar exigencias y limitaciones similares en el transcurso de muchos años»[1].

Basándonos en éste y otros autores, podríamos describir distintas visiones sobre la forma de trabajar conjuntamente de los docentes en las escuelas a partir del conocimiento histórico de los distintos centros de enseñanza creados en la ciudad de Trujillo desde el siglo XV hasta nuestros días, centros religiosos, civiles y militares.

Uno de los primeros centros educativos que se crearon en Trujillo, tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XV. En el año 1466 la Orden de Santo Domingo fundó un Convento bajo la advocación de Santa Catalina de Siena en el berrocal trujillano, al sitio de la actual huerta de Papanaranjas.  Los dominicos habitaron este convento de Santa Catalina durante 23 años. En 1489 y accediendo a ruegos del Concejo, que deseaba facilitar a los trujillanos los bienes de ciencia y virtudes en que los dominicos eran notables maestros y preciados ejemplares, se trasladaron éstos a un terreno de pan llevar, extramuros de la ciudad, donde habían levantado nuevo monasterio. El Concejo les había donado este solar. En 1492 se instalaron en el nuevo edificio los dominicos, este convento se llamó de la Encarnación. El traslado desde el convento de Santa Catalina fue autorizado por bula de Clemente VIII. De este convento-escuela destacaron dominicos importantes como Fray Felipe de Meneses, natural de Trujillo, de la rancia nobleza de su apellido. Fue Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares y Prior de los Conventos de Toledo y Segovia, Definidor General de la Orden Provincial. Escribió dos libros, uno titulado “Luz del alma” y otro “De los Santos Sacramentos”. Fue Diputado por Felipe II  para reformar la Orden la Merced en Galicia, en cuyo Ministerio santamente murió, siendo enterrado en el Convento de Santa Marta. También, Fray Diego de Chaves, como el anterior, fue natural de Trujillo y de una de las más linajudas familias. En la Historia de España su personalidad tiene alto relieve. Ingresó en la Orden hacia el 1525. Estudió en Salamanca y Sevilla. Sustituyó en la Cátedra de Prima a Fray Pedro de Soto cuando marchó al Concilio de Trento. Fue confesor del Príncipe Don Carlos y de la Reina Isabel de la Paz. Muertos éstos se retiró al Convento que su Orden tenía en la Vera de Plasencia, de donde le sacó Felipe II para que fuera su confesor. Murió en el Convento de Santo Domingo el  Real, de Madrid, en junio del 1592. Especial mención a    Fray Vicente Valverde, religioso Dominico del Convento de la Encarnación, porque fue el superior de los otros cinco que con él acompañaron a Francisco Pizarro en 1530 a la conquista y civilización del Perú  y de las tierras  iberoamericanas.

En el siglo XVI, otro centro educativo se instaló en el barrio de Santo Domingo, que hoy día es conocida como calle  del Estudio, está próxima a la Plaza Mayor.                                             El nombre del Estudio se debe a que en ella estaba la Casa de la Preceptoría de Estudios. Era propiedad del Concejo, quien procuraba  que allí fueran instruidos los jóvenes  trujillanos y los de su comarca. El Ayuntamiento expuso a Carlos V la necesidad de este Centro de Instrucción, y solicito su Real licencia para de sus Propios  y rentas comprar casas en que radicasen y se organizasen las clases de dichas enseñanzas, el Emperador envío la petición para su informa, que fue favorable, a su Consejo, y en su consecuencia, despacho en Madrid, a 28  de marzo de 1528, una Provisión autorizando al Consejo  que gastase hasta cien mil maravedíes  para comprar una casa en sitio honesto y apartado en que se tuviera un  estudio  de gramática para los naturales de esta Ciudad  de Trujillo y su tierra y de las personas que a ella venían a estudiar. El Ayuntamiento  compró  las casas que muy modificadas hoy se alinea en la esquina izquierda subiendo por esta calle que desde entonces  se llamó y sigue llamándose el Estudio.

El Preceptor de Gramática con carácter oficial subvencionado por el Municipio, recibía la retribución por su trabajo de doscientos ducados anuales (Facultades Reales de 1579 y 1586  y de otros años que se conservan originales  en el Archivo Municipal).

Mostró siempre el Concejo gran interés por la cultura de la juventud de su pueblo y de su tierra, no solo en las disciplinas profanas, sino también en las eclesiásticas, habiendo llegado, con referencia a éstas, a encargar a un Comisión de sus Regidores, en el siglo XVI, que se personasen en un Comisión Provincial que se celebraba en Salamanca, para instar que en Trujillo se abriese un seminario en que se formasen los candidatos al sacerdocio (libros Capitulares del siglo XVI). También pagaba el Ayuntamiento la instrucción de la niñez en la doctrina Cristiana. Estas normas de actuación, son exponentes de su afán, no solo por el bienestar material de los vecinos formativo de los hombres que Trujillo crió y envió para esplendorosa honra de España y bien de la humanidad por todos los continentes.

La Casa del Estudio ya no existía como Centro de enseñanza a principios del siglo XIX (Acuerdo  municipal de 24 de abril de 1815: “Se vio un Memorial de Manuel Toril de Torres, de esta vecindad, solicitando que se le dé a censo la Casa que servía de estudio de Gramática y en basurero y abrigo de otros excesos; y se acuerda que se tase por peritos, uno que nombre el Sindico y otro el mismo interesado y se remita original el expediente para que en su vista determine el señor Intendente General de esta Provincia lo que contemple justo”). Las dependencias educativas se modificaron como viviendas de propiedad particular.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, se destacaron en Extremadura, actos individuales por parte de personas pudientes. Cada uno de ellos con motivo caritativo y cristiano intentaron a nivel local crear fundaciones benéfico-docentes, hospitales para pobres, obras pías, casas de expósitos, colegios de niñas huérfanas y varias fundaciones cuyas metas respondían a la demanda de asistencia de la población. Todas aquellas acciones individuales permitieron responder a los problemas de los pobres y sobre todo estaban adaptadas a cada núcleo extremeño.

Entre los años 1520 y 1540 se crea la primera reforma importante del sistema de caridad que se caracteriza por su naturaleza esencialmente municipal y por una notable coincidencia de propósitos y métodos. En el siglo XVI el pauperismo empezará a ser una de las preocupaciones fundamentales. Para remediar este estado intentaron encontrar métodos para socorrer a los pobres; se crearán las casas de misericordia y la jurisdicción de la asistencia social. En Trujillo surgen tres hospitales que funcionaron con este motivo: El hospital de la caridad, el Hospital de San Lázaro –que ya existía como lazareto desde el Medievo-, reedificado por el Conde de Canilleros; y, el Hospital de la Concepción en la Villa[2].

Son pocas las fundaciones en los siglos XVI y XVII que constan en Extremadura. Sin embargo se destaca Trujillo con el número más elevado de fundaciones creadas en el norte de la provincia. La lista anterior pone de relieve el predominio de las fundaciones aportadas por particulares ricos de la ciudad, en su mayoría enfocadas para dotar huérfanas. Este tipo de fundaciones resolverá el problema de encontrarse con mujeres vagabundas en la calle y controlar así la educación de aquellas que hubieran podido caer en la miseria y en la degradación moral. Además era frecuente en Trujillo una presencia de mujeres notables de la villa que se encargaban de la beneficencia y que se preocupaban por estas jóvenes con el afán de educarlas con meta de emplearlas como criadas.

En 1619 A. De Acebedo fundaría en el convento de la Encarnación unos estudios generales. Fray J. de Loaisa dio carreras a pobres de su familia entre los años 1575-1580. Sor M. de Paredes fundaría un colegio para proporcionar asilo y en 1620 un centro de enseñanza a las niñas pobres.

            La obra benéfica más importante fue la de Don Juan Pizarro Carvajal llamada “Obra de niños expósitos de la Pila”. Esta consistía en que de sus bienes se sacará á la renta necesaria para atender a la crianza y educación de todos los huérfanos de las barriadas de Santa María y Santiago de Trujillo (barriadas entendidas por feligresías adscritas a dichos templos parroquiales). Al principio se entregaron los niños a mujeres que los criaban en sus casas y después se construyó un local propio en una casa del fundador.

Fue la primera institución extremeña que existió de este tipo considerada como una verdadera “Casa de Maternidad”. La fundación fue desarrollándose a lo largo del tiempo, y el ayuntamiento de Trujillo y los particulares la protegieron. En 1691, Carlos II por Real Cédula, otorgará a esta obra pía 413200 maravedíes anuales sacados de las alcabalas de varios pueblos del partido (Abertura, Escurial, Zorita, Alcollarín, El Campo, Robledillo, Villamesillas, Madrigalejo y el propio Trujillo). Sigue leyendo

OBRAS DE REHABILITACIÓN Y RESTAURACIÓN EN LA ALCAZABA TRUJILLANA

El castillo se Trujillo fue construido por los árabes en la segunda mitad del siglo IX, en la zona más elevada del cerro rocoso denominado “Cabezo de Zorro”, siguiendo una tipología esquemática arquitectónica de las fortalezas andaluzas del período emiral.

Desde sus murallas se domina toda la llanura de la tierra trujillana. Es un recinto hermético, rodeado por la cerca de murallas en un perímetro de 900 metros y el hecho de estar situado en lo más elevado de un terreno escarpado, lo hace inaccesible al ataque. Es un castillo hermético sin ventanas y con escasas saeteras.

Está en relación íntima con la Alcazaba de Mérida, la fortificación islámica más antigua fechada en España (835 d. C.), período caracterizado por los continuos enfrentamientos entre árabes y cristianos, y la inestabilidad interna por el acceso al poder entre árabes, beréberes y muladíes. Sigue leyendo

APORTACIONES HISTÓRICO-ARTÍSTICAS: LOS AGUSTINOS RECOLETOS EN LA PROVINCIA DE CÁCERES

Fueron varias las casas de la recolección agustiniana que existieron en la provincia cacereña hasta 1835, tiempo de la desamortización. Hubo un monasterio y colegio en Jarandilla, conventos en La Viciosa (Deleitosa), en Santa Cruz de la Sierra y en Valdefuentes. Una enfermería en Trujillo anexa a la ermita de San Judas y, la enorme trascendencia que tuvieron los Agustinos en la fundación de la ermita de Santa María de los Hitos en Jaraicejo.

 

 

 

I.- SANTA MARIA DE LOS HITOS (Jaraicejo)

La ermita de Nuestra Señora de los Hitos se encuentra 5 km de distancia del municipio de Jaraicejo, en la carretera a Torrejón el Rubio. El nombre de los Hitos aparece ya en el año 1294 cuando el rey Sancho IV concede el primer término a esta villa: “El primer mojón es los Hitos”[1]. Aquí en este lugar, los frailes agustinos del cercano convento de “La Viciosa” (Deleitosa), fundaron la ermita “Convento de San Juan de Recoletos de San Agustín de la Viciosa, fundó una ermita bajo la advocación de la Virgen Santísima (de los Hitos), el Br. Baltasar Velázquez, dotada con 15.000 maravedíes y señalando la obligación de dos misas, el viernes y sábado de cada semana, con responso; además una vez al año, la comunidad debía ir en procesión a la misma y celebrar Misa cantada; data de 1630 años[2].

No obstante, consideramos que la ermita ya existía ya que Fray Alonso Fernández en su obra Historia y Anales de la ciudad y obispado de Plasencia, en el año 1627 ya la menciona[3]. Posiblemente, los frailes agustinos se preocuparon por su adecentamiento y remodelación ya que es un edificio de mampostería, esencialmente de finales del siglo XV, época de la que data la imagen de la Virgen de los Hitos. Este edificio, ha sido transformado por las numerosas obras de restauración sufrida, excepto el ábside que conserva su construcción original. Se accede al interior por un pórtico que se cubre con bóveda de aristas, formado por tres arcos de medio punto rebajados, que fue construido en el año 1795. Presenta en su interior una nave de tres cuerpos separados por arcos fajones de medio punto, ligeramente apuntados, sobre pilastras con capiteles decorados. Se cubre con madera, presenta ábside poligonal y en el lateral una capilla con bóveda de cinco gallones, de construcción reciente.

En esta ermita se veneró a la patrona del municipio, la Virgen de los Hitos, que poseyó cuantiosos bienes según podemos recoger en varios documentos[4].

Importante influencia ejercieron los frailes agustinos en el municipio pues varios abrazaron esta orden, tal fue el caso de fray Santiago del Corazón de Jesús, que nació en Jaraicejo en el año 1744, ingresando en el convento de la Viciosa y, en 1768, marchó a Filipinas, donde destacó por su gran labor misionera. En el año 1798, el geógrafo Tomás López al describir la Sargentía de Trujillo, anotó: “La Viziosa, lugar arruinado, que oi solo ai una ermita de Nuestra Señora de los Hitos, a una legua de Jaraicejo, entre medio día y lebante y entre montes[5]. Este cenobio en esta época había sido abandonado por los agustinos.

En esta ermita, cada 8 septiembre se celebraba misa y procesión hasta hace unos años, con el último “ofertorio” por los fieles, a favor de la Patrona del municipio y su Cofradía. En su fiesta principal, el lunes de Pascua, se lleva a cabo una romería a su ermita, donde se celebra la misa, procesión y puja de las andas.

 

II.- CONVENTO DE SAN JUAN DE LA VICIOSA (Deleitosa) y LA ERMITA DE SAN JUDAS Y ENFERMERÍA DE TRUJILLO

 

Deleitosa se sitúa en la falda suroriental de las Sierras de Las Villuercas, en la vertiente que forma el arranque de un extenso glacis de raña que, naciendo de las sierras cuarcíticas locales, se extiende hacia el oeste, bordeando la margen derecha del río Almonte.  Es un municipio de la provincia de Cáceres.

La etimología popular dice que el nombre de Deleitosa deriva de la función que desempeñó el castillo, como prisión, o sea “castillo delitoso”, añadiéndosele la -e- después. Otra acepción viene de deleite, y posiblemente este “apodo” viene por el Convento llamado de los Habaneros que fundó San Pedro de Alcántara, y donde –según el vulgo popular- expiaban sus culpas los monjes que habían cometido pecado carnal. Deleitosa fue englobada dentro de la tierra de Trujillo, a cuyo partido Judicial pertenecía, pero dada su vinculación a la capital del Campo Arañuelo, ya sea comercial o administrativa, determinaron una inclusión artificial en esta última comarca. Deleitosa posee una lista de edificios de gran valor como el convento, castillo, rollo, iglesia, ermita, etc.

Fray Pedro de Alcántara, nació en Alcántara en el año 1499, recibió el nombre de Juan Garavito Villela de Sanabria (cambiándolo por Pedro de Alcántara en el año 1516, cuando profesó en la orden franciscana), guardián de varios conventos, claro defensor de la provincia de San Gabriel contra las pretensiones de la provincia de Santiago, en el capítulo Provincial de Alburquerque del mes de octubre de 1538, fue elegido ministro provincial de San Gabriel.

El siglo XVI fue tan pródigo en estos heroicos y espirituales en España que no podemos olvidar la vida eremítica llevada a cabo por fray Pedro de Alcántara, terminado el provincialato. Conoció la geografía española y pasión frecuentemente misiones apostólicas las aldeas más apartadas con una ingente labor religiosa del penitente alcantarino. Muchos pueblos de Extremadura escucharon sus sermones con gran emoción en Arenas, Mombeltrán, Trujillo, Plasencia, Coria, Badajoz, Jerez de los Caballeros o Alcántara, su villa natal, muy frecuentada por fray Alcántara cuando iba a visitar a su madre doña María Villela de Sanabria y a sus familiares.

En Belvís de Monroy inició fray Pedro de Alcántara la entrañable amistad y trato espiritual con el Conde de Deleitosa, don Francisco de Monroy (falleció en 1543), padre de la futura condesa de Deleitosa y Oropesa, que estuvo tan relacionada con fray Pedro en sus últimos años. Asimismo, en Plasencia tenía fray Pedro de Alcántara muchas almas estaban incondicionalmente entregadas a su dirección, desde el convento de San Miguel, por el valle del Jerte, frecuentaban los frailes la ciudad de Plasencia. Don Francisco de Monroy tenía su palacio señorial en Plasencia, trabajó mucho en defensa de la integridad territorial de la provincia de San Gabriel. El convento de San Juan Bautista, conocido como convento de la Viciosa (nombre que proviene por el valle que le rodea, por la magnífica vegetación que allí crecía era llamado El Vicioso), además en el Interrogatorio de la Real Audiencia se especifica claramente: “En el termino de esta villa a distanzia de una legua se halla un combento de Agustinos Recoletos, su nombre San Juan de la Penitenzia en el Balle de la Viziosa, de cuya fundazion, yndibiduos y rentas dara razon el reberendo padre prior de el”. Sigue leyendo