En el siglo XVI se ubicaba en un lugar llamado “Ejido de Centenera”, si bien su existencia como aldea con territorios propios se asienta definitivamente hacia la segunda mitad del siglo XIX. Tuvo varias denominaciones desde “Ejido de Centenera”, “Aldea Nueva de Zentenera” y finalmente “Aldeacentenera”. El traslado del Ejido de Centenera se debe, probablemente a que los colonos del Marqués de Risel, dueño de grandes propiedades, decidieron situar sus viviendas cercanas a la casa de este. Así, pasa a llamarse Aldeanueva de Zentenera y más tarde a su nombre actual. Existe una leyenda que dice que el traslado fue debido a una plaga de hormigas que causaba enfermedades a los niños[1].
Próximo a la localidad se ha encontrado y excavado un castro celta amurallado en la finca “La Coraja”, habiéndose localizado numerosos restos arqueológicos de los inicios del siglo IV a. C[2].
La localidad perteneció a la ciudad de Trujillo hasta convertirse en Ayuntamiento independiente tras la Constitución de 1812, y desde 1834, entonces conocido como Aldea Centenera, quedó integrado en el Partido Judicial de Trujillo
La iglesia parroquial es una edificación de nave única dividida en cinco tramos, separados por cinco arcos fajones y con cabecera ochavada cubierta con bóveda de casquete y sotocoro cubierto con bóveda de arista. Se accede al interior por la fachada de occidente, mediante un arco de medio punto, con largas dovelas en las que el trasdós se cierra en arco escarzano.
En la capilla bautismal, se encuentra una pila granítica, fuste moldurado y basa cúbica góticos reaprovechados, la taza es semiesférica, avenerada, a base de gallones de tosca labra, sin moldura en la parte superior, obra fechable en el siglo XVI. El gallón es uno de los motivos decorativos geométricos más empleados en la decoración de las pilas bautismales.
[1] Vid. PLAZA RODRÍGUEZ, I: Un rincón entrañable de Extremadura. Aldeanueva de Centenera y villas de su entorno. Navalmoral de la Mata, 2001; MURILLO MARISCAL, M: “Curiosidades arqueológicas”. Alcántara, 166, 1972, pp. 44-47.
[2]BELTRAN LLORIS, M: “Estudios de arqueología cacereña”. Monografías arqueológicas, 15, Zaragoza, 1973; MURILLO MARISCAL, M: Historia de unos hallazgos arqueológicos y algo sobre los congresos de Estudios Extremeños. Los Santos de Maimona, 1987; MURILLO MARISCAL, M: “Tres castros prehistóricos en Cáceres”. XIII Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza, 1975, pp. 471-480; ESTEBAN ORTEGA, J: “El poblado y necrópolis de La Coraja. Aldeacentenera”. El proceso histórico de la Lusitania Oriental. Cuadernos Emeritenses, 7, Mérida, 1993, pp. 55-112; REDONDO RODRIGUEZ, J. A: “Algunas consideraciones acerca de la romanización de los vettones en el sureste cacereño”. Norba, 5. Universidad de Extremadura. Cáceres, 1984, pp. 69-79; RODRIGUEZ DIAZ, A: “Continuidad y ruptura cultural durante la Segunda Edad del Hierro en Extremadura”. La cultura tartésica y Extremadura. Cuadernos emeritenses, 2, 1990, pp. 127-162; REDONDO RODRIGUEZ, J. A; ESTEBAN ORTEGA, J; SALAS MARTIN, J: “El Castro de la Coraja de Aldeacentenera”. Extremadura Arqueológica, II (Protohistoria). Mérida, 1991; SANCHEZ MORENO, E: Vetones: historia y arqueología de un pueblo prerromano, Cantoblanco (Madrid). Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid (Colección de estudios; 64), Madrid, 2004; ALVAREZ-SANCHIS, J. R: Los Vettones, Real Academia de la Historia. Madrid, 1999; MARTIN BRAVO, A. M: “Los orígenes de Lusitania. El I milenio a. C en la Alta Extremadura”. Biblioteca Arqueológica Hispana, 2. Madrid, 1999; ALMAGRO GORBEA, M: “Segunda Edad del Hierro. La celtización de la Península Ibérica”. Historia de España I, Madrid, 1990, pp. 554-562; CIVANTOS MAYO, E: “La cerámica ibérica gris y con barniz rojo de la necrópolis de La Coraja (Aldeacentenera)”. Actas del I Coloquio de Historia Antigua de Andalucía. Córdoba, 1988, pp. 283-297.