TRUJILLO, CIUDAD CRISOL DE CULTURAS

La ciudad de Trujillo, localidad situada a 50 kms. al este de la capital de la provincia, se asienta sobre un batolito granítico y se emplaza en el antiguo camino de Madrid. Se trata de un importante complejo urbano conformado a partir de diferentes épocas y mentalidades arquitectónico-urbanisticas, cuyos testimonios han ello de ella una de las más importantes localidades de la provincia, en lo que al patrimonio arquitectónico se refiere .La población trujillana se reparte entre la ciudad de Trujillo propiamente dicha y los cuatro arrabales dependientes de su jurisdicción municipal. Se trata de las localidades de Huertas de Animas, Huertas de la Magdalena, Belén y San Clemente. Con testimonios sobre ellos ya desde el siglo XVI, estos arrabales han estado poblados por un vecindario fundamentalmente agrícola que se asentó sobre fértiles vegas como las de Papalbas, Valfermoso o Mimbreras.
Trujillo es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena. Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios hacen pensar que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una población de cierta importancia: Castras Juliae, tributaria de Norba Caesarina; muestra de ello son el elevado número de estelas funerarias romanas encontradas, algunas reaprovechadas por los musulmanes al construir el castillo.

 
Foto: Alberto Cortés
 
 

Trujillo aparece citado en el anónimo de Rávena, siglo VI que facilita el conocimiento de ciudades y núcleos de población de esa época; como Turcalion, en la vía que pudiera ser la misma que en el itinerario de Antonio, siglo III , se cita como vía desde Mérida hacia Zaragoza, a través de Toledo, como punto anterior a Augustóbriga . Dato interesante porque de nota la continuidad funcional mas o menos urbana, o como cabecera de comarca, de Trujillo.

Después de una época paleocristiana y visigoda, como queda constancia por los restos de una basílica visigoda, tras muros de la puerta de Coria, la dominación musulmana hace de Trujillo un importante enclave, que sólidamente fructificado, mantendrá una notable actividad, siendo testimonio de ella el mercado ganadero que se celebrara en la zona extramuros sobre la que después se habría de urbanizar la actual Plaza Mayor. Hacia el año 900 se inician las obras del Castillo y en el siglo XI están definitivamente configuradas las murallas, cuyo aspecto -al igual que el del Castillo- se modificará después de la Reconquista. Hay noticias de la existencia de, al menos, dos mezquitas, de las cuales se conserva algún resto.
En 1186 se inician con Alfonso VIII los primeros intentos de reconquistar la Villa. Entregada a las Ordenes Militares de Santiago y San Julián de Pereiro, pasaría de nuevo a manos árabes en la última década del siglo XII, hasta que en 1232 la villa es definitivamente recuperada por las huestes cristianas de Fernando III. Data de aquella fecha la devoción patronal de Trujillo a la Virgen de la Victoria, que, alojada entre dos torreones constituye el emblema heráldico de la Villa.

Hasta mediados del siglo XIV el desarrollo arquitectónico de Trujillo se concentra en el interior del recinto amurallado, en la Villa; sin embargo, por esa fecha surgen las primeras células que condicionará el posterior desarrollo de la ciudad extramuros.

Se trata de las primitivas fábricas eclesiásticas de San Martín y San Clemente. La concesión del título de "Ciudad" por Juan II, en el año 1430, sería el definitivo elemento impulsor del desarrollo de la ciudad. A todo ello vendría a sumarse el privilegio de Mercado Franco otorgado por Enrique IV en 1465.

Entre fines del siglo XV y principios del XVI tiene lugar una importante actividad arquitectónica en Trujillo. Se fundan los conventos de San Miguel, La Encarnación y San Francisco; se levanta el Rollo o Picota en el sitio del Mercadillo y se construyen las nuevas Casas Consistoriales, otros inmuebles municipales y privados van configurando la estructura y fisonomía del espacio placero.

El siglo XVI será definitivo para la historia de Trujillo. La población supera abiertamente sus antiguos límites y se expande fuera de la muralla. El desarrollo demográfico trujillano, cuya población es de 1575 vecinos en 1557 y de 1730 en 1580 -cifras superiores a las de Cáceres para las mismas fechas- y el enriquecimiento de ciertos sectores como consecuencia de la empresa americana, son las circunstancias que impulsan ahora el desarrollo arquitectónico-urbanístico de Trujillo. Desarrollo que poblará la ciudad de nuevas construcciones nobiliarias, se ampliarán las antiguas fabricas religiosas y proporcionará a Trujillo el aspecto con que la ciudad, prácticamente sin alteración sustancial, llega al siglo XVIII. "Villa" y "ciudad" mantendrán desde ahora una evolución arquitectónica de distinto signo. Torres, aspilleras, alfices, arcos apuntados y demás elementos arquitectónicos militares y goticistas de los palacios intramuros desaparecen de arquitectura de la "ciudad"; en ésta se empleará una construcción mas abierta en la que elogias y patios proporcionarán una fisonomía estructural diferente a los inmuebles. En el interior de la "villa", el aspecto defensivo de alcázares y casas fuertes da paso a otro renacentista.
Durante el siglo XVII y después de la conclusión y remodelado de la obras eclesiásticas iniciadas en el siglo XVI, Trujillo cae un largo período de inactividad arquitectónica que se vería agravada a raíz de la campaña de Portugal, pues ésta diezmaría tanto la población como la economía trujillana. En la "villa", el abandono constructivo se traduciría en un proceso arquitectónico regresivo en el que se hacen presentes las primeras ruinas.

En los años iniciales del siglo XVIII apenas hay diferencias cualitativa y cuantitativamente en lo que a arquitectura trujillana se refiere. Pocas alteraciones importantes experimentará Trujillo durante dicho siglo. Habrá que esperar hasta el siglo XIX para encontrar cambios significativos en la estructura urbana de la ciudad. En efecto; después de la incidencia destructiva de los acontecimientos bélicos del siglo pasado y de las circunstancias del mismo signo que acompañaron a los diferentes procesos desamortizadores, Trujillo inicia durante el último tercio del siglo XIX una actividad constructiva y urbanística de gran relieve y excepcional a nivel provincial. Sin embargo Trujillo no continuaría el mismo ritmo constructivo durante el siglo XIX. La ciudad se estancaría poblacional y urbanísticamente, de manera que a pesar de su importancia comarcal y ganadera, hoy es una población que se caracteriza fundamentalmente por un importante turismo de paso.

ARQUITECTURA PALACIEGA

Trujillo se estructura en dos partes claramente diferenciadas: la villa y la ciudad, que separadas por la muralla, presentan evidentes diferencias arquitectónicas y urbanísticas. Comenzando la descripción por la "villa", es preciso hacer referencia en primer lugar al Castillo, que emplazado en la parte más elevada del promontorio trujillano, domina visualmente la ciudad. Construido originalmente en tiempos calífales y reformado tras la Reconquista, consta de un cuerpo cuadrado al que se adosan diferentes elementos de fortificación. El segundo cuerpo del Castillo lo forma el albacar construido durante los siglos XIII y XIV, cuyo perímetro irregular alberga en su interior la ermita de San Pablo, edificada en el siglo XVI, que dispone de una sola nave dividida en tres tramos por arcos apuntados y cabecera poligonal. Las murallas, de cuyo origen musulmán apenas quedan restos, conforman un recinto rectangular de mampostería y sillería jalonado por diecisiete torres dispuestas a intervalos irregulares. Al parecer, la cerca dispuso de siete puertas, de las cuales se conservan cuatro: la de la Coria, la del llamado Arco del Triunfo, la de San Andrés y la de Santiago. En el interior del recinto "villano" se conservan dos ejemplos del sistema de almacenamiento de agua de origen árabe. Nos referimos a la Alberca, depósito abierto destinado a diversos usos (baño, abrevado, etc.) situado en las proximidades de la iglesia de San Andrés, y a los Aljibes de la plazuela de Altamirano. Estos últimos, de tracería árabe, disponen de tres naves cubiertas con bóveda de cañón.
Dentro de la arquitectura trujillana de la "villa", es necesario referirse a las grandes casas fuertes que formaban parte de la fortificación de la ciudad antigua. Tal es el caso del alcázar de Luis de Chaves el Viejo, una de cuyas torres custodia la puerta de Santiago. El edificio data originariamente del siglo XIV, pero sería reestructurado a fines del siglo XV, como testifican los conopios que coronan los vanos de la fachada meridional. La puerta es de arco apuntado y sus ventanas están protegidas por artísticas rejas del siglo XVI que se rematan con el escudo de los Chaves.

Siguiendo la línea de la muralla hacia el Oeste y aunque separada de aquélla por un pequeño escarpe del terreno, se encuentra la casa de los Altamirano, conocida como el "Alcazarejo". Al parecer, la construcción de edificio la comienza Fernán Ruíz, participe en la reconquista definitiva de la ciudad. Se trata de una gran casa fuerte de mampostería, con sillarejo en vanos y esquinas, cuya fachada se flanquea con dos grandes torres desmochadas; la puerta, que data de la reforma del edificio en el siglo XVI, es de medio punto peraltado y se remata con los diez roeles del escudo de los Altamirano. Del interior del edificio, es de destacar la decoración esgrafiada a base de elementos renacentista de la capilla de la planta baja y del salón de la principal.

Defendiendo la puerta de San Andrés se halla la casa fuerte de los Escobar. Data de fines del siglo XV y está edificada a base de mampostería. Es característica de esta construcción su gran torre rectangular desmochada y la de- nada de los alfices de las ventanas -algunas geminadas- y cornisas. Como en el resto de este tipo de edificios trujillanos, durante el siglo XVI la casa seria remodelada abriéndose los grandes vanos rectangulares protegidos por fuertes rejas que contrastan con el goticismo de las ventanas de la fabrica primitiva.

Del alcazar de los Bejarano, casa fuerte que custodiaba el llamado Arco del Triunfo, únicamente se conservan dos torres por su desigualdad y la distancia que las separa, se piensa que pudieran haber pertenecido a dos edificios diferentes. La planta de ambas es cuadrangular y estan construidas a base de mampostería. La obra de ladrillo de las ventanas es de un evidente sabor mudéjar. El origen de la mas pequeñas de las torres se ha llevado al siglo XIII y a fechas posteriores al de la otra. De la casa de los Bejarano, construcción que se levanta a fines del siglo XV junto a las torres anteriormente citadas, solo ha llegado hasta nuestros días la portada cuyo alfiz cobija en su parte superior el escudo de los Bejarano y una inscripción alusiva a los Reyes Católicos.

La estructura varia de la "villa" tiene en la plaza de Santa Maria su principal centro urbano. Situado en una de las zonas mas elevadas de la ciudad antigua, hacia ella se encaminan quebradas y empinadas calles que ponen esta plaza con el resto de la ciudad intramuros. En torno a este nodo urbano se localizan las mas importantes casas solariegas. Este es el caso del palacio de los marqueses de Lorenzana, hasta hace poco en ruinas y que ha sido objeto de restauración. De lo que aun queda en pie, es de reseñar la artística decoración renacentista que marca las ventana del siglo XVI. Muy próximo a este edificio y en una calleja que lleva al Castillo se encuentra la casa de Francisco Pizarro de Vargas. El edificio, en el que habría de nacer Gonzalo Pizarro padre del gran conquistador trujillano, ha sido recientemente reconstruido en su totalidad. Se trata de una obra sencilla en la que destaca la puerta de arco apuntado sobre la cual una alfiz cobija al escudo de los Pizarro.

En la calle de Palomas se encuentra la casa de Francisco de Orellana, recia obra de mampostería que se construye en el siglo XV. Presenta una sencilla portada de arcos apuntado y diferentes de vanos. En la misma calle y haciendo esquina con la de Naranjos se localiza la casa de los Chaves-Calderón, de la que es preciso destacar la portada y el balcón de esquina de la segunda mitad del siglo XVI, ejemplo de esta solución castellano-andaluza que caracteriza a los palacios trujillanos. La puerta se cobija bajo arrabá y el balcón se flaquea con sencillas y clasicistas columnas sobre las que se levantan el entablamento; sobre este, un frontón aloja en su interior el también esquinado-escudo de la familias.

Frente al edificio anteriormente citado se halla la casa solariega de los Rol Zárate y Zúñiga, conocida popularmente como "casa de las Palomas" por tomarse como tales las tórtolas del escudo de los Rol que bajo el alfiz, se sitúa sobre la puerta de arco escarzano. Se trata de una obra de sillería y mampostería de fines del siglo XV, en la que es preciso destacar su interesante patio de estilo gótico, como atestiguan los pilares, capiteles y tracería del antepecho que recorre la galería de aquel.

La casa de los Alvarado, data del siglo XV. Se trata de una obra de mampostería en la que destaca su portada en arco de medio punto rebajado y alfiz sobre la que se abre un elegante vano decorado a base de elementos goticistas. Entre ambos y bajo alfiz se situa el escudo de la familia. Cerca a la anterior se localiza la casa de los Calderón, obra original del siglo XV, cuya reciente restauración ha alterado notablemente tanto a fachada -con portada de arco apuntado como el patio.

La arquitectura civil del Trujillo extramuro muestra con respecto a la villana unas características notablemente diferente en los que a la estructura y decoración de los edificios se refiere. La mayoría de los mismos data del siglo XVI, concluyéndose las obras de algunos entrados ya en el siglo XVII.

Es en torno a la plaza mayor donde se localizan los ejemplos mas importantes de la arquitectura nobiliaria de la "ciudad". En efecto; durante el siglo XVI la "villa" va a perder su carácter de zona residencial por excelencia en pro del nuevo centro de la vida publica y comercial. Objeto de constantemente preocupación municipal, la Plaza conocerá a lo largo de los siglos diferentes aditamentos y reformas. Entre los primeros es preciso hacer referencia al monumento que es parte de su etapa más conocida: la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, que existe una copia en Lima y que seria inaugurada en 1929.

En la desembocadura de la calle Ballesteros hacia el lado norte de la plaza, se encuentra el palacio de los marqueses de Santa Marta, construido a finales del siglo XVI y reformados en el siglo XVIII. El inmueble, edificado a base de sillería, se estructura en cuatro pisos de alturas decrecientes que se individualizan exteriormente por la portada- el de la planta baja y por la hileras de vanos los de la restante. La portada es adintelada dispone de modillones en forma de ese; presenta casetones en el friso y sobre un frontón. Es necesario destacar del edificio el salón de planta cuadrangular existente en el primer piso. Dicha estancia se abriría al exterior a modo de galería, hoy cegada. El salón, a modo de patio claustrado, dispone de cuatro lados de arterias de medio punto sobre columnas de capiteles compuestos.

En el portal alto de la Plaza y junto a otras casas nobles como las de los Cervantes Gaetes, Bejarano, etc., sobresale la llamada Casa de la Cadena, Pon la que cuelga sobre la puerta como símbolo de la estancia de Felipe II en 1583 de paso a Portugal. La fachada muestra hoy un aspecto diferente al original, pues la reforma que sufre el edificio en el siglo XIX y la reconstrucción del actual han hecho desaparecer la logia que en el último piso se abría a la Plaza, como puede apreciarse en algunos grabados de principios del siglo pasado. Al palacio pertenece la torre que se llama del Alfiler y que originalmente formaba parte del alcázar de los Chaves-Orellana. Se trata de una obra de fines del siglo XV de planta cuadrada, ventanas góticas con alfiz, cornisa de bolas, crestería gótica y cúpula de ladrillo en la que, desde la Plaza, puede verse el escudo cerámico de los Chaves-Orellana.

Un poco antes de la desembocadura de la Cuesta de la Sangre en la Plaza, se halla la casa de los Orellana, obra de sillería del siglo XVI, en cuya fachada se abre un pórtico de cinco vanos de medio punto sobre pilares en cuyas enjutas, además de blasón de los Orellana, se alojan escudos de diferentes linajes trujillanos. Dispone de un patio de arco de medio punto peraltado que apoyan en columnas dóricas. En la galería superior, el mismo tipo de arcos apean sobre columnas de origen jónico.

La casa de los Chaves Cárdenas, conocida popularmente como casa del Peso Real y situada en el frente oeste de la Plaza, ha sufrido diferentes reformas y mutilaciones, de manera que en la actualidad la portada es uno de los pocos testimonios de su origen. El edificio se levanta a principios del siglo XVI, datando de esta‚ poca las ventanas con elementos góticos de la fachada y la portada flanqueada por columnas tosas; eco esto último del estilo manuelino portugués.

Haciendo esquina con la calle de la Carnicería -hoy de Hernando Pizarro- se encuentra el palacio de los marqueses de la Conquista, uno de los edificios civiles más importantes de Trujillo. Comenzando en la segunda mitad del siglo XVI por Hernando Pizarro sobre las antiguas casas de las carnicerías, el edificio domina visualmente el conjunto arquitectónico urbanístico de la Plaza. El palacio se estructura en cuatro plantas, siendo la primera y al exterior una galería porticada que armoniza los soportales del espacio en el que se asienta. Las tres plantas restantes se individualizan exteriormente por una serie regular de vanos de dimensiones decrecientes en altura. Dichos vanos se protegen con fuertes y artísticas rejas de la época de edificación.

Destaca en el edificio el balcón de esquina y el escudo que lo corona, ejemplos ambos de un plateresco tardío. En el palacio se realizarían algunas obras de conservación en el siglo XVIII, siendo el arquitecto Manuel de Larra Churriguera el encargado de las mismas .

En las proximidades del palacio de la Conquista y en un rincón de la Carnecería, puede contemplarse una bella fachada del siglo XVI de puerta y vano superpuestos con columnas de capitel compuesto y florones sobre el entablamento.

En el lienzo de los portales del pan se aloja el palacio de los marqueses de Piedras Albas, obra del siglo XVI que se estructura en dos plantas, la primera de las cuales presenta al exterior un cuerpo de soportales, la segunda dispone NE. de una logia de tres arcos escarzanos. Flanquean dicha logia dos ventanas enrejadas coronadas por los escudos de los Suárez de Toledo y Orellana. Una crestería goticista remata la sillería de la fachada.

El palacio de los duques de San Carlos, situado en una de las esquinas de la desembocadura de la calle de Domingo Ramos en la Plaza, es, sin duda, el edificio civil de la ciudad extramuros de mayores proporciones. Los trabajos de edificación debieron comenzar en el segundo tercio de siglo XVI prolongándose los mismos hasta mediad9os del siglo XVII sin que el proyecto pudiera ser totalmente concluido. La portada ostenta una copiosa decoración renaciente que abarca dos niveles del inmueble. En la fachada que da al la calle de Domingo Ramos se abre un pórtico de arcos de medio punto y una logia adintelada. Además del blasón de esquina es preciso destacar la serie de ventanas de ultimo cuerpo del palacio y la amplia cornisa volada que lo remata así como las curiosas chimeneas de ladrillo de la cubierta. En el interior se abre un elefante patio de arcos rebajados sobre columnas toscanas.

Del resto de los edificios significativos de, la plaza únicamente resta por referir las antiguas casas consistoriales contigua a la casa de los Chaves Cárdenas ya citada.

Del primitivo edificio concejil construido en la primera mitad del siglo XVI apenas quedan restos ya que este habría de sufrir numerosas reformas sobre todo durante los siglos XIX y XX. Hacia 1585 se llevan a cabo algunas obras y se decoran la capilla con unos interesantes frescos con termas historiales y alegóricos del buen gobierno en el altar de dicha capilla se conserva una tabla de la Asunción de la Virgen, obra del pintor del siglo XVI Pedro Mata.

Atravesando el llamado Cañón de la Cárcel bajo la estructura de antiguo edificio consistorial se llega al palacio de Pizarro de Orellana se trata de una obra de Alonso Becerra construida en la segunda mitad del siglo XVI a iniciativa del que fuera primer corregidos de la ciudad de Cuzco, Juan Pizarro Orellana.

En el antiguo arrabal de San Clemente uno de los primeros núcleos de la ciudad extramuros sobre cuyo templo del mismo nombre se habría de levantar des pues la iglesia del convento de Santa clara existe una nutrida serie de vivienda de sillería con puertas, ventanas, escudos y otros elementos decorativos góticos y renacentistas. Entre todas ella destaca el palacio Quiroga, sito en la plazuela de mismo nombre y del que es preciso destacar su balcón de esquina no por su riqueza artística sino por constituir dadas las fechas en que se construye el edificio el primer ejemplo de este tipo de balcones en Trujillo. Se trata de una sencilla ventana enmarcada por el arrabá bajo cuyo antepecho se aloja el escudo de los Cárdenas. El inmueble ha sufrido recientemente una intensa reconstrucción.

En la calle de la Lanchuela se halla la casa de los Sanabria Bejarano. Data del siglo XVI y ostenta una fachada de mampostería con sillares en la portada. Sobre la puerta, de arco de medio punto, se dispone el escudo de los Sanabria y sobre la ventana de arco conopial situada en el eje de las misma puerta, el de las armas de Castilla, Toledo, Sanabria y Bejarano en águila real explayada.

En la esquina de la calle de Sofraga y la plazuela de San Miguel se levanta el palacio del marqués de Sofraga, obra de mampostería y sillería del siglo XVII. De su fachada hay que destacar su artístico balcón en ángulo enmarcado por dos pares de columnas corintias y fuste estriado, sobre cuyo entablamento se disponen dos pináculos piramidales rematados con bolas. Remata el conjunto el escudo de la familia que aparece orlado por una rica hojarasca. De la casa de los Sanabria, situada en la esquina qaue forman la calle de San Miguel y la del Horno de los Corrales, únicamente cabe citar su también balcón esquinado que, como el resto del edificio, data de la primera mitad del siglo XVII.

El palacio Pizarro de Aragón, situado en el que fuera paseo de Ruiz de Mendoza -antigua plazuela del Mercadillo- constituye una buena obra del siglo XVII que ha experimentado notables reformas al servir de teatro y casino durante los dos últimos siglos. Su fachada a la plazuela de Aragón es de una gran sobriedad, destacando únicamente el escudo y la orla que aparece sobre el balcón situado en el eje de la puerta. En la fachada al paseo dispone de una logia adintelada sobre zapatas. Próximo a este palacio se encuentra el actual edificio consistorial, resultado de la adaptación de la antigua Casa de Comedias a edificio concejil en el siglo pasado. Tanto una como otra se levantan sobre el solar y muros de la Alhóndiga del siglo XVI, resto de la cual es el paramento de la planta baja y las estancias con bóveda de cañón de la misma.

De los hospitales que hasta el siglo XVIII existían en Trujillo, tan sólo nos han llegado los restos de dos. Las obras del Hospital de la Caridad, situado en la calle de Pardos, darían comienzo en 1578 bajo el patrocinio de la cofradía que da nombre al hospital, como testifica la imagen de la Virgen de la Caridad (s. XVII) que se aloja en la hornacina de la fachada. Del edificio tan sólo se conserva el templo, pues el hospital sufriría graves deterioros en el siglo XIX. La iglesia, llamada de Jesús, es de planta rectangular y una sola nave que se cubre con bóvedas de cañón con lunetos. El retablo y la imagen de la Virgen de la Piedad que existían en dicho templo serían trasladados en 1923 a la iglesia de San Francisco. El resto de los objetos religiosos iría a pasar a Ibahernando y Huertas de la Magdalena.

En la plazuela de los Descalzos de la "villa" se encuentra el edificio que alojó el Hospital de la Concepción, el cual se construiría a fines del siglo XVI en el palacio de los Chaves-Mendoza. Reutilizado en el siglo XIX como convento por los frailes Descalzos de la Magdalena, y posteriormente como hospital militar y municipal, el edificio experimentará notables modificaciones. Hoy es vivienda particular. El hospital disponía de una iglesia de planta de cruz latina, cuya nave se cubría con bóvedas de aristas y cúpula con linterna en el crucero. Su patio claustrado de arcos de medio punto sobre pilares es el espacio que mejor conserva su aspecto primitivo.

En las afueras de la población y en el lugar denominado de la Piedad se ubica la plaza de toros, construcción que promovida por el marqués de la Conquista sustituyó a mediados del siglo XIX al ruinoso y primitivo coso que existía en el mismo sitio.

Cerca de dicha plaza y, concretamente, en el cruce de las carreteras de Madrid, Cáceres y Mérida, se levanta el Rollo, magnífico ejemplar del siglo XV que en el siglo XVI sería trasladado allí desde su antiguo emplazamiento en la plaza del Mercadillo y, antes estuvo en la Plaza de San Miguel (segúnun grabado existente en el Archivo Nacional de Madrid) y en su primitiva ubicación en la actual Plaza Mayor . En los vértices de sus cuatro lados cóncavos se alojan otros tantos fustes cilíndricos que en la cúspide une arcos conopiales. Se remata con un pináculo de cresterías góticas. En uno de sus frentes, el águila de San Juan sustenta el escudo de los Reyes Católicos.

Las dos grandes dehesas comunales del municipio trujillano presentan unas artísticas portadas. La llamada Puerta de Hierro de la Dehesa de los Caballos fue construida en 1535 por los maestros de cantería trujillanos Juan Barrantes y Gil Torres. La puerta, de arco de medio punto rebajado , se corona con un almenaje escalonado de ladrillo; un quebrado alfiz cobija las armas de Trujillo , los Vázquez de Cepeda y Carlos V. La Puerta de la Dehesa de las Yeguas , obra de 1576, fue trazada por el gran arquitecto trujillano Francisco Becerra. Dispone de portadda adintelada y enmarcada por dos columnas toscanas sobre pedestales. Sobre el arquitrabe descansa el frontón en cuyo interios se ubican los escudos de Trujillo y FelipeII.

La Albuera de San Jorge, embalse de agua para los molinos de trigo construido en la dehesa de las Yeguas durante el siglo XVI, y el puente de San Francisco , levantado a mediados del mismo siglo en la confluencia de los ríos Tamuja y Almonte. Tiene dos tramos y en el centro una hornacina avenerada y flanqueada por columnas estriadas.

 

 

Diseño: KAMALEON CON K

Alberto Cortés Murillo